Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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27.4.06

Índice de materias


Índice de materias permanentemente actualizado de esta bitácora (enero 2006- ) : incluyo nombres propios, conceptos e ideas, actitudes y poses, objetos y sujetos, verbos y adjetivos. No sé si es KWIC o KWOC, pero Doctores tiene la Santa Madre Iglesia que lo sabrán elucidar.

Lo coloco también ahí a la derecha, que esté siempre a la vista.

Allá vamos, en orden alfabético, por un respeto:

13.7.09

Célebres pero por otra cosa (14)


Manolo Blahnik (1942- )

Zapatero total, autor de "los manolos" (una de las marcas de calzado más prestigiosas del mundo y de las más caras). Como que 3.000 € te puede cobrar por un par de zapatos. Este canario, amigo de Paloma Picasso, Jacqueline Kennedy o Yves Saint-Laurent, que viste los pies de Madonna y de muchas muchimillonarias del hemisferio norte, resulta ¡pásmense! que podía haber sido bibliotecario y no lo fue. Y nos lo cuenta en El Faro de Vigo, no en Vogue ni en EPI.

–¿Cómo aprendió el oficio?
–Nunca lo he aprendido. Mis padres veían que yo era un niño raro que no iba a servir para recoger plátanos. Me mandaron a Ginebra con mi tío y pensé en estudiar Derecho Internacional o Literatura. Me di cuenta de que no me veía como bibliotecario o profesor y se me ocurrió irme a París y después a Londres. Supe que quería transmitir cosas a través del trabajo de mis manos y aquí me tienes.

Ahí lo tienen. Lo que se ha perdido. Claro que de haberse dedicado él a esto de la Biblioteconomía en lugar de a la Zapatificación, a lo mejor me había desbancado del papel de comentarista del "librarian look", "librarian chic" y hasta de los "librarian shoes" que he reseñado en otras ocasiones, según consta aquí.

Claro que lo mismo que hemos encontrado (via Tökland) una señora que convierte viejos e infumables libros en glamourosos bolsos chic, podríamos haber conocido quien, por medio de un mashup zapatotecario, transformara en bailarinas los códigos civiles, en stilettos los manuales de gestión de empresas, en deportivas las enciclopedias, en chanclas, finalmente, el Diccionario de la RAE. La Historia está llena de ocasiones perdidas, como esta.

Y menos mal que si con el tiempo el negocio de los zapatos para las famosas no prosperara, siempre le quedaría a Don Manolo la oportunidad de retomar su truncada carrera de bibliotecario y ofrecerse como ídem especializado al Museo del Zapato de Imelda Marcos (en la imagen supra una balda, vean cómo están todos sin tejuelar). La que fuera Miss Manila en 1950, esposa del Presidente Marcos y ministra en su gobierno filipino acumuló cientos, dicen que miles de zapatos, que abandonó en su huida del país, sin catalogar ni clasificar. He aquí una oportunidad de trabajo para un buen profesional de la información. De nada.

31.7.07

Avance de temporada


Como los grandes modistos, presentamos aquí la ropa que se va a llevar en las bibliotecas el año que viene, para asombro de unas y envidia de otras. Esta pasarela bibliotecaria virtual lo es tanto (tan virtual) que no se limita a la próxima temporada otoño-invierno, ni a la de primavera-verano, sino que plantea una moda bibliotecaria ubícua, atemporal, simbiótica, sincrética y ambigua, con toque elegantes de librarian chic, especial atención a los complementos, y sin descuidar la bisutería, tan necesaria en estos tiempos que corren de falsas apariencias.

Como dice mi colega admirada y nunca bien comprendida Glamourbibliotekaren (The Glamorous Librarian):
Tenkte kanskje denne kunne inspirere litt - en kjolekledd bibliotekar med glamorøst hår og klassisk filmstjernemakeup, lett henslengt oppå stabler av tidsskrifter.


No busquen estas prendas en Zara ni en El Corte Inglés; no miren en los escaparates de las calles peatonales; no recorran los centros comerciales de la periferia de las ciudades: estas prendas no se venden. O al menos yo no las vendo. Me limito a exponer lo que he ido encontrando por ahí...

Como estos zapatos que encontré en el blog de una chica que dice que trabaja en una biblioteca escolar, y que freudianamente se compró... Yo conozco varias bibliotecarias chic capaces de esto y más (en cuestión de zapatos, digo).


O esta camiseta que vendían en no sé qué tienda virtual con el reclamo de "naughty librarian" y "sexy!", aunque a mí me parece de bailarina de can-cán en una película del Oeste que se desarrolle cerca de Tijuana. Pero bueno.

O esta otra que encontré en una revista de cotilleos, con una Victoria Beckham (ex-Spice Girl) disfrazada de Librarian Chic (severa falda diplomática, altos tacones, blusa blanca con chorreras de juez y gafas modelo Torremolinos'77). El de al lado, disfrazado de Starsky (ex de Hutch) creo que huega al fútbol, o algo así.

Nada que ver con la ligereza y espontaneidad de la colección "I fell in love with my librarian" de la firma australiana Limedrop (de venta en todo Australia... ¿o se decía toda Australia?). No sé. Pero allá va otra imagen de la misma colección:

En el mismo ámbito anglosajón pero más en el tono de mis colegas frikitecaris tenemos esta camiseta para echar la bronca al usuario que se retrasa en la devolución (de nada majos):

Subiendo un poco más, al norte y a la derecha, en nuestra búsqueda del centro comercial perfecto, nos encontramos con un pase de modelos de Bibliotecarias Suecas. Las Bibliotecarias Suecas son unas señoras que en los años 60 y 70 del felizmente extinto siglo XX venían a las playas hispánicas a lucir cacha porque en su país hacía mucho frío y tenían que llevar medias tupidas hasta en verano, como demuestran levemente estas fotos, de sus hijas ya:







En cuanto a la bisutería, ya mencionada, hay una marca llamada "Dirty Librarian Chains" que vende piezas con nombres sacados de nuestra jerga pofesional (unbound, tracings, subject, call number, source, abstract...) y cuya creadora -que no es bibliotecaria- llamó así "porque le evocan la inteligencia y la elegancia, el espíritu rebelde con un toque sexy". A las pruebas me remito:







Aunque bueno, para demostrar que no es cierto que no se pueda conseguir en tiendas como Zara un auténtico look Librarian chic, aquí van opiniones de las lectoras, que componen su armario virtual mirando en catálogos virtuales para imaginar looks virtuales de personas reales que no son o no llegaron a ser:



¿Y para nosotros, qué? Como decía aquél famoso anuncio de los 70 de bragas y calzoncillos...

Y para quien ande algo mal de dinero o de tipito, siempre nos quedará la imagen virtual de la bibliotecaria. Y digo bibliotecaria porque allá en el otro mundo, o sea en el Second Life, sé que abundan las bibliotecarias de muy buen ver que son en realidad hombres de pelo en pecho (en su First Life...). Pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión, como decía Bastian Baltasar Bux en una novela que en una época de mi vida leía yo todos los veranos en vacaciones, lo que me recuerda que comienzo las mías dentro de media hora de modo que... ¡hala, a disfrutar!




1.2.11

La Imagen Social del Community Manager


Yo me crié en Madrid, señora. Y cuando alcancé uso de razón y soltura para llevar unas monedas en el bolsillo empecé a desempeñar el oficio de acudir al súper de la esquina a comprar 1/4 de jamón york y 1/4 de queso en lonchas para hacer unos bocadillos para la merienda. El nombre del súper de la esquina, en la foto no se ve, señora, era y me dice Google Street View que aún es, AUTOSERVICIO COMUNIDADES.

Es evidente que esto marcó mi destino.
Cuando, muchos años después del jamón york y el queso en lonchas me convertí en bibliotecario, para qué quiere que le diga, señora: me olvidé de mis orígenes recaderos. En muchos años no volví a pensar en "Comunidades" ni mucho menos en las personas que allí me atendían: el señor -un poco tartaja, hay que reconocerlo- que servía la fruta, el joven de pelillos en el bozo que atendía los licores, o la chica que cobraba en la caja registradora. Todos ellos escondidos en los rincones de mi memoria, en los recovecos de mi disco duro, y relanzados ahora desde la caché al estrellato que proporciona salir en LISDB gracias a la acuciante pregunta que se oye hoy en todas las esquinas:

¿Qué es un community manager?

Pues para mí es el gestor de comunidades. Osea el Gestor de "Comunidades". Osea el responsable del súper en mi barrio infantil.
Debo aclarar, señora, llegados a este punto, mi idea de la palabra "gestor". Disculpe que navegue por el tiempo y vuelva a mis primeros años de profesión bibliotecaria cuando me enfrenté por vez primera con el término en cuestión, pronunciado por un alto cargo de la institución que,a la vista de la fotocopiadora que zumbaba a pocos metros de mi mostrador me preguntó:
"¿Quién gestiona este fotocopiadora?"
Pregunta que me hizo pensar. Contesté, tras pensarlo:
"Yo"
Porque yo le ponía papel cuando faltaba, tóner cuando salían pálidas las hojas, y desatascaba el papel cuando pitaba. Gestión de fotocopiadora. Gestor de fotocopiadora, me dije, con no poco orgullo profesional, señora.
Los años me han puesto más medallas: gestor de mostrador de préstamo, gestor de pistola de rayos láser, gestor de matasellos, gestor de grapadora, gestor de bolígrafos, gestor de carritos bibliotecarios, gestor de gestión de usuarios, gestión del teléfono. He sido infonomista, arquitecto de la información, ingeniero de la información, gestor de la información, infoxicador...
(Ay, perdonad la interrupción: es que acabo de leer un mensaje sobre los toros, los archivos, los perros y Wikileaks. Me enjugo las lágrimas y sigo)
 Me he perdido...

Creo que a lo que yo quería llegar, aún sin tener hilo de unión entre mis ideas -esto es así, señora- es al asunto que nos lleva siempre por los márgenes de las acequias bibliotecarias: la imagen social de estos profesionales. Sabiendo qué es un community manager ¿llegaremos a decidir sobre su imagen? Dese cuenta, dese, de qué se le muestra a usted, señora, cuando busca qué es un community manager: monigotes, monigotes y nada más que monigotes.


Y es que está claro que no se ha hablado lo suficiente sobre la imagen social del community manager. Que no es un cuerpo profesional que cuide tan delicado aspecto, ni en los foros ni en los tribunales. Que los bibliotecarios contamos con un prestigio que nos da una imagen (no resumo ¡no! señora, que años tiene usted para haber leído en este blog bastante sobre el asunto) y el polvo del camino. Que un community manager no es famoso por su moño, ni por sus zapatos, ni por parte alguna de su indumentaria. Ni por mandar callar al personal. Ni por las celebridades que ha dado a la Historia. Ni por sus entretenidísimos debates en IWETEL sobre la esencia, la presencia, la ontología, la epistemología y el intrusismo.

Un community manager no es famoso. Y el famoso no quiere ser community manager.

Y cuando el tal community manager quiere ponerse interesante, tan interesante como nosotros, señora ¿qué es lo que hace?
Pues se calza unas gafas tan cool como estas. Lo que produce el siguiente resultado:


QVOD ERAT DEMOSTRANDUM: que un community manager es un señor con gafas, posiblemente bibliotecario del tipo "infonomista" que, enfundado en sus gafas de toda la vida pastorea sus comunidades virtuales, mitad apóstol mitad árbitro, para encauzarlas al redil de su amo.

Anda que, cuando se enteren los del Colegio Profesional, señora, me corren a gorrazos.

Hala, a disfrutar.

9.10.06

¡Pero por favor mirá qué pulóver!


Me manda una colega argentina el siguiente correo, que transcribo:

"acá te envío una nota de un conocido diario matutino argentino, por favor mirá que foto!!!! jjjjj, si, esa es la imagen que tenemos ante la sociedad, es para llorar, el azul esta temporada no se usa!!!. Este programa de T.V. que cita es una serie llamada "mujeres asesinas"... basadas en casos reales, sabemos que la "base" de este tipo de ficciones es con v corta, pero que era bibliotecaria, no lo dudamos!!! saludos, S".

Y el enlace al argumento del capítulo 88 de "Mujeres asesinas".



Transcribo fragmentos del argumento: TELEVISION : EL REGRESO DE BREDICE A LA PANTALLA. Leticia: otra vez loca de amor. Protagonizará el capítulo de hoy de "Mujeres asesinas", en el que transitará por una historia de lesbianismo y pasión junto a Eugenia Tobal. También trabaja Pablo Rago. (...) Esta noche, Bredice será una de las puntas del triángulo que ella formará con Pablo Rago y Eugenia Tobal en el episodio de Eliana, cuñada. Con la dirección de Daniel Barone, se pondrá en la piel de Eliana, una joven bibliotecaria que está casada con Franco (Rago). La pareja, a su vez, convive con Joana (Tobal), la hermana de él. Paralelamente, la trama de esta noche contará una historia de lesbianismo entre los personajes de Bredice y de Tobal, y una de ellas resultará la asesina pasional del triángulo. (...) Según cuenta el libro adaptado de hoy —sobre un caso real—, Eliana y Joana habían sido grandes amigas en la adolescencia y compartieron sueños y proyectos, hasta que algo en la relación se rompió. Y cada cual siguió su camino. Sin embargo, la atracción seguirá a la orden del día. Eliana deberá enfrentarse a sus deseos más profundos y descubrir sus verdaderos sentimientos hacia su cuñada. Pero esta búsqueda puede provocar un trágico desenlace. Mientras tanto, en su rol de Franco, Rago se negará a enfrentar la realidad, ya que está muy enamorado de Eliana y no logra entender qué es lo que pasa entre su hermana y ella."



La pregunta para los que estamos "del lado de allá" (siendo "allá" "acá" para nosotros) es: ¿cómo supo nuestra feliz corresponsal "del lado de acá" (siendo "acá" "allá" para nosotros) que de las dos jóvenes promesas de la pequeña pantalla retratadas más arriba la bibliotecaria es la gafosa y fea de la blusa azul, en lugar de la guapa morena de la blusa transparente? ¿Por qué estan siempre bebiendo güisqui? ¿Por qué esos zapatos blancos, abiertos, con medias negras tupidas? Y lo más importante, si son más de tres autores ¿por dónde encabeza?

He buscado más sobre el tema, y he encontrado otra nota del Clarín, esta vez post mortem: "Los libros no muerden... pero queman: Leticia Brédice y el caso de la bibliotecaria hot. Junto con Eugenia Tobal y Pablo Rago protagonizó otro capítulo de "Mujeres asesinas". La historia transcurrió entre grandes actuaciones, lesbianismo y muerte. (...) anoche asistimos al caso de otra Profesex: el de la bibliotecaria Leticia Brédice, aunque en este caso en el marco de Eliana, cuñada, otro capítulo de "Mujeres asesinas" (...) Triángulo amoroso. Lesbianismo. Muerte. (...) Algo tímida. Retraída. Introvertida. La identidad de Eliana se reflejaba en esas características. Todo lo contrario a Johana que se mostraba sexy y manipuladora (...) Me hace muy feliz que las dos personas que más amo se lleven bien", soltó Franco (Rago) preso del amor a Eliana. El mismo amor que no le permitía entender qué pasaba entre ella y su hermana, a pesar de haberlas visto besarse en el baño de la casa que los tres compartían. Claro que antes de ese encuentro en la bañera hubo otro en la biblioteca. Entre libros de historia fueron sorprendidas por una alumna del colegio cuando sus ropas invitaban al striptease. Lejos de correr a la rectoría para contar lo que había visto o al patio para chusmearlo entre sus compañeras, o de pedir las obras completas de su escritor favorito a cambio de su silencio, la chica terminó por acostarse con Johana ante los ojos de la bibliotecaria. (...) "¿Cómo me hacés esto? Mala mujer. Maldita", fue lo último que llegó a escuchar Johana antes que las manos de Brédice la estrangularan."



Bien, como pueden ver el estado de la televisión "del lado de acá" no desmerece un ápice del estado de la televisión "del lado de allá". Esperamos nuevas noticias de nuestras corresponsales "del lado de acá" para seguir nuestras investigaciones sobre La Imagen Social del Bibliotecario y sobre si la imagen sería panamericana o no.

Por cierto, y aprovechando que el Pisuerga pasa por Cervera de Pisuerga, les recomiendo un Diccionario Argentino-Español para españoles, que les aclarará más de una duda.

¡Hala, a disfrutar!

3.5.06

Librarian chic!


librarian chic (ly.BRAYR.ee.un sheek) n. A fashion style that uses elements of, or is inspired by, the styles stereotypically attributed to librarians.

Debo a Véase además una entrada, hace más de dos años, sobre la introducción del término "librarian chic" en la literatura profesional y dice que dice Tony Lozano que "Describe a aquellas personas, mujeres preferentemente, que se visten como si fueran bibliotecarias chapadas a la antigua como un nuevo estilo de moda".

Y hay un precioso artículo en THE TIMES del 22 de noviembre de 2004, sección "Fashion & Style" -lo cual lo dice todo- que acota: "Librarian chic, in its most popular use, is a slur — meaning a bit frumpy, a bit dusty, a bit not-exactly-of-this-moment. Oh, but how we disagree. We think it’s great: a little odd, a little pretty, a little kooky." Lo de "a little odd" me toca lo más hondo como Odd Librarian. Pero traduzco, que dije que las tonterías yo las diría en español: "Librarian chic es, en su uso más popular, una calumnia: significaría un poco anticuado, como sin gracia, casi polvoriento, algo que no correspondería a esta época; pero no podemos estar de acuerdo con esta definición, sino que más bien creemos que librarian chic es algo mucho mejor, es peculiar pero con encanto, y un poco estrambótico"

En el año 2003 ya había tratado el tema Deakialli en el post "¿Son todos los bibliotecarios así?"
Y la revista BUST (de nombre bastante sospechoso) incluyó en su número de Primavera 2004 un artículo sobre el "librarian chic" con imágenes que no he conseguido pero imagino. El título del reportaje era: "BABY GOT BOOK: librarians - could they be the new "it" girls?"



Bien. Vistos los títulos de crédito, vamos a introducir algo nuevo. El diario madrileño "El Mundo" trae los sábados un suplemento "femenino" que nunca me pierdo y que se llama "Yo Dona". El del pasado 22 de abril (¡víspera del día del libro y de los derechos de autor, hay que mondongarse!), número 51, traía un reportaje gráfico (de moda) llamado "PASANDO PÁGINA". Las referencias al look bibliotecario son sólo implícitas, pero yo leo entre líneas...
El texto en cabecera decía: "Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro y personalizada por zapatos, bolsos, joyas, relojes y, por supuesto, gafas de pasta. Imagen de la perfecta lady en plena jornada laboral."

Y las fotos, junto a la que abre este post, son las siguientes:







Ya véis lo que ven los publicistas. Freud lo habría tenido bastante claro: este look de entre fines de los 50 y principios de los 60, de rubia teñida con la raya bien pintada, perlitas, taconazos, leve escote no revela más que una infancia infeliz y reprimida. Supongo que el publicitario en cuestión sentía un morbo especial por la secretaria de su colegio, la enfermera de su centro de salud, o la bibliotecaria infantil. Si en lugar de anuncios hiciera películas sería Alfred Hitchcock, que también adoraba este look. No es casual el parecido con Kim Novak, que comenzó su carrera como... oficinista glamourosa. O con Tippi Hedren, otra actriz-fetiche de Hitchcock. Rubias, serias, cejas oscuras, look librarian chic...

Por pudor a las damas he ocultado del reportaje gráfico los precios de los vestiditos, tops, blaziers, bolsos, collares, gafas de concha, etc. Sólo recuerdo uno: un bolso de 1.080 €. No está mal ¿verdad? Lo he dicho cienes de veces y no me cansaré de repetirlo: si tuviéramos un colegio profesional no pasarían estas cosas.

Pero la cosa es que el chic bibliotecario existe, incluso con sueldos reales. Cuando mi nunca suficientemente admirada Srta. Pepis trajo a la biblioteca a una de sus adolescentes -entonces- hijas, ésta -la hija en cuestión- reprobó a su madre el look de dependienta de El Corte Inglés que traía a un centro en el que se codeaba con compañeras tan glamourosas como las componentes del Consorcio Bibliotecario "Maruja's Corner" (del que no puedo ofrecer imágenes; se trata de una Sociedad Secreta, lo siento). Pero si nos pagaran la productividad en función del glamour bibliotecario ya veríamos, ya.

Y como para lo que estoy aquí es para ofrecer imágenes que aporten algo a LA IMAGEN SOCIAL DEL BIBLIOTECARIO allá van otras más, halladas por ahí, algunas ya las conocéis:




Esta de la Marilyn con gafas es el complemento de la que puse el otro día, colocando libros. No es seguro que Marilyn fuera bibliotecaria en una vida anterior (de hecho no figura en la plantilla de bibliotecarios célebres pero por otra cosa) pero con esto del karma nunca se sabe, la verdad. Deberían inventar un buscador (tipo Google) de vidas anteriores (y digo tipo Google porque la caché de Google es un poco el limbo y un poco el purgatorio de las páginas extintas y pasadas a otra vida; pero me voy de mi tema). Vuelvo.



Y esta es de otra jamona minifaldera escotada: en este caso está quitándole el polvo a los libros, lo cual también es tarea bibliotecaria. Moño, gafas de concha con cadenita, rebequita por si refresca... todos los tópicos presentes.


De esta comprendo el texto pero hay algo que se me escapa. ¿Es un juego de palabras cochino que no entiendo? My english is perfect. Lo escribió un bibliotecario, lo cual en principio no sé si es bueno o es malo. Siguiente...


Esta se llama "literary vamp" y la he plagiado de "literary vamp" que es una colega mía que escribe sobre bibliotecas y hace crítica literaria: "I claim no intellectual brilliancy, and am writing reviews for my own benefit rather than out of mistaken glory." Como yo. Solo que yo no enseño la liga.



A estas dos ya las vimos con el tema de los carritos, creo, pero es que tienen un no sé qué de pase de modelos "vintage", y aunque no llevan gafas de concha la una porta moño y la otra la consabida rebequita. Y las poses: las poses son de lo más librarian chic. Ni mandan callar ni abroncan al lector disipado: simplemente sonríen a la Humanidad desde el carrito de la biblioteca.



Esta tan años 40 con unos improbables shorts, altísimos tacones, y escote "palabra de honor" es como un decálogo del no-look bibliotecario, la verdad. Es que la tía ni siquiera mira el libro, ni está tras un mostrador de biblioteca (¡claro! tenía que mostrar la cacha), ni el taburete es un taburete bibliotecario, ni gafas, ni rebequita, ni moño, ni nada de nada. Que no sé qué pinta aquí la chica.



Y la última, de esas sacadas de una serie de imágenes porno, donde la primera es con look bibliotecario (o de enfermera, maestra, oficinista... de nuevo llamemos a Freud) y en la última se le ven hasta las amígdalas a la chica. Os disculpo de visionar la serie completa: en todo caso la mejor es siempre la primera. Y cómo negar que es mucho menos glamourosa que otras anteriores: ¿por qué esos tacones años 50 con medias de costura? ¿por que ese traje de raya diplomática? ¿por que esas gafas de azafata del 1, 2, 3...? ¿por qué esas estanterías forradas de libros encuadernados en guaflex, que parecen un coleccionable de RBA, y ni están tejuelados? ¿por qué ese escritorio de anticuario? No cuela, maja, tú no eres bibliotecaria. Te falta lo que decíamos al principio: Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro...
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