30.1.06

LEA, osea READ


¿Lee vd. habitualmente en su tiempo libre?

Durante el tercer trimestre del año 2005 el porcentaje de lectores ha disminuido ligeramente y se sitúa en el 55,7% de la población española, frente al 57,2% del trimestre anterior. El porcentaje de lectores frecuentes se mantiene en torno al 40%, de acuerdo con los datos del último Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros en España, elaborado por Precisa Research para la Federación de Gremios de Editores de España, con el patrocinio del Ministerio de Cultura. Los más lectores siguen siendo los jóvenes de entre 14 y 24 años, entre los que el 71,3% se declaran lectores.

Pero estos datos ¿de dónde salen?

El Barómetro de hábitos de lectura y compra de libros correspondiente al tercer trimestre de 2005 advierte que el 53,4% de la población compró algún libro en el último trimestre y la media de libros comprados en los últimos doce meses es de 11,9. La librería sigue siendo el lugar preferido para la compra, por delante de los clubes de lectores, grandes almacenes, hipermercados, cadenas de librerías, quioscos, etcétera. Sin embargo, se aprecia un importante incremento de la cuota de mercado de los hipermercados. El uso de las bibliotecas ha descendido ligeramente y el porcentaje de población lectora que ha acudido a las bibliotecas públicas alcanza el 27%, lo que representa un 14,3% de la población general.

Osea que estas importantes instituciones dicen que:

  1. el que compra un libro lo lee
  2. el que lee un libro es porque lo ha comprado
  3. los libros se leen en el mismo trimestre en que se compran
Quedan por tanto fuera de este estudio:
  1. los que acuden a leer a las bibliotecas los libros de las bibliotecas
  2. los que compran libros que no leen ("¡El Quijote! el mejor libro jamás leído", El Perich dixit)
  3. los que compran libros que regalan (de nuevo El Quijote)
  4. los que compran libros que pierden porque los prestan a alguien que nunca los devuelve ("Hay dos clases de tontos: los que prestan libros y los que los devuelven", refrán inconscientemente bibliotecario leído años ha en el Reader's Digest)
  5. los que leen los libros que otros les han prestado y no les van a devolver nunca
  6. los que leen libros que les han regalado (salvo que sea El Quijote, claro)
  7. los que practican el bookcrossing
  8. los que roban libros de las librerías, las bibliotecas, los hipermercados, los quioscos, etc.
  9. los que leen libros que hay en su casa
  10. los que leyeron ese libro que compraron hace tiempo pensando en el verano, luego le catearon cuatro, se pasó el verano estudiando, se olvidó del libro, y cuando acabó la carrera se lo encontró "del rincón en el ángulo oscuro, de su dueño tal vez olvidado"
Bien ¿qué tiene esto que ver con la imagen social del bibliotecario? Poco. Que para el barómetro ese el bibliotecario no tiene imagen: es invisible, no existe, no cuenta (salvo que se lea un libro que ha comprado ese trimestre).

Pues miren cómo se hacen en América las cosas: la gran ALA, American Libraries Association, en la sección de merchandising de su tienda virtual ofrece unos carteles de fomento de la lectura que no me los imagino en la ANABAD, por decir algo.

Allá van:






... y estas son mis propuestas, abundando en lo mismo:

Os traduzco, para que veáis: "Lea, aunque sea del verrés"

"Lea... los artículos (del Playboy, se entiende) despues de mirar las fotos"

Y esta se me ocurre para promocionar la lectura en Salamanca ;-)

27.1.06

El baile de los carritos

Se va a acabar lo de que en las bibliotecas no hay juerga. No hay razón para que no nos comportemos como si estuviéramos en una guardería; así, podemos venir disfrazados a la biblioteca en Carnaval, ir por las puertas del barrio a dar el susto en Halloween, calarnos el gorrito de Papá Noel en Navidad, y como en el caso que nos ocupa hoy, organizar una fiesta por algún motivo histórico o patriótico, que incluya un baile de carritos de biblioteca.

El baile de los carritos (cart drill, o cart parade en inglés) es algo que yo ignoraba completamente hasta ahora, como vosotros por otra parte, no lo neguéis, pero como me paso el día buscando excentricidades bibliotecarias en la red, ya había encontrado varias imágenes de locas disfrazadas en la calle empujando un carrito de biblioteca ataviado como en mi pueblo en los carnavales, y no terminaba de comprender. Me paré entonces a leer un poco, cosa que por lo general no hago nunca (pudiendo mirar las fotos) y aún así no comprendí gran cosa.

Pero he hecho varias deducciones:

  1. Un cart drill o cart parade es un acontecimiento festivo-bibliotecario
  2. Consiste básicamente en salir a la calle o a una pista de deportes depejada con los carritos de la biblioteca, y si es posible disfrazados, para hacer el chorra
  3. Basa su existencia en la premisa de que la policía no va a detener a los bibliotecarios por conducta indecorosa o por conducir vehículos sin licencia de circulación
  4. Se rodea de cámaras para documentar el evento
  5. Activa fuertemente los lazos afectivos de la comunidad local con el personal bibliotecario (no hay nada como emborracharse juntos)
  6. Mejora considerablemente la imagen social de los bibliotecarios, al romper moldes
El acontecimiento se desarrolla de la siguiente manera:
  1. Se queda en la biblioteca en un día histriónico, digo histórico (aquí podría ser en el aniversario de la Batalla de las Navas de Tolosa, o de la promulgación del Fuero Juzgo)
  2. Se forman equipos por colores
  3. Se disfraza uno, y disfraza su carrito al efecto
  4. Se sale a la calle o a la pista de deportes
  5. Se corre por equipos de colores y/o
  6. Se celebra un baile con elaborada coreografía tipo Esther Williams
  7. Se come y se bebe para celebrarlo
  8. Se cuelgan las fotos de la web
Y por eso mismo, porque luego cuelgan las fotos, las puedo ofrecer hoy. Sin comentarios.






Si necesitáis más para creerlo, hay cienes y cienes de ellas en estos sitios:

Os dejo por ahora, que es ya viernes. Sólo una cosa más: un equipo de carreras

20.1.06

Gafas, glasses, lunettes


Hay algo peculiar con el asunto de las gafas, porque no me parece a mí que seamos los bibliotecarios más gafosos que el gremio de los oficinistas o que el de los multimillonarios , y sin embargo algo tendremos de peculiar, de llamativo o de característico cuando hay marcas de gafas que tienen modelo de "librarian glasses". Forma parte de la indumentaria profesional más estereotipada, junto con el moño, la falda de tablas y la cara de mala leche. Seguramente recordéis el anuncio televisivo de la revista "Qué leer" cuando apareció en el mercado: un spot en el que la bibliotecaria más arriba descrita decía "Una revista de literatura... ¿entretenida?¡Ah, no!" o algo por el estilo... creo que hubo algunas reacciones iweteleras, del tipo de "si tuviéramos un Colegio Profesional que nos defendiera..." pero luego la revista la recibimos en las bibliotecas (a pesar de lo mala que es y de que sigue usando la polémica para llamar la atención... véase el penúltimo asunto)

Lo de la revistilla esta es algo que no nos hizo reflexionar sobre la imagen social de los bibliotecarios en España, porque era evidente que el creativo en cuestión de la agencia de publicidad que perpetrara el anuncio no se basó en una experiencia real en bibliotecas reales, sino ¡cómo no! en algo que había visto en una película americana. Y en los repertorios de anuncios publicitarios, que es de donde se nutren (haría falta escribir también un día sobre la imagen del bibliotecario en la publicidad... ya veremos)

Venga, volvamos por lo de las gafas. He buscado en Google imágenes de bibliotecarios con gafas y, claro, al decir en inglés "librarian glasses" lo que aparece son imágenes de mujeres, con gafas tipo bibliotecaria, y en general nada más o poco más de indumentaria. Está terrible la cosa de los motores de búsqueda, hay que mirar a tus espaldas antes de ponerse a buscar material. Pero como lo hago muy rápido, siempre me da tiempo a bajarme alguna de las imágenes (¡de las más decentitas, ojo!) para regalaroslas.

Pero creo que ya basta de literatura, y que lo que tengo que ir haciendo es colgar las fotos y dibujos, e ir comentándolas, que es lo que más me gusta; lo de sacar conclusiones para mi tesis es más difícil, y sobre todo en viernes.


Empezamos por Batgirl: todo el mundo sabe que Batgirl es bibliotecaria de día y vampiresa de noche

Esta otra lo resume todo: no sé de dónde sacó esta fantástica foto un compañero brasileño que la colgó en flickr, pero resume lo que yo no sé decir.

Y la portada (perdón, cubierta) de este libro es también explícita al respecto: unas gafas en primer plano, en apariencia apoyadas sobre una página impresa (yo llevo gafas, pero no las apoyo boca arriba sobre nada, y menos sobre un libro... ¡y nunca en la biblioteca! pero esa imagen evoca "bibliotecario"); en segundo plano vemos a cinco personas, cuatro de ellas mujeres (¿sois un 80% de la profesión?), cuatro de ellas de avanzada edad (¿sois un 80% de la profesión?), cuatro de ellas blancas (¿somos un 80% de la profesión?); detrás de los bibliotecarios, un PC y una estantería repleta de libros gordos, sorprendentemente no encuadernados en cuero y con pinta de vetustos, algo es algo...

Esta es de las que siempre me hacen quedar bien: ¡las chicas del calendario! No probéis a hacer una búsqueda en internet de calendarios con fotos de bibliotecarias porque no saldrá ésta sino las cochinas que he mencionado más arriba. Esta la regalo. Es perfecta: gafas modelo bibliotecaria, falda de tablas modelo bibliotecaria, blusa modelo bibliotecaria... sólo les falla ligeramente la cara de mala leche, pero es que los antiguos se hacían tan pocas fotos que posaban para ellas (no como ahora).

Aunque esta joven es el moderno contrapunto a las anteriores chicas del calendario: lleva gafas, porta libros, viste de gris y tirando a ñoña... pero es sexy, no lo neguemos. No he estudiado la suficiente psicología de la imagen como para encontrar una explicación (¿Será la desmañada pose? ¿El meticulosamente desordenado cabello? ¿La fugaz mirada de reojo?) No sé.


Esta buena mujer no es que sea bibliotecaria, pero no crean que se me ha colado de matute para viajar gratis por las ondas, no, sino que la he sacado de flickr buscando por "vintage glasses", y es sin duda el modelo en el que se han inspirado los modernos fabricantes de "librarian glasses" más arriba mencionados. La foto es preciosa, en todo caso.

Esta, aquí donde la veis, sale de un reportaje del Playboy de los años 50. No, yo entonces no estaba suscrito al Playboy, pero he encontrado la foto en la red. Bueno, no la he encontrado yo: debo decir en mi descargo que me pasó el enlace la Srta. Pepys. El texto se lee fatal, pero dice cosas como: "there's no reason why a librarian can be as lovely as any other lass, as dewy as a decimal system, as stacked as the stacks she supervised". Y eso que en los Estados Unidos sí que existen los colegios profesionales de bibliotecarios.

Y hay que admitir que el creador de esta imagen dio con el quid de la cuestión: ¿A qué se dedican los bibliotecarios? Y nos indica 3 elementos: la solución de las dudas o interrogantes, el uso de fuentes tradicionales de información (libros) y el acceso a internet (@)

Está claro el futuro profesional de la chica de este tebeo.

Estaba claro. Bibliotecaria.

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Ojo: ahora van unas cuantas imágenes pornográficas, ligeramente veladas. No digan que no aviso. Si no tiene 18 años no siga.


Está claro que todas estas fotos forman parte de unos sets en los cuales las chicas acaban quitándose hasta las amígdalas antes que las gafas, pero os ahorro ver tan crudas imágenes. Ahora bien: regalo una de un chico:

¿Lo conocéis? Será por los calcetines blancos...

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Y basta de fotos sexy. Ahora una de mis compis ;-)





Véase además: Entrada sobre el tema

18.1.06

¿Se liga en las bibliotecas?


Espinoso tema, supongo. No quiero parecer frívolo al proponer un nuevo post sobre si se liga o no se liga en las bibliotecas: VOY a ser frívolo, de hecho, y VOY enseñar pruebas. Pero no temáis: no diré nombres, no mostraré fotos de personajes reales. Cualquier parecido de lo que voy a mostrar con la realidad es mera coincidencia, como dicen en el disclaimer de ciertas películas donde el parecido con la realidad es absoluto, y muy reconocible.

Pero ¿qué tendrá esto que ver con lo de la imagen social del bibliotecario? Pues según se quiera ver: porque tendremos imágenes de bibliotecarios/as ligando (entre sí y/o con lectores/as), imágenes de lectores/as ligando con lectores/as dentro de la biblioteca, e imágenes de lectores/as NO ligando en absoluto con otros lectores/as ni con bibliotecarios/as. Esto en políticamente correcto. Dicho en lingüísticamente correcto: pues que voy a colgar fotos (y esto es imagen) de gente en la biblioteca, y ligando (que es un acto social).

Algunas de las buenas imágenes ya las hemos visto en el post sobre la literatura barata, y aún veremos otros en el de la literatura infantil, y quizá en el de "library wear and underwear", aún por escribir, pero que llegarán. Otras han salido de... pues del mismo sitio que todas las demás, de Google Image Search, a qué engañarnos.

Vamos a por ellas:

Aquí no se sabe bien quién es bibliotecario y quién lector, pero ligar ligan.

Esta es la clásica situación del mostrador de préstamo: al tiempo que el usuario rellena la papeleta de préstamo, te pasa una hojita por debajo que dice "¿A qué hora sales, guapa?"


Este intentó lo mismo, pero en lugar de "guapa" decía "rubia". Semejante falta de tacto le supuso al lector no comerse una rosca.

La situación aquí es la siguiente: grupo de jóvenes bibliotecarias que se acercan al hospital donde se reponen de sus heridas de guerra los apuestos soldados estadounidenses; lo hemos visto en distintas películas. Al final se casan.

Un clásico de la literatura profesional.

Pero este otro libro seguro que no lo conocíais...

Este está en un quiero y no quiero: "Me gusta la chica..., no sé cómo decírselo..., es el séptimo libro que le pido esta tarde, y ella ya ni me mira..."

Este es un caso claro de interacción lector-lectora: mientras él se acerca "a ver qué estás leyendo..." ella se pregunta "por qué vine hoy tan descotada a estudiar a la biblioteca", y su amiga murmura "no debo volverme, no debo volverme".

Y este, de interacción bibliotecario-bibliotecaria: "Señorita Müller, ¿ha visto por aquí mis Reglas de Catalogación? No sé dónde tengo la cabeza" Y ella piensa "Sobre unos hombros de tontainas, hombre de corcho que debes de ser ¡Anda que si no te parecieras tanto a Harrison Ford te daba yo p'al pelo!"

¿Con un bibliotecario o con una bibliotecaria? ¡Mardita ambigüedad!

Este es un debate profesional entre dos catalogadores que tiene toda la pinta de ir a acabar en romance, de verdad.

¡Claro, con usuarios como Clark Gable todas enseñan los tobillos!

¿Encadenado a la bibliotecaria?

Otro caso de interacción bibliotecario-usuaria.

Manual serio.

"Joven, lleva vd. hoy un vestido bellísimo"
"Qué cosas me dice, señor usuario"

Interacción lector-lectora por debajo de la mesa ¡y por encima! ¿Dónde están las manitas?

Hicimos una fiesta de fin de año en la biblioteca, alguien sacó algo de beber, una musiquita, empezamos a bailar, y una cosa siguió a la otra...

Y para terminar por hoy... ¡los becarios también ligan!


16.1.06

El "merchandising" ese


Vamos por nuestros fueros. La imagen social del bibliotecario, donde la haya, será una cosa de la que uno siempre se pueda reir, pueda comerciar con ella, y sea algo de lo que no avergonzarse. Los botánicos no sé si tienen una imagen social colectiva, pero las peluqueras, por ejemplo, sí; los pescaderos, sí; los guardaespaldas, sí; los profesores universitarios, no; los asesores financieros, no; los fresadores, no. ¿Qué se deduce de todo esto? Pues que no hay una relación explícita entre lo claro de la imagen social de un colectivo profesional y su nivel de ingresos económicos ni de su nivel de aceptación por la sociedad, pero sí que hay una relación implícita entre:

  1. tener una imagen
  2. reírse de ella
  3. comerciar con ella
  4. romper el estereotipo
El caso de los bibliotecarios en los Estados Unidos digo yo que refleja lo que de mala manera quiero decir: ellos tienen una rancia imagen social como bibliotecarios (sobre todo los de bibliotecas públicas, porque es un país donde las bibliotecas públicas tienen un papel social... ¡buf!, me meto en camisas de 11 varas y luego no salgo, mejor que vuelva por mis fueros) y juegan con esa imagen: la venden en forma de merchandising, se ríen de ella en muñecas como las de las que ya hablé, o en libros baratos como estos, o en películas como otras de las que ya hablaré.

Son capaces de ir a trabajar con una camiseta como esta, que contiene un chiste para bibliotecarios:
O esta otra que reporoduce la cubierta de un libro al que ya me referí hablando de la literatura barata, y que tiene chic sólo para bibliotecarios:
Aunque las más populares son las que tienen mensajes subliminales e implícitos, basados e sobreentendidos, del tipo de "Soy una guarra", "Bésame", y juegos de palabras entre "enduring" y "ensuring", o entre "shit" y "shht". Ahí van:

Y luego está la famosa serie "Reading is sexy", que traerá un nuevo post monográfico porque he recopilado abundante material sobre el tema, aunque yo sólo voy a colgar las fotos más decentitas, para que luego me digan que si un profesional de la información debe, que si patatín que si patatán:
Puestos en materia, cómo obviar la existencia de tangas bibliotecarios; sí, ya sé que he prometido un monográfico sobre "wear and underwear", pero puedo ofrecer un pequeño anticipo en concepto de ropa interior bibliotecaria destinada al merchandising:

Pero no debemos olvidar las referencias más modosas en tipo camiseta, o incluso la posiblidad de que vd. quiera señalarse sólo con un pin; lo de los pins trae tela, porque inciden en elementos tradicionales del estereotipo a diferencia de las camisetas que suelen ser irónicas pero más a lo bestia. Allá van:



Categoría aparte en los pins son las chapitas, más macarras pero efectivas:

Y terminamos con un clásico del merchandising (¿quién no las ha vendido para el viaje de fin de curso o de ecuador de la carrera?): ¡LAS TAZAS!

Post Data: no podemos dejar de terminar con la estrella de la colección EL PARCHE para coser en la chupa: lo hay tipo chupa de béisbol (el primero) y el tipo chupa de cuero (el segundo, genial, y está mal que lo diga yo que lo he encontrado)

11.1.06

Un cadáver en la biblioteca


Hay una novela de Agatha Christie especialmente agradecida por los bibliotecarios: se trata de "Un cadáver en la biblioteca", que aunque no se desarrolla en una biblioteca pública llama el morbo de la profesión; en realidad de lo que se trata es de que aparece un cadáver (body en la versión original en inglés, no corpse) en la sala de una mansión inglesa, en su biblioteca privada.

¿Tiene que ver con la imagen de los bibliotecarios? Ya lo creo que sí. Tengo una selección de imágenes de cubiertas de distintas ediciones de este libro, y en ellas podemos ver cómo se repiten ciertos leitmotivs del tipo "antigua encuadernación de cuero", "ambiente sombrío pero cálido", "paredes cubiertas de libros", "sillón confortable", "gafas", y extrañamente "cuervo".

ARGUMENTO: El coronel Bantry disfruta apaciblemente su retiro en St. Mary Mead, junto con su esposa Dorothy. Una mañana, su doncella rompe la tranquilidad cotidiana con una noticia insólita y escalofriante: "Señora, hay un cadáver en la biblioteca". La muchacha muerta es una joven que ha sido estrangulada y que, por las trazas, parece haber sido artista. El tema se complica y las habladurías crecen de tal modo, que Mrs. Bantry pide ayuda a su buena amiga Miss Jane Marple para que investigue el caso y limpie el buen nombre de su marido. Y la anciana lo consigue con todo éxito. Como muchos de sus contemporáneos, Agatha Christie escribió relatos para diversas revistas en los años veinte y treinta, y casi todos ellos acabaron incluidos mas tarde en los libros recopilatorios. 21 años después de su muerte, una labor detectivesca digna de la propia Agatha Christie ha desenterrado siete relatos inéditos, así como las versiones originales de dos relatos de Poirot que la autora amplió después para publicarlos en forma de libro.

Claro que si el argumento hubiera sido otro, si el cadáver hubiera aparecido a la hora del cierre de una biblioteca pública, entre el 504 y el 517 de la CDU, ¿habrían sido las recurrentes imágenes de las cubiertas las mismas? ¿No nos mostrarían sillas de Alvar Aalto en lugar de sillones Chelsea? ¿Un búho en lugar de un cuervo? ¿Ambientes luminosos y fríos? ¿Encuadernaciones sobadas, y con tejuelos?

Como además no he sido el único en notar esto, ahí van dos enlaces curiosos sobre el tema:


Uno es de algún pirao como yo que busca imágenes de libros, pero él ha encontrado más y las ha colgado mejor, la verdad, ordenaditas y todo.

El otro es este.

Y "mis" fotos:












10.1.06

Catálogos y catalogadores


Muchos de vosotros nisiquiera sabéis lo que es un catálogo de fichas. 75 x 125 es algo que no os dice nada. No tenéis una idea de lo que es intercalar fichas en un catálogo (alfabético de autores, alfabético de títulos, alfabético de materias, sistemático de materias, diccionario y topográfico, para empezar a hablar). No habéis mecanografiado 7 ejemplares de cada ficha en una vieja Remington sin engrasar. No habéis practicado la esgrima a la hora del cierre con las varillas de sujetar las fichas al catálogo. Yo tampoco ¿vale? pero me gusta echar broncas.

El catálogo de la biblioteca, como invento, es muy antiguo: parece que en la vieja Biblioteca de Nippur ya se habían grabado en el dintel de la puerta los nombres de los documentos albergados en cada sala. De ahí en adelante los catálogos tuvieron forma de libros (rollo primero, códice despues) en los que no se podían intercalar ítems, sino que se anotaban por orden de ingreso, conforme a un libro de registro. Pero llegó en Francia la Revolución Francesa, y con ella la incautación de centenares de palacios, iglesias, conventos... y de ellos salieron miles y miles de libros que fueron a parar a lo que llamaron "dêpots littèraires", origen de las bibliotecas públicas francesas. Con eso del racionalismo y con la moda que había en la Revolución Francesa de hacerlo todo de un modo distinto al del Antiguo Régimen (cambiaron los nombres de los días y los meses, por ejemplo) a alguien se le ocurrió la idea de anotar los libros incautados cada uno en una hojita de papel, para luego poder intercalar esas hojitas conforme se fueran incautando nuevos libros.

Bien. Esto hay que conectarlo con el ambiente de la época: ¿qué otras cosas salieron por la fuerza, incluso por las ventanas, a miles, de los palacios saqueados? ¿a qué se dedicaba la gente cuando caía la tarde y no había televisión? ¿qué objeto cotidiano permite jugar, entretenerse, ser un pícaro, ligar, hacerse rico o hacerse pobre? ¡Los naipes! ¡Miles de naipes volaron por las ventanas de los palacios franceses! ¡Miles de naipes disparejos tapizaron las calles parisinas!
Y un avispado funcionario - saqueador - revolucionario - catalogador tuvo la genial idea de pegar los papelitos con los datos de los libros a los naipes sin uso, de modo que las nuevas y recien inventadas fichas catalográficas tuvieran entidad, no sólo intelectual sino física, y se sostuvieran por sí mismas.

Guiños de la Historia... ya véis. Podríamos estar catalogando sobre abanicos rotos, o sobre cajas de rapé desvencijadas, pero lo hacemos sobre naipes... ¡de 75 x 125 mm!

Y a todo esto ¿qué se puede hacer hoy en día con las viejas fichas de cartón del catálogo? ¡Poesía!

Esta es una bonita perspectiva de una torres de catálogos, con un par de usuarios buscando. La imagen de la torre de catálogos simbolizó durante años -en los países con tradición bibliotecaria, no el nuestro- la imagen del saber organizado.


Esta señora está sentada en algo que al principio me pareció un catálogo de fichas... ¡y resultó ser un catálogo automatizado de primera generación! Ya sé que lo que hay al fondo es un avión. Yo qué sé, será la biblioteca de la NASA.






Y aquí tenemos a la responsable del asunto: ¡la catalogadora! Semioculta entre torres de libros por catalogar, precatalogados, inventariados, y por sellar; rodeada de reglas de catalogación, listas de encabezamientos, tesauros y tablas de clasificación de materias.
Esta es otra vista de un departamento de proceso técnico... de antes de que se usara este término. Apreciad el ingenioso invento para sostener, siempre a mano, los volúmenes de no sé qué catálogo o bibliografía; o quizá sean las tablas de Dewey; o quizá Dewey ni había nacido cuando se tomó esta foto.








Estas me encantan. Empezando por el calzado y la vestimenta (¿he prometido ya un próximo blog sobre ropajes e infrarropajes bibliotecarios?) y terminando por la necesidad de ¡5! bibliotecarias para insertar una ficha en el catálogo... una de ellas se tuvo que sentar del esfuerzo. Señor, Señor, nunca daremos gracias suficientes a los ordenadores.




Y casi para terminar, les temps modernes: ¡hombres y mujeres trabajando juntos! ¡la mujer exhibe sus brazos desnudos! ¡el caballero no lleva chaqueta ni corbata! ¡sillas giratorias! ¡una pared sin cubrir de libros! No, si ya lo decía yo: para modernos, los catalogadores. Un beso.

Post Data: despues de terminar este post, me he encontrado una foto moderna, del departamento de Adquisiciones y Proceso Técnico de la Biblioteca Nacional China. Ahí va:
Atención a unos cuantos detalles: el aire acondicionado es por ventiladores, que ni resecan el ambiente ni traen ácaros ni son de esos inteligentes que te resfrían en verano; a la izquierda, salvapantallas tontorrón del que se está tomando un ratito sin hacer nada (en lugar de trabajar como un chino); al fondo, a la derecha, un repositorio de termos conteniendo té, se supone, uno para cada persona, y la chica del primer plano además con otro para el camino.

¡Hala! ¡A disfrutarlo!

9.1.06

Héroes de la literatura barata


Este es, de nuevo, un fenómeno casi desconocido en España, y de nuevo achacable a los rudimentales bibliotecarios que somos y a lo poco que nos vendemos: insisto en mi tesis "el bibliotecario que tiene una imagen social puede reírse de ella".

Vean esta imagen: "El secreto deseo de la bibliotecaria" o "El secreto deseo del bibliotecario"? Para que luego digan que esta bitácora no es intelectual: ¿a que esta foto de cubierta hace pensar? ¿Quién es el niño, el secreto deseo de la bibliotecaria? ¿A dónde se dirige la mano derecha del hombre? ¿A su secreto deseo? ¿Le está quitando las gafas a la chica, o se las pone él para ver mejor? De verdad, hay que leer más a Freud.

Volvamos al tema. Y en España ¿hay literatura de quiosco, tipo Jazmín, con bibliotecarios como protagonistas? ¿salimos en las novelas de vaqueros? ¿en los tebeos? ¿alguien recuerda un Mortadelo bibliotecario, o a Zipi y Zape en una biblioteca? (si lo tienen, por favor ¡lo quiero!).

Nuestros manuales técnicos son más bien sesudos; las novelas con bibliotecario tienden al modelo "monje medieval" de los epígonos de los epígonos de los epígonos de "El nombre de la rosa"; y no tenemos ese tipo de "cultura popular" que tan característica es de los países anglosajones y que ha dado lugar a productos como los que aquí voy a presentar hoy. Y nadie en su sano juicio publicará en España una novela romántica sobre una bibliotecaria (¿o conductora?) de bibliobus; ahi van varios ejemplos ingleses.

Vamos a ver dos tipos de libros: por una parte está lo que los expertos llaman "vintage literature" (vintage es una palabra tan vintage como demodé la palabra demodé) y por otra parte lo que podríamos llamar literatura barata, o popular. Van mezclados:



Atención a este: ¿quién es su público objetivo? ¿Infantil? ¿Es de verdad un libro para niños, con la intención de orientar su vocación profesional? ¿Hicieron otro de "I want to be plumber", o es que los bibliotecarios tenemos mejor prensa? Será en Inglaterra, de nuevo.







Estos tres anteriores son una mezcla de manual técnico profesional, temario de oposiciones y novela romántica ¿Quién da mas? La niña que leyó "I want to be a librarian", de jovencita sacó de su biblioteca los dos volúmenes de "Library assistant"; más tarde se interesó por "Molly qualifies as a librarian" (literalmente "Clotilde aprobó las oposiciones").



Finalmente, a nuestra niña lectora se le abrieron nuevos horizontes profesionales: ¿ligaría con el Alcalde, como la protagonista de "The major and the librarian? ¿Cumpliría con la imagen aportada por J.D.Clarke en su "definitivo estudio"? ¿O tendría que consultar la Busby para saber qué hacer, como decía Lenin por otra parte?

5.1.06

Muñecos bibliotecarios



Vivimos en un país con escasa cultura bibliotecaria, donde sólo un 4% de la población acude a las bibliotecas públicas, un 50% no lee ni en privado ni en público, un pueblo puede tener 10 bares y ninguna biblioteca y, lo que más significativo me parece, cuando a alguien nuevo le dices que eres bibliotecario dice o piensa "tendrás mucho tiempo para leer". Creo que eso lo dice todo; el español valiente tiene una idea de las bibliotecas y de los bibliotecarios, en muchos casos, derivada de un cierto estereotipo que no sé si viene del cine o de la cultura popular, pero que evidencia que no es ni ha sido desde hace mucho usuario de una biblioteca. En serio ¿entras a una biblioteca y encuentras a un bibliotecario leyendo? ¿Donde? En un taller mecánico ¿hay un señor conduciendo? En un bar ¿el camarero está tomando café? ¿Es que alguien le dice a una enfermera "Qué bien, tendrás mucho tiempo para ponerte inyecciones"?

No sé si sabéis a dónde quiero llegar... (Groucho Marx, en ese caso, contestaría "dígamelo usted") Quiero llegar a anteponer un pequeño texto a una selección de imágenes de muñecas producidas en países donde hay una imagen social del bibliotecario, de hecho hay bibliotecarios que tienen una imagen y se ríen de ella en figuritas como estas.

Ahí está la cosa: el día que en las tiendas de souvenirs encuentre el azulejo talaverano de "aquí vive un bibliotecario" habremos empezado a ganar la batalla del merchandising... del que hablaré en un próximo blog.

Gracias.

Esta primera es una que creo que se vende bien en los Estados Unidos. Me parece que es alguna bibliotecaria famosa, del Congreso o algo así, no me hagáis mucho caso. La ALA tiene un poster con la cara de esta señora. ¿La pondrías encima de tu ordenador?


La Barbie tuneada en bibliotecaria va a los elementos diferenciadores en la cultura popular: gafas tipo bibliotecaria (¡merecerán otro blog!), moño aunque mal recogido con las prisas, zapato plano (más abajo desmentido en el pisapapeles), rebequita por si refresca, y libros en las manos.


Este es para la intimidad del despacho: to no lo dejaría en un mostrador de préstamo.

Estos dos, brasileños, me encantan: primero, hay chico y chica; segundo, la chica, sin ceder al estereotipo, es sexy; tercero, el chico-es-ab-so-lu-ta-men-te-realista.


Aquí van cuatro de miga de pan: el primero no tiene gafas, pero tiene la lechuza de la sabiduría (debió de modelarlo una bibliotecaria con gran ego)

Este está basado en el famoso cuadro de Arcimboldo, otro sobrevalorado por hablar de todo un poco. Su pelo me recuerda más a algunas bibliotecarias que a bibliotecarios.
Este no tiene por qué ser bibliotecario; parece un lector, y el original se llama "book keeper", que es lo mismo que un contable (el que mantiene los libros... de contabilidad) O sea que se ha colado de rondón. Pero ¿a que lo podrías encima de la tele?

Y este debe de hacer referencia a alguna escena de una película de Disney, no sé, no las he visto todas; la chica podría ser la bibliotecaria que le busca al viejito usuario un libro en las alturas, mientras él le mira la enagua (¡por cierto! en otro próximo blog hablaré de enaguas y otras prendas interiores bibliotecarias)

Aquí los zapatos de tacón alto que, junto con los volúmenes de una enciclopedia o de los diarios de Samuel Pepys, hacen un bonito sujetalibros de uso doméstico, nunca bibliotecario. Pero me aparecieron buscando por "tacones bibliotecarios" en Google.

Y por último una vieja gruñona de tamaño real que puedes dejar en el mostrador mientras te vas a tomar café a la esquina sin miedo a que usuario alguno le dirija la palabra


Besos y abrazos.

P.D. He encontrado ahora una nueva, con nombre propio y todo:

4.1.06

Los niños y los bibliotecarios


En estas fechas tan señaladas... (¿qué tal como comienzo?)

En estas fechas tan señaladas vamos a hablar de los niños y los bibliotecarios. Para empezar, aclararé que yo de niño no era bibliotecario. Ni frecuentaba las bibliotecas. Ni tenía, por supuesto, una imagen (social) del bibliotecario. También debo aclarar que no he trabajado, como bibliotecario, con niños. Nunca. Sólo he trabajado en bibliotecas universitarias. De modo que si digo algo será de oídas, o más bien de leídas.

Lo que voy a enseñar son dos cosas: cómo los niños dibujan a los bibliotecarios (¡y a las bibliotecarias! ¡Ojo! ¡Que no voy a estar repitiendo queridos quieridas amigos amigas niños y niñas! Ni voy a utilizar la arroba como comodín sexual. Fuera sandeces) ... esto, cómo los niños dibujan a los bibliotecarios, y en segundo lugar cómo los adultos dibujan a los bibliotecarios al estilo "infantil". Veamos las diferencias:

Este dibujo: ¿lo hizo un niño? Pues sí.



Veamos unos cuantos más: