Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.

31.5.06

Ensayo de pequeña epifanía bibliotecaria

¿Nunca te ha pasado el ir en un autobús y verte desde la ventanilla abajo, en la calle? ¿Entrar en una tienda y notar, casi por el rabillo del ojo, que tú estás al mismo tiempo saliendo? ¿Ver una cara confusa en la fotografía de una multitud en el periódico y decir "Si soy yo"?

Joyce hablaba de epifanías, Kandinski los llamaba pequeñas alegrías. Son algo más que sinestesias: a mí me pasan epifanías sinestésicas. Estoy leyendo un libro con la radio encendida y en la radio alguien habla de ese libro, o en mi libro alguien menciona la música que está sonando en la radio. ¿A tí no te pasa? Ojo, que no estoy hablando de fenómenos para anormales, sino de la poesía de la cotidianedad.

Y tampoco es un deja vu. Los bibliotecarios tenemos montones de deja vus: cuando en la enésima reunión de mejora de la cosa bibliotecaria oímos las mismas ideas remodeladas bajo las formas de la nueva moda; cuando mandamos apagar el móvil por centésima vez en la misma mañana; cuando colocamos el mismo libro en el mismo lugar todas las tardes a la misma hora.

Traigo esto a cuento porque he leído en una bibliobitácora llamada "Transitory Reading" un post titulado "Odd Librarian Out" (imagina por qué he llegado hasta allí) y que me voy a tomar el placer de traducir (con harta libertad y cambiando el final) en esta tarde cargada de tensión pre-exámenes:

"Vuelvo a casa desde el bufete, y cojo el autobús hasta mi estación de tren. Leer mientras viajo en autobús me marea, de modo que voy jugueteando con el libro que mi novio me acaba de prestar, aguantando las tentaciones de abrirlo y sumergirme en su historia. Para distraerme, miro por la ventana. Siempre me interesa observar a jueces y abogados cuando ellos no se saben observados; como el teatral, el judicial es un oficio en el que uno tiende a desarrollar una fachada profesional que se alegra de quitarse de encima cuando vuelve a su ámbito privado. Y yo, como bibliotecaria jurídica, tengo una máscara distinta en el trabajo y en casa.

El autobús pasa delante de un Starbucks, y llama mi atención una mujer leyendo el mismo libro que yo. No tiene nada de especial puesto que se trata de El Código Da Vinci, que ha barrido en las listas de bestsellers, y conozco al menos diez personas que lo están leyendo. Lo cual no deja de ser una coincidencia y me fijo en la chica. Está apoyada en el marco de la puerta, engolfada en la lectura de su novela. Lleva una melenita rubia sujeta detrás de las orejas con horquillas, y viste un bonito pichi de color negro abotonado por delante y muy ajustado a su esbelto talle. Tiene doblada en el brazo una chaqueta de las caras, junto con el periódico. A sus pies, en el espacio libre entre su pierna izquierda y la puerta del café está su bolso, un Kipling rojo, parecido al mío. Incluso tengo tiempo de distinguir el logotipo de la marca del bolso antes de que mi autoús arranque, y siento ese escalofrío que te da cuando ves a alguien que lleva tu misma ropa o tu mismo bolso. Porque aunque yo soy morena, y creo que más bajita que ella, la verdad es que tengo todo lo que ella lleva.

Estoy procesando esta información y mirando por la ventana, buscando algo que de nuevo me llame la atención, cuando el autobús para de nuevo, y de nuevo frente a un Starbucks. No es el mismo Starbucks. Es la siguiente parada, y hay otro Starbucks. Parpadeo, me froto los ojos. En la puerta del café hay una mujer que es una réplica exacta de la mujer que ví en la anterior parada: lee el mismo libro, lleva la misma ropa, está en la misma postura, tiene el mismo bolso. Esto es demasiado: me pongo las gafas de ver y la miro atentamente. Con las gafas puedo apreciar algunas sutiles diferencias entre las dos mujeres: distinto color de ojos, distinta forma de maquillarse, la segunda tiene la nariz levemente aguileña.

Qué ironía. He desarrollado la capacidad para distinguir entre dos abogadas que son como dos gotas de agua, y aún estoy contenta de no parecerme en todo a ellas gracias a que yo soy morena. Por no hablar de que yo soy bibliotecaria."

Hasta aquí lo leído. Pero es evidente que no está completo. Es una especie de palimpsesto, de codicilo fragmentario que hay que leer entre líneas y al que hay que completar los huecos dejados en blanco por la incuria del tiempo. Yo veo aquí un mensaje mucho más profundo que el que parece, algo que no se puede contar fácilmente pero que alguien debe saber. A saber:
  • nuestra joven amiga entró en un túnel del tiempo
  • se vió a sí misma reflejada en una nueva dimensión
  • fue la simple posesión de "El Código Da Vinci" lo que la transportó a un nivel de consciencia superior
  • desde ese nivel conectó espiritualmente con otras lectoras del Código, almas gemelas
  • el autobús simboliza el transporte etéreo, que será colectivo o no será
  • parar frente a un Starbucks tiene el siguiente significado esotérico: la globalización nos alcanzará hasta la eternidad
  • lo del bolso Kipling es evidente: Rudyard Kipling era masón; todo cuadra
  • y si es rojo el bolso es como símbolo del vino derramado por los comisionados de la Mesa del Priorato de Sión (buen vino, el del Priorato, por cierto)
  • últimos símbolos: rubia, y con nariz aguileña... (blanca y en botella, mejor ni lo explico)
  • todo ello protagonizado por una bibliotecaria jurídica, nada menos: la ley y el orden agrupados en una misma persona. Esto lo explica todo.
Y no me llames conspiranoico ¿vale? ¡venga!
:-D

26.5.06

No me llames geek que soy un freak


La celebración del Día del Orgullo Friki me pilló de sorpresa, animado por otros menesteres bibliotecosos, y no preparé a tiempo mi post sobre el frikismo bibliotecario o la frikiteconomía (frikitecología allende el charco). Y como soy un antiguo, un clásico, pues que tengo una idea del friki un tanto distinta de la que he leído por ahí estos días, particularmente en la Wikipedia, la verdad. Yo no me quiero meter con nadie, pero el Wiki-friki insiste mucho en que no es un freak, por miedo a que le llamen monstruo, como si ser un monstruo tuviera algo de malo. "Yo soy un monstruo con las matemáticas" "Es un mostruo de la bibliometría" o "Me cago en el monstruo de las galletas" son expresiones de frikismo ¿no?.

Yo es que relaciono el término friki con una españolización del inglés freak, que aunque significa rarito no es lo mismo que odd (extravagante) ni mucho menos lo que nerd (empollón). Claro que freak viene de la extraordinaria película de Tod Browning "Freaks". Eso sí que eran monstruos. Y de este tipo de monstruos los hay en bibliotecas, y es algo de lo que sí que sabe el imaginario popular. No hablo de la mujer barbuda o del niño sin piernas, pero los que nos dedicamos a esto sabemos que entre nuestras filas desfila siempre una columna de seres. Todos tenemos algo de ser. Y entre nuestros usuarios siempre abundan, como nos recuerda Mixo.

Por otra parte, empecé a oir el término friki en los 80: los escaladores de roca llamaban frikis a los que escalaban por libre, sólamente con sus manos y pies, las paredes de roca. Es un derivado del inglés free-climbing. Y en esa época también se decía -al menos en Madrid- "qué friki ¿no?" para referirse no tanto a personas como a hechos extravagantes. El aterrizaje de un OVNI frente a los cines Alphaville un viernes por la noche, por ejemplo, habría podido ser entonces calificado de frikada.

Bien. La cosa es que leyendo por ahí he encontrado que hoy por hoy si para un bibliotecario un friki es una cosa, para un friki un bibliotecario es otra. No sé si me explico. Pero pretendo llevar la cosa al huerto bibliotecario: porque si hay algo que defina la imagen social del bibliotecario es el ser un poco friki. Pero la imagen social del friki no es la del bibliotecario.

Voy a soltar algunas pistas:

Una. Circula por Internet un test para saber si eres un friki, y una de las preguntas que puntúan positivo es "¿eres bibliotecario?" o "¿querrías ser bibliotecario?" o "¿querrías haber sido bibliotecario?". También preguntan si eres arqueólogo.
Yo hace años que terminé el colegio, para qué nos vamos a engañar: a los 10 años de haber salido del colegio me encuentro por la calle con un antiguo compañero de clase, y ante la pregunta evidente de "¿y tú que haces ahora?" las respuestas fueron:
- yo, bibliotecario
- pues yo, farero
- qué friki ¿no?
- mira quién fue a hablar
Hay por ahí otro test llamado ¿Soy lo sificientemente frikitekario? Am I geek enough to be a librarian? Ahí va: Am I geek enough to become a librarian?

Dos. En países de cultura bibliotecaria más avanzada que la nuestra (miren al norte, miren al oeste) también poseen mayor tradición teleadicta, y han podido formar comunidades de frikis que hacen cosas como hablar klingon o ir a trabajar vestidos con esquijamas. Los trekkies son una poderosa facción del ejército de los frikis, no la más numerosa en esta piel de toro pero qué le vamos a hacer. Y tienen una conexión nítida con las bibliotecas: hay una joven alemana o austriaca, no sé, llamada Library Mistress, que utiliza para identificarse en Flickr esta imagen de la bibliotecaria del Enterprise, la nave espacial de Star Trek. Resulta que en episodio nº 78 de la Tercera Temporada de Star Trek, emitido por primera vez el 14 de marzo de 1969, y titulado "All our yesterdays" aparece la bibliotecaria. Pero ojo al argumento del episodio: "Una bibliotecaria demente envía a Kirk, Bones y a Mr. Spock a una realidad alternativa a través de un portal interdimensional". ¡Ojo, que estamos en 1969, y los bibliotecarios aún no hablábamos de portales ni de sitios virtuales a los que los portales te podían enviar! Se me ponen los pelos como escarpias de pensar que Nostradamus escribía guiones para Star Trek.

Tres. Creo que era TekaTeka la que decía el otro día que se marchaba al Retiro a una batalla de espadas de luz. No sé si lo decía en sentido figurado, pero yo conozco a la bibliotecaria de la espada de luz. Contaré sin su permiso la anécdota de una colega: sufrió un apagón en su casa y no tenía una mala linterna que llevarse a las manos, de modo que para no tropezarse con los muebles y conseguir avanzar por la casa cogió la espada de luz de su hijo e iluminó con ella su camino hasta la puerta... donde se encontró con todos sus vecinos, no se sabe si más asustados por la oscuridad o por la presencia de "A camiñadora do céu" (que supongo que es como se dice Skywalker en gallego). Para grandes desatinos...

Cuatro. Perdonen que no traduzca hoy ¿eh? Why be normal? (tm) In my hometown, there was this lady who always wore fancy turn-of-the-century clothing. Like, white drapey layered high-waisted dresses and parasols, and always big floppy fancy old-fashioned hats. I remember noticing this and thinking it was weird, even as a kid. I notice myself having this initial reaction to people wearing really outlandish or unconventional outfits regularly, whether we're talking super-goth, or the girl at the gym who always wears all red including cowboy boots, or even Uma's dress at the Oscars. I wish I didn't react like this, though, because honestly, isn't life boring enough as it is? I should be glad that someone's making my life more visually interesting. Thus, I resolve to support people in their extreme sartorial creativity for 2004. (I might make an exception for the Trekkie reference librarian at our library growing up, though. She always dressed in Star Trek uniform sweaters, with a communicator pin, and had her hair pulled back really, really tight. She was one of the grouchiest people ever, and I dreaded having to do a school project because it meant asking her questions. In her case, I think a weird wardrobe was a reflection of her inner weirdness.)

Cinco. Cómo disfrazar a una friki de bibliotecaria. Tana's habitat nos da la receta del travestismo friki-bibliotecario o biblio-friki: cómprate una falda recta con raja (plánchala), ponte una blusa blanca, unas medias, gafas-de-mirada-de-gato, un par de libros en la mano y sonrie con esa sonrisa sexy que ya sabes. ¿Estáis de acuerdo? A que no. Noooooo. Vamos, no es que haya que vestirse de Darth Vader para redactar las cartas de reclamaciones de préstamo a los usuarios, o hablar como Yoda para explicar a los becarios hasta dónde pueden llegar, por ejemplo. Pero lo que yo entiendo por el look frikitecario pasa más bien por llevar (en una biblioteca académica) una camiseta como esta:

O como esta otra (el diseño es mío, debo decirlo alto y claro: es un cartel que me encargaron para una campaña de silencio y que tenemos puesto en la biblioteca, conste. No está a la venta. No tratéis de encontrarla en cafepress.com ni en el ALA virtual store; no la venden ni en ANABAD; si algún día quiero hacerme millonario la venderé):
Seis. Yo me creeré que en esta nación de naciones tenemos una cultura bibliotecaria moderna cuando los bibliotecarios de pro podamos asociarnos, no ya en colegios profesionales o asociaciones territoriales (por cierto ¿qué fue de REDIEZ Red de Documentación e Investigación Especializada de Zaragoza?) sino en lobbys, en grupos de presión social de amplio alcance (Maruja's Corner va camino de ello) como los que en los States han replicado la Patriot Act. Y no sólo para el activismo político, sino para la visibilidad social de los profesionales, que es en el fondo de los fondos el tema de mi tesis doctoral subterránea. Dos ejemplos maravillosos os muestro, seguro que bien conocidos de todos:


Siete, y ya termino. El niponismo o japonofilia es otra de las señas de identidad friki del friki actual. Lo comprendo. Si hay una nación friki, es Japón. Seguro que vísteis Lost in translation. Pues eso. No os perdáis, por ejemplo, el Kure Kure Takora (las aventuras de un pulpo y un cacahuete enamorados de una morsa: serie infantil de los 60). Y para el fin de semana, los ninja librarians:


¡Hala! ¡A disfrutar!

23.5.06

Lo que los libros dicen de nosotros

Hay encomiables esfuerzos realizados por colegas antes que yo para contarnos la imagen de los bibliotecarios en el cine, en los comics, en las novelas, etc. Yo he sido capaz de leer alguna de estas cosas, a pesar de que suelen venir en inglés. Entonces he pensado en hacer algo como más ligerito y menos enjundioso, a partir de imágenes de cubiertas de libros que digan algo de los bibliotecarios, bien porque son libros de biblioteconomía (¿porqué los manuales de ByD españoles no llevan NUNCA fotos en la cubierta?) bien porque tengan un bibliotecario, documentalista o archivero entre sus personajes dignos de mención.

Vamos a verlos:


Comenzamos con las novelas, como éste "The archivist: a novel" que creo yo que reúne algunos de los paradigmas del género: libros apilados, con apariencia de sobadillos, como debe de ser en una biblioteca, y la confirmación editorial de que se trata de una novela, no se vayan a pensar. La cosa es que un archivero profesional habría usado como ilustración ¿una pila de expedientes administrativos? ¿un cartapacio notarial? ¿una tartera de CD-ROMs? pero los publicitarios esteblecen la relación: archivero - bibliotecario - libros viejos. Y así se venden las novelas mejor que si le preguntaran al archivero.



Y esta otra novela "Here lies the librarian" rompe con el esquema de mostrar el ambiente interior de la biblioteca o la imagen del bibliotecario, para sugerir sutilmente la presencia "hic iacet" de éste bajo la tumba que reza: SHH! propio del imaginario bibliotecario (Maneras de mandar callar). Recomiendo leer el argumento: trata de unas estudiantes de biblioteconomía que desentierran un cadaver o algo así, cada vez entiendo peor estas lenguas bárbaras.


"How I fell in love with a librarian and lived to tell about it". Podría éste ser una novela con tintes autobiográficos o un falso libro de memorias con chismorreos sexual-bibliotecarios. No sé si en España triunfaría un libro llamado "Me enamoré de mi bibliotecaria". Pero todo indica que es un libro cuyo público objetico son los bibliotecarios: dice Amazon que lo compran los mismos que compraron este tipo de cosas.


Aunque éste creo que está teniendo éxito en España: "La biblioteca de la piscina". No sé si hay bibliotecarios en la trama, sólo sé que va de gays. Pero no es incompatible. Dice el Library Journal en su crítica: "The occasionally graphic descriptions of sex will likely upset some readers". ¿Entristecer? De verdad que ya no entiendo este idioma. ¡Gay significa alegre!


Ésta ya la saqué el otro día, porque me encanta la nueva imagen del libro encadenado. "Le Grand amour du bibliothécaire". Argumento: Fulberto, bibliotecario del pueblo de Tiralaservilleta, odia los libros, nidos de polvo sobre sus bellas estanterías. Se pone a expurgar y al final se queda con un sólo libro, y porque está encadenado; pero entonces viene y se hace el carnet de la biblioteca una bella zagala llamada Rosamari, de la que Fulberto se enamora de inmediato. Fulberto se pone a comprar libros para su bella usuaria... y ya no cuento más, pero hay intervención de malvados villanos, la chica se casa con el chico y al final todo el pueblo se saca el carnet de la biblioteca (bueno, ya la he destripado, joer).


Este es un novelón, un thriller de esos que gustan ahora. "The librarian". Misterios políticos, enredos electorales, crímenes, líos de faldas, pederastias, etc. ¿Qué pinta aquí el bibliotecario? No sé. Leed la novela si os amosca. O ved la película. Bueno, adelanto el arranque de la historia: "Un bibliotecario universitario, para ganarse una perras extra, se ofrece a catalogar la biblioteca privada de un ricacho ultraderechista norteamericano, que resulta estar implicado en una conspiración de carácter político..." y ya no digo más, como diría Mayra Gómez Kemp.



Luego están otras novelas de misterios: lo de las bibliotecas levanta en el imaginario colectivo más referencias al misterio que las peluquerías de señoras o las gestorías administrativas, no me lo explico pero así es:

"¡Socorro, que me he quedado encerrada en la Biblioteca!" es el título de una de ellas. La protagonista es una niña que también se llama Rosamari; Rosamari entra a hacer pis en el servicio de una biblioteca pública rural y como es la hora del cierre pues echan el cierre, la chica se queda encerrada (con su hermanita) y pasan allí la noche. Eso es todo.


"Miss Zukas and the Library Murders" de Jo Dereske. (Ojo al nombre de la autora: léelo en voz alta). Pues la autora es bibliotecaria. Joder, es que lo veía venir.


"Tomás y la señora de la Biblioteca", de Pat Mora. Book Description [tomado de Amazon]: Basado en la historia real del educador Mejicano-Americano Tomás Rivera, un hijo de trabajadores inmigrantes que llegó a convertirse, dentro del sistema de la Universidad de California, en el Canciller del primera minoría, esta inspiradora historia sugiere lo que las librerías-y la educación-pueden hacer posible. "Las bellas ilustraciones esgrafiadas de Colón, en su rítmico estilo texturizado y brillantemente colorido, capturan el calor y los sueños que el chico encuentra en el mundo de los libros." -Booklist. Me encantan los traductores automáticos; han llegado a un nivel de sofisticación tal, dignos de la inteligencia artificial, que todavía no saben que library es biblioteca, no librería. Es asombroso lo que la tecnología puede llegar a hacer por nosotros: darnos más trabajo.

"Lo que hay que oir -dijo la Bibliotecaria". Es una novela de miedo, y se sabe por la tipografía de la cubierta y el tono oscuro. Argumento: En un poblaco de la América Profunda se produce un crimen, y la bibliotecaria, que tiene su biblioteca en el mismo edificio del cuartelillo de la policía local, se pone a investigar con su moño y su literna. En Amazon un lector anónimo dejó dicho: "I loved this little mystery! I am a Texan and a librarian, so I bought it for myself at the Texas Book Festival in Austin. I think we have found a new author for our library, we are ordering a couple of copies-my own copy is a keeper! I can usually guess the "murderer" before the end-but this one had me fooled." Bibliotecaria, y tejana... ¡a ver si va a ser la mujer de Bush!


Y eso era respecto a los libros de ficción. ¿Qué pasa con los de no-ficción? Ya digo que hay hasta manuales de biblioteconomía con imágenes de bibliotecarios que me hacen pensar. Aunque sean libros impensables como éste: "Ensayos de Biblioteconomía Cristiana". Es una recopilación de artículos en los que se habla, por ejemplo, de la perspectiva bíblica del multiculturalismo en las bibliotecas públicas, "La llamada del Señor para trabajar en bibliotecas", o cómo hacer para respetar el domingo y abrir la biblioteca al mismo tiempo. Hagan como nosotros: no abran los domingos.

o que nos hablen de una literatura bibliotecaria alternativa que no sé si aquí existe: "Biblioteconomía Alternativa". Creo que es una recopilación de artículos de los que ponen en dedo en la llaga: ¿Hay censura en las bibliotecas? ¿Debemos ejercer la censura? ¿Se puede encontrar realmente todo tipo de información? Y entonces pinchan en la llaga: ¿literatura nazi? ¿KKK? ¿fundamentalismos? O creemos o no creemos en las bibliotecas como instrumentos del libre desarrollo de las personas y las sociedades.




o tan enigmáticos como este otro que ya mostré. Os adjunto un enlace a la búsqueda que he hecho en Amazon sobre libros de este estilo,¡y hay varios!: "El sexo y el bibliotecario indeciso", "Actitud del bibliotecario infantil y juvenil ante el sexo", "Gestión de Hemerotecas Pornográficas" o "Todo lo que quieres que los niños NO sepan sobre el sexo".


uno mexicano (por cierto, felicidades por la BIBLIOTECOTA, es de las mejores palabras que he oído en este ámbito profesional):


Uno de los que me da pereza leer, pero que debería desiderar:


... o sobre los bibliobuses, que fenómeno que recogió la BBC en un documental:


Dentro de la sección "ficción" me queda una subsección de género fantástico, destinado al público infantil-juvenil, supongo, aunque uno nunca sabe:



Luego vienen estos, destinados a un público un poco más joven, y como queriendo hacer proselitismo bibliotecofílico:








Y ya para terminar, los libros de divulgación sobre las bibliotecas. Sí, ya sé que es un género (casi) inexistente por estos pagos. Sobre todo de este tipo, destinado a los niños en apariencia. También los hay destinados a bibliotecarios que tienen niños entre sus clientes:

"A bookworm who hatched": un crítico infantil (niño él mismo) escribió la siguiente crítica en Amazon: "I think this book is a good book". Más claro, agua. My taylor is rich.





Este de "Love a librarian" me ha llevado a conocer otras obras como "Guía del amor entre las estanterías", o "La Clasificación Dewey del amor". Impagables.



Rhyme: The Librarian
The librarian helps the visitors find
Several good books to strengthen their mind.
Magazines and records stored on a rack,
You can take some things home
But you must bring them back.


¡Vamos, que ni Rubén Darío!

16.5.06

Célebres pero por otra cosa (10)

No, no termina el catálogo de bibliotecarios célebres pero por otra cosa con el cisne de Nicaragua; todavía hay más. Y eso que no he recurrido (ni voy a recurrir, creo) a personajes de la Antigüedad que se dedicaron a esto de las bibliotecas (¿Calímaco de Cirene es célebre? y de serlo ¿por ser bibliotecario? ¿por bibliógrafo? ¿por poeta? no sé, son temas que se me escurren, de modo que no saco bibliotecarios de la Antigüedad). Tampoco voy a contaros la pléyade de santos, beatos y venerables que fueron bibliotecarios (lo dejo para otra ocasión); nos basta aquí con Santa Matilde de Hackeborn; y ya sé que San Beda el Venerable es el padre de la bibliografía, o que si Casiodoro, o que si el bisbiseo de San Anselmo, qué se yo. Me dedicaré -casi- a lo que hoy se pueda llamar célebre. Como de costumbre, abundancia de escritores, pero siempre aparece entre ellos algún bicho raro bibliotecario. Allá va la décima entrega:




Friedrich Engels (1820-1895).
Pareja de hecho de Karl Marx durante años, este empresario revolucionario de familia burguesa, protestante y conservador, fue enviado por su padre a Manchester para supervisar una fábrica de algodón propiedad de la familia pero allí se le abrieron los ojos a las condiciones de vida de sus empleados y se puso a estudiar y a escribir; conoce a Karl Marx en Inglaterra y comienza su colaboración, que consistía en que Marx pensaba y escribía, y Engels ponía orden en los papeles y mantenía económicamente a Marx y a su familia. Escribieron al alimón el Manifiesto Comunista en 1848. Fueron juntos a Alemania para lo de las Revoluciones de 1848 pero se volvieron a Inglaterra, exiliados, en 1850: Marx en Londres, y Engels en Manchester (recuperó la propiedad de la fábrica paterna) se escribían todos los días, hasta que en 1870 Engels se trasladó a Londres con su amigo, al que acompañó hasta la muerte de Marx en 1883. Las hijas de Marx le conocían como "El General". A la muerte de Marx se dedicó a recopilar sus escritos y ponerlos en orden, de modo que llegó a editar los tomos 2 y 3 de "El Capital" de Marx. "Tras la muerte de Marx en 1883, Engels se convirtió en el líder indiscutido de la socialdemocracia alemana, de la segunda Internacional y del socialismo mundial, salvaguardando lo esencial de la ideología marxista, a la que él mismo había aportado matices relativos a la desaparición futura del Estado, a la dialéctica y a las complejas relaciones entre la infraestructura económica y las superestructuras políticas, jurídicas y culturales." [Wikipedia]. ¿Y bibliotecario? Pues sí, en varios sitios he leído que Engels fue bibliotecario, pero no decían nada más: ni cuándo, ni dónde, ni cómo ni por qué. Me quedo con la duda, pero no me voy a leer la biografía de Engels para averiguarlo. Además, me leí la de Goethe que escribió Cansinos-Assens (más de 300 páginas) y la disfruté, pero no menciona que fuera bibliotecario; también me leí la de Rubén Darío, antología poética incluida, y no decía mucho. De modo que por qué no inventarlo: Friedrich Engels trabajó como ayudante del bibliotecario en Londres, en la Biblioteca del Imperial College entre 1872 y 1888 ¡a los 68 años, post-jubilado! en que fue expedientado por su pasado revolucionario. ¿Qué tal? ¿Cuela?




Nadezhda Konstantinovna Krupskaya (1869-1939).
La mujer de Lenin ocupa por derecho propio un lugar en la historia del movimiento socialista. Y era bibliotecaria. ¿Recordáis aquéllo de que detrás de un gran hombre etc. etc.? Hemos leído que Hipólito Escolar ("el" historiador de las bibliotecas) dijo que Lenin fue el político del siglo XX que más había hecho por las bibliotecas. Tanto Lenin como la Krupskaya creían en la decisiva importancia, en el poder de las bibliotecas para promover la educación; Krupskaya creía que los libros infantiles eran "una de las armas más poderosas en manos de los socialistas para la educación de las nuevas generaciones". Fue subsecretaria del Ministerio de Educación de los Soviets entre 1929 y 1939: su concepto de educación iba más allá de las escuelas, y pasaba por la alfabetización de adultos, la educación permanente, la emancipación de la mujer, el fin de la religión y la organización de la propaganda oficial. Desde la Revolución Soviética se centró en la promoción de las bibliotecas: estableció una escuela profesional de bibliotecarios en San Petersburgo, escribió mucho sobre bibliotecas, diseñó y desarrolló el sistema bibliotecario soviético, estableció la teóría según la cual sólo un bibliotecario bien versado en marxismo-leninismo podía evaluar la conveniencia de un libro para una biblioteca, y hasta sus últimas palabras fueron sobre bibliotecas. Posiblemente es además la creadora del sistema de clasificación de la Biblioteca Lenin según el cual, en una estructura jerárquica decimal y arborescente todos los conocimientos (todas las materias) derivan del materialismo dialéctico. Más información.


Marcel Proust (1871-1922).
El autor de "En busca del tiempo perdido", uno de los puntales de la novela del siglo XX, fue bibliotecario entre 1895 y 1900 en la Biblioteca Mazarino, de París. Dicen que un buen escritor es antes un buen lector, y que un buen lector se hace en las bibliotecas: Marcel Proust fue un usuario asmático que huía del polvo de los libros que nadie leía, y llegó a ser un bibliotecario asmático que evitaba el polvo de los libros que nadie leía. No es mal método de evaluación sobre el uso de las colecciones: ponga un asmático en su biblioteca para detectar los libros menos usados (ni índices de lectura ni algoritmos de búsquedas: asma). Además de su singular método de evaluación sobre el uso de las colecciones, Proust nos legó a los bibliotecarios del futuro varios avances técnicos, algunos insospechados: un sistema de selección y adquisición bibliográficas ("El hallazgo afortunado de un buen libro puede cambiar el destino de un alma") o un informe sobre las pautas cognitivas del aprendizaje de la lectoescritura ("Parece que la afición por los libros crece con la inteligencia, un poco por debajo de ella, pero en el mismo tallo"). Además, y esto no tiene precedentes, anticipó el hipertexto cuando, en las primeras páginas de "A la recherche..." nos cuenta cómo al mojar una madalena en una taza de té el sabor, el aroma, el ambiente generado entre su pituitaria y su paladar le evocó tantos aspectos y episodios de su infancia perdida que le lleva más de 20 páginas contárnoslo. Hace muchos muchos años yo sugerí en Iwetel que el hipertexto era un sistema de relacionar textos por medio de evocaciones que bien podían ser hiperestésicas, poéticas, sincréticas, metonímicas o alucinógenas; que cuando navegas por el hipertexto y pinchas en un enlace y vas a otro documento donde pinchas y vas a otro documento donde pinchas y vas a otro documento donde pinchas y vas a otro documento, el tráfago vertiginoso de palabras que se genera es algo bastante parecido a las evocaciones magdalenienses proustianas. Es mi teoría. Regalo tema de tesis doctoral. Por otra parte, y ya termino, no es ésa la única relación entre las madalenas y las bibliotecas.



Lewis Carroll (1832-1898).
Charles Ludwidge Dogson: matemático, fotógrafo y escritor inglés, célebre por su relato "Alicia en el País de las Maravillas", este hijo de un pastor protestante ingresó en la Universidad de Oxford, en el Christ College, a los 18 años, y allí pasó el resto de su vida. Se licenció en Letras, fue contratado como ayudante de bibliotecas ("sub-librarian") en la Universidad de Oxford, y se dedicó a dar clases de matemáticas, particulares y en la Universidad, y a colaborar en revistas literarias; de 1891 a 1898 trabajó como profesor de matemáticas en un colegio privado de niñas en Oxford. "Su temprana carrera académica osciló entre sus éxitos, que prometían una carrera explosiva, y su tendencia irresistible a la distracción. A causa de su pereza, perdió una importante beca, pero, aun así, su brillantez como matemático le hizo ganar, en 1857, un puesto de profesor de matemáticas en Christ Church, que desempeñaría durante los 26 años siguientes (aunque no parece haber disfrutado especialmente de su actividad). Cuatro años después fue ordenado diácono. En Oxford se le diagnosticó epilepsia, lo cual por entonces constituía un estigma social considerable". [Wikipedia] Un día llevó a un paseo en barca por el Támesis a tres niñas, entre ellas Alice Liddell, hija de su decano en Oxford, y les contó un cuento que luego puso por escrito e ilustró a mano y regaló esas Navidades a la niña Alicia: se trataba de la primera fase de "Alicia". Las tres hijas del decano solían jugar en el jardín trasero de la biblioteca, bajo la ventana del reverendo Dogson, y éste tomó la costumbre de fotografiarlas en el jardín (Lewis Carroll es uno de los pioneros de la fotografía). En 1856 la mujer del Decano le pidió que dejara de hacer posar a sus hijas para las fotografías y dejara de visitar a Alicia y de hacerle regalos; la relación no terminó, de todos modos, hasta 1863. La cosa es que Alicia con el tiempo se hizo mayor, se casó, se fue a vivir a otra ciudad y... allí se hizo bibliotecaria. Eso es lo que no dicen los libros de Historia. Y puede que sea eso lo que ha legado Lewis Carroll a la moderna biblioteconomía, además de una entrada de "Dogson, véase Carroll" en el catálogo de autores y una eterna manía de clasificar su obra maestra entre las infantiles, como si lo fuera.



Lee Harvey Oswald (1939-1963).
¿Quién dice que el asesino de Kennedy fuera bibliotecario? Yo no. No me atrevo ni a afirmar que este hombre asesinara a Kennedy, partidario como soy de las teorías conspiratorias, o conspirativas. Pero la cosa es que a este hombre la Comisión Warren lo encontró autor de los disparos que mataron a John F. Kennedy el 22 de noviembre de 1963 y que salieron de una ventana del "Texas Book School Depository" de Dallas, donde trabajaba desde hacía unas semanas. El Texas Book School Depository está ubicado en el 411 de Elm Street, y es un amplio edificio construido en 1903, que fue propiedad de la "Texas Book School Depository Company" hasta el asesinato del presidente, cuando el edificio se cerró, y 25 años despues fue comprado por el Ayuntamiento de Dallas para dependencias municipales, y se reservó la 6ª planta, desde donde se disparó, para crear una exposición permenante sobre Kennedy, incluyendo un Centro de Documentación. ¿Y qué es un Book Depository? Pues algo como un almacén de libros, en este caso un almacén de libros para ser repartidos a las escuelas y bibliotecas escolares: los colegios y los institutos hacen públicas las listas de libros que van a recomendar, y que éstos se pueden conseguir a través del Book Depository. Osea que supone: a) la existencia de bibliotecas escolares y b) la coordinación entre éstas, los colegios, la administración y las editoriales. Conclusión: en España nunca sufriremos un magnicidio como el de Kennedy. Por último: Oswald murió dos días más tarde, cuando lo trasladaban de la comisaría, por los disparos de Jack Ruby, un patriota, traficante de drogas y dueño de un popular puticlub de Dallas. Sic transit gloria mundi.

10.5.06

Célebres pero por otra cosa (9)

Despues de un año de no ver tierra
porque la guerra me lo impidioooó
vuelvo a aquél puerto
donde se hallaba
la que adoraba
mi corazoooooón

(De una habanera)



Rubén Darío (1867-1916).
La vida de Rubén Darío / contada por él mismo.
1867. Nace en Metapa, Nicaragua, Félix García Sarmiento.
1869. Se separan sus padres y los crían unos tíos suyos. "Fui algo niño prodigio. A los tres años ya sabía leer, según me han contado".
1877. 10 años. Escribe sus primeros versos.
1878. 11 años. Estudia griego y latín con los jesuitas.
1880. 13 años. Publica sus primeros poemas en la prensa. "Chente Quirós me llamó poeta niño ¡Pornógrafo!"
1881. 14 años. Escribe contra el gobierno en un periódico. Frecuenta los círculos masónicos. Planea la edición de un primer libro. "Cayó en mis manos un libro de masonería y me dio por ser masón, y llegaron a serme familiares la endiablada y simbólica liturgia de esos terribles ingenuos".
1882. 15 años. Despues de leer ante el presidente de la República su poema en 100 décimas "El libro" éste le propone costearle los estudios, pero Darío lo rechaza. Propone una reforma radical de la gramática española. Se traslada a El Salvador, donde se entrevista con el presidente de la República (15 años, repito) quien le nombra profesor de gramática en un instituto de bachillerato (15 años, insisto). "Vivía yo en casa del licenciado Modesto Barrios y este licenciado gentil me llevaba a visitas y tertulias. Una noche oí cantar a una niña. Era una adolescente de ojos verdes, de cabello castaño, de tez levemente acanelada, con esa suave palidez que tienen las mujeres de Oriente y de los trópicos. Me enamoré. Jamás escribiera tantos versos de amor como entonces (...) Un día dije a mis amigos: "Me caso". La carcajada fue homérica. Tenía apenas catorce años cumplidos".
1883. 16 años. Se interesa por el ocultismo y por el hipnotismo. Vuelve a Managua, donde colabora en varios periódicos.
1884. 17 años. Entra a trabajar en la Biblioteca Nacional de Nicaragua (actualmente llamada Rubén Darío) al nombrar director de ésta al director de un periódico en el que colaboraba. Publica poemas y cuentos. Escribe casi en su totalida el contenido del periódico "El Porvenir de Nicaragua". "Mis frecuentaciones en la capital de mi patria eran con gente de intelecto, de saber y experiencia, y por ellos conseguí que se me diese empleo en la Biblioteca Nacional. Allí pasé largos meses leyendo todo lo posible y, entre todas las cosas que leí ¡horresco referens! fueron todas las introducciones de la Biblioteca de Autores Españoles de Rivadeneyra y las principales obras de casi todos los clásicos de nuestra lengua."
1886. 19 años. Traslado a Chile, donde colabora en diversos periódicos. Escribe con Eduardo Poirier (hijo del presidente de la República de Chile) una novela sobre la vida de los bomberos.
1887. 20 años. Nombrado Inspector de Aduanas en Valparaíso, Chile. Publica su primer libro de poemas: Abrojos (léase poemilla).
1888. 21 años. Bohemio en Santiago de Chile. Publica el poemario "Azul". "Me incorporé a la intelectualidad de Santiago".
1889. 22 años. Colabora con "La Nación" de Buenos Aires. Vuelve a Nicaragua y de ahí a El Salvador, donde el presidente de la República le nombra director del diario "La Unión".
1890. 23 años. Matrimonio civil en El Salvador. Golpe de Estado la noche de bodas encabezado por uno de sus invitados. Huye a Guatemala, donde el presidente de la República (y van 3) le nombra director y dueño del periódico "El Correo de la Tarde".
1891. 24 años. Matrimonio religioso en Guatemala. Traslado a Costa Rica, donde se incorpora a la redacción del periódico "La Prensa Libre". Nace su primer hijo.
1892. 25 años. Redactor en "El Heraldo de Costa Rica". Deja mujer e hijo en Costa Rica y se traslada a Guatemala. Es nombrado secretario de la delegación nicaragüense para la celebración de los actos del IV Centenario del Descubrimiento de América. Viaja a España (donde la Expo'92 se celebra en el caserón de Recoletos, hoy Biblioteca Nacional). Se aloja en Madrid en el mismo hotel en que vivía Marcelino Menéndez Pelayo y se cuela en su habitación cuando éste no estaba. "Era un cuarto como todos los cuartos de hotel, pero lleno de tal manera de libros y de papeles que no se comprende cómo se podía allí caminar. Las sábanas estaban manchadas de tinta". Conoce a Emilio Castelar, Cánovas del Castillo, la Marquesa de Pardo Bazán, Juan Valera, José Zorrilla, Campoamor... Vuelve a América, y en una escala en Colombia conoce al presidente de la República (¡y van 4!) que le nombra Cónsul Colombiano en Buenos Aires.
1893. 26 años. Muere su primera mujer. Darío conoce a su madre. En Managua y durante una borrachera es forzado a casarse. Viaja con su nueva mujer, embarazada, a Panamá, donde la abandona para embarcarse a Nueva York. De allí parte a París, donde entra en la bohemia parisina y conoce a Verlaine, que pronuncia su famosa invectiva "La gloire... ¡merde!". Finalmente se instala en Buenos Aires como Cónsul General de Colombia "Mi puesto no me dio ningún trabajo, pues no había nada que hacer, dado que no había casi colombianos en Buenos Aires y no existían transacciones ni cambios comerciales entre Colombia y la República Argentina".
1894. 27 años. El gobierno colombiano cierra el consulado en Buenos Aires. Darío, cofundador de la modernista "Revista de las Américas".
1895. 28 años. Obtiene la plaza de secretario particular del director general de Correos y Telégrafos de Buenos Aires. Excesos alcohólicos.
1896. 29 años. Profundiza en sus aficiones esotéricas. "En verdad, vivo de poesía. Mi ilusión tiene una magnificencia salomoniana. Amo la hermosura, el poder, la gracia, el dinero, el lujo, los besos y la música".
1898. 31 años. Primer viaje a España, como corresponsal de "La Nación" para informar del desastre colonial.
1899. 32 años. En Madrid y Barcelona, nuevas amistades: Jacinto Benavente, Mariano de Cavia, Valle-Inclán, Juan Ramón Jiménez. Noviazgo con la hija del guarda de la Casa de Campo. "En toda España hay poca afición a comprar libros, y quizá sea por esto que las librerías son de una pobreza desoladora".
1900. 33 años. Matrimonio (¡y van 3!) con su novia española. Corresponsal de "La Nación" en París paar cubrir la Exposición Universal. Viaja a Italia y visita al Papa. "La ignorancia española es inmensa. El número de analfabetos es colosal, comparado con cualquier estadística. En ninguna parte de Europa está más descuidada la enseñanza". "París 1900: Yo hacía mis visitas obligatorias a la Exposición. Fue para mí un descubrimiento miliunanochesco, y me sentí más de una vez en una pieza Simbad y Marco Polo, Aladino y Salomón, mandarín y daimio, siamés y cowboy, gitano y mujick".
1901. 34 años. Vive en París. Viaja por Bélgica e Inglaterra. Firma en Madrid, junto con los Machado, Unamuno, Azorín y Baroja una protesta por la concesión del Premio Nobel a Echegaray.
1903. 36 años. Cónsul de Nicaragua en París.
1904. Viajes por toda Europa.
1905. Viaje a España para participar en el III Centenario del Quijote.
1906. Invierno en Mallorca. Viajes a Madrid, Nueva York, Rio de Janeiro, Buenos Aires y regreso a París. "Ciertamente en mí existe, desde los comienzos de mi vida, la profunda preocupación por el fin de la existencia, el temor a lo ignorado, el pavor de la tumba".
1907. Su segunda esposa le demanda por polígamo. Tiene su tercer hijo, de su tercera esposa, y regresa a Nicaragua. Nombrado Embajador de Nicaragua en España.
1908. Se instala en el Hotel París de la madrileña Puerta del Sol.
1909. Cambio de gobierno en Nicaragua: Darío se autodestituye, abandona la Embajada y se traslada a París. "Nada ha ocurrido en la vida política española digno de particular mención: es el eterno cambio en la dirección del gobierno entre los que aquí llaman liberales, por llamarles de alguna manera, y los conservadores, que lo son de verdad".
1910. Nombrado enviado extraordinario de Nicaragua en los actos del Centenario de la Independencia de México. Golpe de Estado en Nicaragua provocado por los Estados Unidos: Darío vuelve a París, desde donde colabora con periódicos madrileños.
1911. En París dirige las revistas "Mundial Magazine" y "Elegancias".
1912. Cirrosis hepática. Viajes a Barcelona, Lisboa, Montevideo, Buenos Aires y Madrid. Vuelve a París, recibe homenajes.
1913. Enfermo en Barcelona y Mallorca. Época de profunda religiosidad.
1914. Comienza la I Guerra Mundial y viaja a Nueva York para dar una serie de conferencias pacifistas. Pleuresía.
1915. Traslado de Nueva York a Guatemala, donde queda prisionero del dictador Estrada Cabrera, que le obliga a componer poemas laudatorios. Rescatado por su segunda mujer, le lleva de vuelta a Nicaragua, donde escribe su Autobiografía.
1916. Muere el 6 de febrero, tras dos operaciones quirúrgicas, a los 49 años de edad en León, Nicaragua. Su cadáver es embalsamado y expuesto en la Universidad.


"-¿Ha leído usted?... ¡Pobre Rubén! Don Ramón del Valle-Inclán me daba la noticia funesta, enrojecidos por el llanto los ojos brujos.
- ¡Es horrible! ¿Con quién comentaré ahora mi "Lámpara maravillosa"? Rubén hubiera tomado su whisky, yo, mi pipa de cáñamo índico, y nos hubiéramos internado en el misterio. Él era un hombre que estaba en contacto con lo misterioso".


REVISTA POESÍA 34-45 PRIMAVERA 1991

9.5.06

Reading is sexy!


Amigos: presento un experimento, no sé si fallido, de publicar aquí un photoset de flickr.
Cuantas veces relodees las página tantas veces cambiarán las imágenes, randomizándose el photoset. Está claro ¿no? Pues reload.
www.flickr.com








Reading is sexyoddlibrarian's Reading is sexy photoset


También se puede ver todo de seguido aquí.

3.5.06

Librarian chic!


librarian chic (ly.BRAYR.ee.un sheek) n. A fashion style that uses elements of, or is inspired by, the styles stereotypically attributed to librarians.

Debo a Véase además una entrada, hace más de dos años, sobre la introducción del término "librarian chic" en la literatura profesional y dice que dice Tony Lozano que "Describe a aquellas personas, mujeres preferentemente, que se visten como si fueran bibliotecarias chapadas a la antigua como un nuevo estilo de moda".

Y hay un precioso artículo en THE TIMES del 22 de noviembre de 2004, sección "Fashion & Style" -lo cual lo dice todo- que acota: "Librarian chic, in its most popular use, is a slur — meaning a bit frumpy, a bit dusty, a bit not-exactly-of-this-moment. Oh, but how we disagree. We think it’s great: a little odd, a little pretty, a little kooky." Lo de "a little odd" me toca lo más hondo como Odd Librarian. Pero traduzco, que dije que las tonterías yo las diría en español: "Librarian chic es, en su uso más popular, una calumnia: significaría un poco anticuado, como sin gracia, casi polvoriento, algo que no correspondería a esta época; pero no podemos estar de acuerdo con esta definición, sino que más bien creemos que librarian chic es algo mucho mejor, es peculiar pero con encanto, y un poco estrambótico"

En el año 2003 ya había tratado el tema Deakialli en el post "¿Son todos los bibliotecarios así?"
Y la revista BUST (de nombre bastante sospechoso) incluyó en su número de Primavera 2004 un artículo sobre el "librarian chic" con imágenes que no he conseguido pero imagino. El título del reportaje era: "BABY GOT BOOK: librarians - could they be the new "it" girls?"



Bien. Vistos los títulos de crédito, vamos a introducir algo nuevo. El diario madrileño "El Mundo" trae los sábados un suplemento "femenino" que nunca me pierdo y que se llama "Yo Dona". El del pasado 22 de abril (¡víspera del día del libro y de los derechos de autor, hay que mondongarse!), número 51, traía un reportaje gráfico (de moda) llamado "PASANDO PÁGINA". Las referencias al look bibliotecario son sólo implícitas, pero yo leo entre líneas...
El texto en cabecera decía: "Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro y personalizada por zapatos, bolsos, joyas, relojes y, por supuesto, gafas de pasta. Imagen de la perfecta lady en plena jornada laboral."

Y las fotos, junto a la que abre este post, son las siguientes:







Ya véis lo que ven los publicistas. Freud lo habría tenido bastante claro: este look de entre fines de los 50 y principios de los 60, de rubia teñida con la raya bien pintada, perlitas, taconazos, leve escote no revela más que una infancia infeliz y reprimida. Supongo que el publicitario en cuestión sentía un morbo especial por la secretaria de su colegio, la enfermera de su centro de salud, o la bibliotecaria infantil. Si en lugar de anuncios hiciera películas sería Alfred Hitchcock, que también adoraba este look. No es casual el parecido con Kim Novak, que comenzó su carrera como... oficinista glamourosa. O con Tippi Hedren, otra actriz-fetiche de Hitchcock. Rubias, serias, cejas oscuras, look librarian chic...

Por pudor a las damas he ocultado del reportaje gráfico los precios de los vestiditos, tops, blaziers, bolsos, collares, gafas de concha, etc. Sólo recuerdo uno: un bolso de 1.080 €. No está mal ¿verdad? Lo he dicho cienes de veces y no me cansaré de repetirlo: si tuviéramos un colegio profesional no pasarían estas cosas.

Pero la cosa es que el chic bibliotecario existe, incluso con sueldos reales. Cuando mi nunca suficientemente admirada Srta. Pepis trajo a la biblioteca a una de sus adolescentes -entonces- hijas, ésta -la hija en cuestión- reprobó a su madre el look de dependienta de El Corte Inglés que traía a un centro en el que se codeaba con compañeras tan glamourosas como las componentes del Consorcio Bibliotecario "Maruja's Corner" (del que no puedo ofrecer imágenes; se trata de una Sociedad Secreta, lo siento). Pero si nos pagaran la productividad en función del glamour bibliotecario ya veríamos, ya.

Y como para lo que estoy aquí es para ofrecer imágenes que aporten algo a LA IMAGEN SOCIAL DEL BIBLIOTECARIO allá van otras más, halladas por ahí, algunas ya las conocéis:




Esta de la Marilyn con gafas es el complemento de la que puse el otro día, colocando libros. No es seguro que Marilyn fuera bibliotecaria en una vida anterior (de hecho no figura en la plantilla de bibliotecarios célebres pero por otra cosa) pero con esto del karma nunca se sabe, la verdad. Deberían inventar un buscador (tipo Google) de vidas anteriores (y digo tipo Google porque la caché de Google es un poco el limbo y un poco el purgatorio de las páginas extintas y pasadas a otra vida; pero me voy de mi tema). Vuelvo.



Y esta es de otra jamona minifaldera escotada: en este caso está quitándole el polvo a los libros, lo cual también es tarea bibliotecaria. Moño, gafas de concha con cadenita, rebequita por si refresca... todos los tópicos presentes.


De esta comprendo el texto pero hay algo que se me escapa. ¿Es un juego de palabras cochino que no entiendo? My english is perfect. Lo escribió un bibliotecario, lo cual en principio no sé si es bueno o es malo. Siguiente...


Esta se llama "literary vamp" y la he plagiado de "literary vamp" que es una colega mía que escribe sobre bibliotecas y hace crítica literaria: "I claim no intellectual brilliancy, and am writing reviews for my own benefit rather than out of mistaken glory." Como yo. Solo que yo no enseño la liga.



A estas dos ya las vimos con el tema de los carritos, creo, pero es que tienen un no sé qué de pase de modelos "vintage", y aunque no llevan gafas de concha la una porta moño y la otra la consabida rebequita. Y las poses: las poses son de lo más librarian chic. Ni mandan callar ni abroncan al lector disipado: simplemente sonríen a la Humanidad desde el carrito de la biblioteca.



Esta tan años 40 con unos improbables shorts, altísimos tacones, y escote "palabra de honor" es como un decálogo del no-look bibliotecario, la verdad. Es que la tía ni siquiera mira el libro, ni está tras un mostrador de biblioteca (¡claro! tenía que mostrar la cacha), ni el taburete es un taburete bibliotecario, ni gafas, ni rebequita, ni moño, ni nada de nada. Que no sé qué pinta aquí la chica.



Y la última, de esas sacadas de una serie de imágenes porno, donde la primera es con look bibliotecario (o de enfermera, maestra, oficinista... de nuevo llamemos a Freud) y en la última se le ven hasta las amígdalas a la chica. Os disculpo de visionar la serie completa: en todo caso la mejor es siempre la primera. Y cómo negar que es mucho menos glamourosa que otras anteriores: ¿por qué esos tacones años 50 con medias de costura? ¿por que ese traje de raya diplomática? ¿por que esas gafas de azafata del 1, 2, 3...? ¿por qué esas estanterías forradas de libros encuadernados en guaflex, que parecen un coleccionable de RBA, y ni están tejuelados? ¿por qué ese escritorio de anticuario? No cuela, maja, tú no eres bibliotecaria. Te falta lo que decíamos al principio: Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro...
Related Posts with Thumbnails