Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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21.11.09

Una bibliotecaria relativa

La señora del perrito no es otra que Johanna Fantova, bibliotecaria célebre pero por otra cosa: fue la última novia, relativamente hablando, de Albert Einstein.

Una guapa bibliotecaria de Praga fue el último amor de Albert Einstein. Con Johanna Fantova, 22 años menor que él, el físico y Premio Nobel salía a navegar en el Lago Carnegie de Princeton, Estado norteamericano de Nueva Jersey. Le escribía poemas y le dibujaba pequeñas caricaturas. E incluso le permitió cortarle su melena blanca.
Y es cierto que se ha escrito poco sobre el pluriempleo bibliotecaria-peluquera, aunque nuestro personaje de hoy también encaja en la categoría de bibliotecaria-diarista o de bibliotecaria-guardiana. Me explico: buscando buscando en los cajones de los despachos de la Biblioteca universitaria de Princeton apareció un viejo cuaderno manuscrito de 62 páginas “Gespräche mit Einstein” (Conversations with Einstein), diario en el que la Fantova relata como Einstein mantuvo intacto hasta el fin de sus días ese sentido del humor que le hizo formular teorías tan simpáticas como para que aún sigamos pensando que hablaba en serio.

La Fantova, bibliotecaria temática especializada en física (se podría decir: bibliotecaria que destacaba por su físico ¿no?) convivió con su físico relativo durante años, y describió su relación en este diario, catalogado actualmente como monografía. Además, Einstein para garantizar económicamente el futuro de Johanna le dejó a su compañera de tantos años su teoría general y uniforme del campo. Y cuenta en su diario cómo Einstein veía como una cosa simpática el que le escribieran locos de todo el planeta ofreciéndole diferentes teorías de la relatividad y cosas por el estilo.

Albert Einstein, enormísimo cronopio.

Cuyo interés bibliotecario había comenzado en una visita a Ranganathan en la India. Se confundió de telefonillo (estaba escrito en sánscrito) y entró en casa de Tagore, que le ofreció un té. Einstein nunca supo de su error, según fuentes sánscritas.

¿Ustedes lo habrían notado?


20.7.09

Célebres pero por otra cosa (15)


Bill Kaysing (1922-2005)

No me digan que este señor no es célebre ni por bibliotecario ni por otra cosa. No me digan que no saben quién es. No me digan que qué pinta la foto(montaje) del alunizaje del Apolo XI en este blog de bibliotecarios. No me digan que ya están empezando a sospechar que a ver si algún bibliotecario tuvo que ver con la famosa "teoría de la conspiración" del falso alunizaje del que hoy se celebran 40 años. No me digan que van atando cabos, que algo han oído del asunto.


Pues vayan atando cabos. En mayo de 1961 el Presidente Kennedy dijo aquéllo de "Creo que esta nación debería comprometerse a lograr el objetivo, antes de que acabe esta década, de llevar un hombre a la Luna y traerlo de vuelta sano y salvo a la Tierra" justo para contrarrestar el periplo espacial del ruso Yuri Gagarin. El 21 de julio de 1969 (hoy hace 40 años) el comandante Neil Armstrong, el piloto Buzz Aldrin y el piloto Michael Collins llegaron a la luna. Nei Armstrong bajó de la nave, pisó el polvo lunar y dijo entonces aquéllo de "Un pequeño paso para el hombre, un gran paso para la Humanidad". Hicieron unas fotos y se marcharon. Volvieron a casa con la hoja de ruta proporcionada por la estación de seguimiento de satálites de Robledo de Chavela. Y Jesús Hermida lo contó todo en blanco y negro.

Y esta noche lo podremos ver todo de nuevo en RTVE: "Regreso a la luna".

Y la teoría de la conspiración no se hizo esperar. Dicen que durante la propia retransmisión de las imágenes más de uno dijo "incredible" pero literalmente. Y entonces entra en juego el bibliotecario.


Bill Kaysing era el bibliotecario de Rocketdyne, una empresa subsidiaria de North American Aviation, la compañía que después fabricó el Saturno 5 -el cohete que puso en órbita las misiones lunares. En 1974 publicó un panfleto, We never went to the Moon (Nunca fuimos a la Luna), que pasó editorialmente desapercibido, pero del cual han bebido todos los partidarios de la conspiración, que ha sido ampliamente difundida y que pretende, entre otras cosas, que las escenas lunares fueron filmadas en un estudio de Las Vegas por Stanley Kubrick (que reaprovecharía materiales en 2001 Odisea en el espacio) basándose en las fotografías tomadas por los astronautas (que si tienen dos sombras, que si se ve una botella de Coca-cola) y en la falta de tecnología suficiente para ello (30 años después un ordenador como el del Apolo 11 apenas servía para hacer un Tetris).

Su libro tiene 87 páginas y la mitad están ocupadas por fotografías (...) Mis preferidas son las que demuestran que el cuartel general del engaño estuvo en los alrededores de Las Vegas: vistas de la ciudad, de la piscina de un hotel, del buffet del Hotel Casino Dunes -"Otra razón por la que los astronautas y sus jefes eligieron el área de Las Vegas", escribe Kaysing-, de una joven exhibiéndose en biquini -"Las recepcionistas y secretarias del centro de control del Proyecto de Simulación Apollo fueron reclutadas en los casinos de Las Vegas, lo que añadió atractivo al lugar"- y de mesas de juego.


Con el cuadragésimo aniversario se está reviviendo estos días la teoría de la conspiración del Apolo 11, debida a un bibliotecario que leía a Marco Aurelio, y a la que con los años se han sumado otras que afirman que en realidad los astronautas destruyeron pruebas de la presencia de selenitas civilizados, o que encontraron pruebas de la presencia de los egipcios, o de los tartessios, o que John Lennon se fugó a vivir a una isla desierta con Elvis Presley como fruto de un convenio de abducciones consorciadas entre Microsoft y la CIA.

¿Más bibliotecarios conspiradores?

Y ya para terminar, unas cuantas frases de las que pudo haber dicho Neil Armstrong conforme se bajaba de la escalerilla:


Scipt manufacturado por Iulius ;-)


13.7.09

Célebres pero por otra cosa (14)


Manolo Blahnik (1942- )

Zapatero total, autor de "los manolos" (una de las marcas de calzado más prestigiosas del mundo y de las más caras). Como que 3.000 € te puede cobrar por un par de zapatos. Este canario, amigo de Paloma Picasso, Jacqueline Kennedy o Yves Saint-Laurent, que viste los pies de Madonna y de muchas muchimillonarias del hemisferio norte, resulta ¡pásmense! que podía haber sido bibliotecario y no lo fue. Y nos lo cuenta en El Faro de Vigo, no en Vogue ni en EPI.

–¿Cómo aprendió el oficio?
–Nunca lo he aprendido. Mis padres veían que yo era un niño raro que no iba a servir para recoger plátanos. Me mandaron a Ginebra con mi tío y pensé en estudiar Derecho Internacional o Literatura. Me di cuenta de que no me veía como bibliotecario o profesor y se me ocurrió irme a París y después a Londres. Supe que quería transmitir cosas a través del trabajo de mis manos y aquí me tienes.

Ahí lo tienen. Lo que se ha perdido. Claro que de haberse dedicado él a esto de la Biblioteconomía en lugar de a la Zapatificación, a lo mejor me había desbancado del papel de comentarista del "librarian look", "librarian chic" y hasta de los "librarian shoes" que he reseñado en otras ocasiones, según consta aquí.

Claro que lo mismo que hemos encontrado (via Tökland) una señora que convierte viejos e infumables libros en glamourosos bolsos chic, podríamos haber conocido quien, por medio de un mashup zapatotecario, transformara en bailarinas los códigos civiles, en stilettos los manuales de gestión de empresas, en deportivas las enciclopedias, en chanclas, finalmente, el Diccionario de la RAE. La Historia está llena de ocasiones perdidas, como esta.

Y menos mal que si con el tiempo el negocio de los zapatos para las famosas no prosperara, siempre le quedaría a Don Manolo la oportunidad de retomar su truncada carrera de bibliotecario y ofrecerse como ídem especializado al Museo del Zapato de Imelda Marcos (en la imagen supra una balda, vean cómo están todos sin tejuelar). La que fuera Miss Manila en 1950, esposa del Presidente Marcos y ministra en su gobierno filipino acumuló cientos, dicen que miles de zapatos, que abandonó en su huida del país, sin catalogar ni clasificar. He aquí una oportunidad de trabajo para un buen profesional de la información. De nada.

24.5.09

Espías como nosotros






En "El espía que surgió del frío" se produce el siguiente diálogo entre un espía y una bibliotecaria:
Bibliotecaria: ¿Sabe usted archivar?
Richard Burton: Si
B.: ¿Tiene letra legible?
R.B.: Nunca en fin de semana...

El espía es Alec Leamus (papel interpretado por Richard Burton), un bibliotecario alcohólico y mal pagado que hace el papel de agente doble entre la biblioteconomía (Information Science) y el espionaje (Information Services), que conoce a la atractiva bibliotecaria comunista Nan Perry (papel interpretado por Claire Bloom) con la que mantiene un tórrido affaire sentimental en el que se mezclan el alcohol, la duda psicológica, los sentimientos de culpa, la política de la guerra fría y la Clasificación Decimal de Dewey.

Vean aquí el precioso tráiler de época sobre esta peli, donde no sale la biblioteca pero sí los bibliotecarios en cálido arrumaque:






Todo este asunto me ha tenido pensando pensando, como en el anuncio de "Centella", y la cosa es que revisando papeles de aquí y de allá, servicio de información que soy en mí mismo, he empezado a columbrar las conexiones entre espías y bibliotecarios, algunas de las cuales quiero exponer esta mañana, aún a riesgo de sacar del armario a alguien.

¿Y quién sabe más de armarios que un archivero? Mi suegro tiene una cuñada archivera, de la que dice maliciosamente que es un archivador. Pero un archivero, no hagamos caso a mi suegro, es un pedazo de profesional de la información, y por tanto cercano al agente de información, asunto que nos ocupa esta plomiza mañana. Yo de archiveros no sé gran cosa, y quizá debo iniciar hoy una serie "Archiveros célebres pero por otra cosa", que podría inaugurar por la puerta grande la Reina de los Espías, Stella Rimington, que fue archivera, luego bibliotecaria y luego espía. Cazi ná.





















Les presento por la presente al original y su modelo. Stella Rimington (a la derecha) es en la actualidad novelista, escribe novelas de espías. Desde que se jubiló en 1996 de su anterior trabajo como Superindendente del MI5, el Servicio de Inteligencia del Reino Unido. Esta señora londinense a la que esperaba una aburrida vida de inglesa media, que trabajó de maestra en un colegio de niñas, que se fué de au pair a Francia antes de entrar a estudiar en la Universidad, consiguió un trabajo de archivera en el Condado de Worcester en 1959, donde conoció a su marido, usuario del archivo y con el que una vez casados se mudó a vivir a Londres, donde entró a trabajar en la Biblioteca de la India Office, que es lo que se llama "un departamento difunto" cuyo archivo y biblioteca se puede consultar gracias a la British Library. Pues bien, de la Oficina de la India pasaron a irse a vivir a Nueva Delhi, el La India, donde el hombre había sido designado para llevar la oficina de asuntos económicos. Como tantas veces pasa, la mujer se aburría, total que le ofrecieron el puesto de ayudante o de secretaria de uno de los comisionados de la embajada... que resultó ser un espía, nada menos que el representante del MI5 en India, así que el hombre la reclutó de espía. Doña Stella trabajó en espionaje, contraespionaje, antisubversión, antiterrorismo, tuvo dos hijas, se divorció del marido, estuvo destinada en Moscú (no sabemos si con las niñas) y acabó siendo nombrada Directora General del MI5, de hecho la primera mujer que lo dirigía y su primer director en salir del archivador, digo del armario: osea, el primero cuyo nombre y foto son públicos.

¡Y tan públicos! Stella Rimington inspiró el personaje de "M", la jefa de James Bond en Casino Royale y otras pelis. Dice en el periódico: "Me sentí muy halagada porque sé con certeza que inspiré el personaje de M interpretado por Judi Dench en el cine. En la película incluso aparecía con el mismo corte de pelo y el traje idéntico al que lucí en mi comparecencia televisiva como directora general del MI-5". Y ahora escribe novelas protagonizadas por la agente Liz Carlyle, "agente de inteligencia en la treintena, que apenas logra conciliar su vida laboral y privada, sufre como cualquier londinense los habituales parones del metro cuando acude a su oficina del Millbank, a orillas del Támesis, y parece desconocer los secretos del martini agitado, no revuelto."

Pero no se vayan a creer que aquí queda la cosa. Ya dediqué otra ocasión a contarles la historia de otro de los grandes espías bibliotecarios, John Edgar Hoover, fundador del FBI americano, a la que saqué jugo suficiente por lo que no reincido. Pero me he encontrado todo un libro "The librarian spies" que estoy deseando leer a ver si me revela el modo de enrolarme en plan Roldán.

Amárrense a los machos: "In 1950, Senator Joseph McCarthy declared that the State Department was a haven for communists and traitors. Among famous targets, like Alger Hiss, the senator also named librarian Mary Jane Keeney and her husband Philip, who had been called before the House UnAmerican Activities Committee to account for friendships with suspected communists, memberships in communist fronts, and authorship of articles that had been published in leftist periodicals." Osea, encima de tener amigos sospechosos de ser comunistas, escribían artículos en revistas de izquierdas ¡A la hoguera! ¡Y yo con ellos! Menos mal que en lugar de fusilar a la bibliotecaria filocomunista, la dejaron en paz, y la mujer abrió un cine donde echaban pelis en idiomas extranjeros, hecho por el que, que se sepa, no sufrió condena.

Y además más cosas: antes he mencionado a Roldán. ¿No le encuentran vds. un bonito parecido con el Superintendente Vicente, de la T.I.A.?
























Mortadelo y Filemón son los primeros profesionales de la información de mi imaginario poético: "Mortadelo y Filemón, agentes de información" un par de agentes secretos (Information Services) de la organización, conocida como la T.I.A. (Técnicos en Investigación Aeroterráquea), que vela por la seguridad de los ciudadanos manteniendo a raya a todo tipo delincuentes y maleantes. A pesar de que las lenguas bípedas han querido ver en el personaje de Ofelia, la secretaria eternamente deseosa de Mortadelo, a una bibliotecaria, yo opino que se parece más bien a Monipeni (la secretaria eternamente deseosa de James Bond).

Con lo que se cierra aquí el círculo, que comenzamos con el espía superatractivo Richard Burton, y acabamos con el no menos deseable profesional de la información Mortadelo, pasando por James Bond y algunos de sus secuaces. Vds. dirán si la cosa estuvo bien llevada.

¡Hala, a disfrutar!


16.5.09

El peligro amarillo






Me van a perdonar vds. que esté un poco desengrasado después de tantos meses sin hincarle el diente a La Imagen Social del Bibliotecario, de modo que si me chirrían un poco los engranajes o no consigo elevar el volumen de sus carcajadas como antaño sepan que la culpa es del tiempo, todo locura. Ítem más, para ir entrando en calor me veo obligado a retomar viejos asuntos, sólo esbozados en mi anterior etapa. Hoy volveremos con el asunto de los bibliotecarios chinos, de los que pocas pero algunas referencias encontraremos en post anteriores.

La cosa empezó con Lao Tsé, "El viejo-niño" llamado así porque dicen que nació con la barba blanca, lo que viene a querer decir entre los chinos que el taoísmo es cosa de ancianos (mientras que el confucianismo es de jóvenes). Taoísmo y confucianismo, los dos modos antitéticos que mantienen en equilibrio la vida de los chinos, son dos escuelas filosóficas surgidas, según una leyenda, del diálogo entre un bibliotecario y su usuario: si hay que creer que Lao Tsé y Confucio son contemporáneos, podemos creer además que Lao Tsé fue bibliotecario en la Biblioteca Imperial de Luoyang, donde el Emperador Wu de la dinastía de los Zhou le habría encargado el cuidado y el estudio de la Historia, la Filosofía y la Literatura. También podemos creer entonces que una buena mañana Confucio madrugó para dirigirse a la biblioteca a leer unos libros y se encontró por el camino (el Tao, en chino) con Lao Tsé;
se enfrascaron en una conversación de varios meses sobre el ritual y lo apropiado, cimientos del confucianismo. Lao Tsé se oponía a lo que consideraba prácticas vacías, y la leyenda taoísta sostiene que estas discusiones fueron más provechosas para Confucio que para el contenido de la biblioteca. Lao Tsé renunció luego a su puesto, quizás por la decreciente autoridad de la corte Zhou. Algunos relatos sostienen que viajó hacia el oeste montando un búfalo de agua, a través del estado de Qin. Cuando llegó al paso de Shanggu, el guardián Yinji reconoció al ilustre filósofo. Le suplicó que se quedase un año en su casa, antes de marcharse al destierro y escribiese un libro exponiendo su doctrina. El maestro se dejó convencer, escribiendo el Tao Te Ching (Libro por el Camino; no confundir con "On the Road, de Jack Kerouac, también escrito en forma de rollo por cierto) y después marchó más al Oeste, adentrándose en el país de los Bárbaros, donde su rastro se pierde para siempre.
De donde se deduce que:
  1. nuestros actuales diálogos con los usuarios, simples entrevistas para definir sus perfiles de intereses informativos en el mejor de los casos, nunca llegarán a devenir en fundación de complejos sistemas filosóficos normativistas ni en delicadas místicas de la simplicidad, como son el conficianismo y el taoísmo. Reivindiquemos, pues, una atención al usuario que pueda desarrollar conversaciones de meses de duración.
  2. la autoridad decreciente de nuestros jefes puede hacernos renunciar a los puestos de trabajo, lo cual me da mucho que pensar y poco que decir.
  3. nosotros somos los Bárbaros (lo que hablan diciendo "bar, bar", osea "bla, bla") a los que llegó el bibliotecario a lomos de su búfalo. Y el búfalo ya no lo tenemos, pero quizá no tengamos un bibliotecario tan famoso como Conan the Barbarian.

Corto aquí mis argumenos con esta bonita imagen de un bibliotecario chino tomando un café con leche mientras analiza las analectas bibliotecarias, y aprovecho para tomarme otro yo mismo.

Y pasemos tras el café al segundo bibliotecario chino de nuestra historia, célebre pero por otra cosa: se trata ahora de Arcadio Huang (Fujian 1679 - París 1716), precursor de la enseñanza del chino entre nosotros los bárbaros. Autor de una gramática china y del primer diccionario chino-francés, Arcadio Huang fue bibliotecario del Rey Sol, Luis XIV de Francia y de Navarra.

Huáng Jiālüè nació en una familia de chinos cristianos, fue bautizado por un jesuita español el 21 de noviembre de 1679 con el nombre de Arcadio, y recibió la formación adecuada para convertirse en letrado, que es la máxima ambición de los poetas en China. Debió de suspender las oposiciones, no nos lo dice la Historia, porque la cosa es que en lugar de hacerse letrado embarcó para el Oeste. En lugar de un búfalo usó un barco, donde viajó en 1702 a Londres, París y Roma. En Roma estuvieron en un tris de ordenarle sacerdote, oferta que gentilmente declinó y volvió a París, donde llevó una vida civil como interprete de chino en la corte del Rey Sol, que le encargaría de la catalogación de los libros chinos de su biblioteca.

Y en esta Imperial Biblioteca se produce otro simpar encuentro entre bibliotecario y usuario que deja como fruto una importante obra literaria. Arcadio Huang conoció en la biblioteca al escritor Montesquieu, con quien debatió horas y horas sobre las costumbres occidentales desde el punto de vista de un oriental. Años después el francés publicaría sus Cartas Persas, en las que transforma su interlocutor chino en tres persas que ironizan sobre las costumbres occidentales.

Arcadio Huang frecuentaba los salones parisinos, donde podemos imaginar que levantaría bastante atracción entre las chicas (por ser chino, no por ser bibliotecario). Allí conoció a la parisina Marie-Claude Regnier, con la que se casó y con la que vivió su trágico final: la mujer murió del parto de su primera hija, Arcadio Huang un año más tarde, y la niña a los pocos meses. De modo que aquí termina la historia de este bibliotecario.

Pero avancemos un poco más en la Historia, que nos depara el encuentro con otro bibliotecario chino célebre pero por otra cosa: Li Dazhao (1888-1927), uno de los fundadores del Partido Comunista Chino, junto con Chen Duxiu.

Li Dazhao estudió en Japón y se convirtió en bibliotecario jefe de la Universidad de Pekín, donde creó un grupo informal de estudios sobre el marxismo. El Decano de la Universidad era entonces Chen Duxiu, que le encargó la coordinación de un número monográfico de la revista "Nueva Juventud", que se había convertido en el órgano de difusión de las nuevas ideas, desde la crítica al confucianismo a la propuesta del uso del chino informal frente al clásico. Es curioso, por esos años colaboraba también con la revista una jovencita de Madrid llamada Marcela de Juan.

De modo que por un número monográfico de una publicación periódica de carácter universitario, que pudo ser catalogada como serie o como monografía, lo mismo me da que me da lo mismo, se introduce el marxismo en China.

Así, Li Dazhao se convirtió en el introductor del marxismo en China. En colaboración con Chen Duxiu comenzó a atraer a jóvenes interesados en el marxismo y el movimiento despertó la atención de la Unión Soviética, que a través de la organización internacional Komintern intentaba propagar el comunismo en el mundo.
¡Eso para que luego digan que no tienen visibilidad las publicaciones periódicas monográficas del entorno universitario y que no publican en inglés ni vacían sus artículos en el WOK!


Y terminaremos nuestro periplo por los bibliotecarios chinos esta mañana sin marcharnos muy lejos de la Biblioteca de la Universidad de Pekín, Li Dazhao y el Partido Comunista Chino: con Mao Tse Tung.

Porque Mao Tse Tung también fue bibliotecario, y trabajó a las órdenes de Li Dazhao en la Biblioteca de la Universidad de Pekín. Cuentan que entró por enchufe de su profesor de secundaria y futuro suegro, el profesor Yang Changji, que le colocó no sabemos si de becario o con un contrato temporal. Cuentan también que no tuvo muy buena relación con el bibliotecario jefe y fundador del Partido que Mao lideraría durante décadas. Cuentan que mientras estudiaba, tuvo ocasión de dedicarse a la lectura, lo cual influyó notablemente en su vida. Cuentan que también en Pekín contrajo matrimonio con su primera esposa, Yang Kaihui, estudiante de la misma universidad e hija del profesor Yang Changji.

De modo que ¡bibliotecario! ¡compañero! Si ves que tu becario hace manitas con la hija del catedrático ¡guárdate de los idus de marzo!

Y para terminar con una nota de humor, cosa que nos caracteriza pero que es difícil de invocar después de hablar de Mao, que era muy serio el hombre, vamos a ver un par de imágenes de las modernas y actuales bibliotecarias chinas. Si son célebres será... ¡por su imagen social! Juzguen ustedes mismos:

Y adios y adios.

ADDENDA: SU DONGPO (1037–1101)

Me entero después de terminar el post de que entre los miles y miles de famosos poetas chinos clásicos hay uno grande y bibliotecario, Su Dongpo, también conocido como Su Shi (蘇軾), escritor, poeta, calígrafo, farmacéutico, funcionario, experto el literatura de viajes y en ingeniería hidráulica... y bibliotecario en la Biblioteca Imperial (1065). Cayó en desgracia y en 1071 fue deportado a Hangzhou, y despues a Xuzhou, Huzhou y Zizhou; en 1079 fue detenido y encarcelado, y más tarde depuesto de su cargo y destinado a Huangzhou como "funcionario de bajo rango" y con vigilancia, por lo que se hizo ermitaño. Volvió a caer en gracia y en 1085 fue nombrado miembro de la Academia Imperial, desde 1089 gobernador de Hangzhou, Yinzhou y Zhizhou, y finalmente Ministro de Guerra, hasta que en 1093 cayó de nuevo en desgracia y fue deportado a la isla de Hainan; murió en 1101 en Changzhou.

Dejó escrito esto:
Todos quieren tener un hijo inteligente,
pero la inteligencia me ha arruinado la vida.
Así que quiero que mi hijo
sea tonto y estúpido:
sin penas ni penalidades
llegará a ser ministro.


[Traducción de Guojian Chen]


29.6.07

Célebres pero por otra cosa (13)

Si no sabes qué libros llevarte a la playa este verano, puedes seguir alguna de las recomendaciones de los diarios, como The Guardian, Le Monde, o The Times, o puedes leer entre granos de arena y manchas de coppertone las obras completas de todos o alguno de los filósofos que hoy presentamos dentro de la serie "Bibliotecarios célebres pero por otra cosa", que no en vano alcanza el número 13. Observarás que algunos llegaron a la celebridad por la Filosofía, mientras que otros no si hicieron famosos como filósofos sino por otra cosa (son filósofos célebres pero por otra cosa, pues), pero todos ellos tienen algo que merece la pena conocer por los bibliotecarios del mañana, del hoy y del ayer por la tarde.


Gottfried Wilhelm von Leibniz (1646-1716).
Filósofo alemán nacido en Lepizig. Si hubiera nacido en Bremen, por ejemplo, se habría llamado Breibniz. Pero nació en Leipzig, y se llama Leibniz. Aunque no siempre se llamó así. De pequeño se llamaba Leibnitz, como su padre, que era profesor de filosofía moral, pero se le cayó la T de joven y empezó a firmar como Leibniz. Luego se murió y la gente empezó a llamarle Leibnitz, con la T paterna, y a eso del siglo XX la gente volvió a llamarle Leibniz. Todo esto lo cuento así de extenso para que veamos la importancia de los ficheros de autoridades, las notas de "véase" y "véase además", y el catálogo diccionario.

Vamos ahora con su vida. Dice Bertrand Russell que Leibniz "ha sido uno de los intelectos supremos de todos los tiempos, pero como ser humano no fue admirable. Tenía, ciertamente, todas las virtudes que desearíamos encontrar en un informe sobre un empleado en perspectiva: era laborioso, económico, sobrio y honrado en cuestiones de dinero. Pero estaba totalmente desprovisto de (...) virtudes superiores filosóficas". Hay que tener en cuenta , a su favor, que como matemático descubrió el cálculo infinitesimal, que inventó el sistema binario y que además dijo que vivimos en el mejor de los mundos posibles. Al menos él, que vivió buena parte de su vida como empleado al servicio de la Casa de Brunswick, como bibliotecario, y donde "cultivó la amistad con diversas damas de la corte, tales la Electora Sophia de Hanover, Sophía Charlotte de Hanover y Caroline de Ansbach. Fue corresponsal, consejero y amigo de ellas, en una relación más cálida que la que con él tuvieron sus esposos" [Wikipedia]. De su buena relación con las mujeres dice Bertrand Russell: "Cuando alguna dama de la corte se casaba, acostumbraba a hacerle lo que él llamaba un "regalo de boda", consistente en máximas útiles que terminaban con el consejo de no abandonar el lavabo ahora que había conseguido un marido. La Historia no nos dice si las novias quedaban agradecidas".

Su aportación a la Biblioteconomía no es baladí: Leibniz fue el primer bibliotecario en confeccionar un catálogo alfabético de autores y el primero en diseñar un edificio específicamente para albergar una biblioteca; en su tiempo ganó mucha fama como bibliotecario (lo que me da ganas de sacarle de esta antología, pero no) hasta el punto de que recibió la oferta del Vaticano de convertirse en bibliotecario jefe de la Biblioteca Vaticana, cargo que rechazó para no tener que convertirse al catolicismo (y para no tener que renunciar a estar rodeado de mujeres, añado yo de mi cosecha, que yo también sé atar cabos).


Cheshire Cat (1865- )
El gato de Cheshire es un personaje de la novela Alicia en el País de las Maravillas, escrita por el bibliotecario Charles Dogson, que firmaba como Lewis Carroll, para la niña Alicia Liddell, hija del decano (y jefe) de Carroll y que presuntamente acabaría sus días como bibliotecaria, aunque no se ha podido demostrar este extremo. Pues en esta obra parece que no aparece ningún bibliotecario, pero mirando bien veremos que el Gato de Cheshire lo es. Se trata de un gato vacilón que aparece en un par de ocasiones para despistar, en apariencia, a Alicia cuando no sabe qué camino tomar, pero que posiblemente salva su vida cuando la Reina de Corazones ordena ¡que le corten la cabeza!; el gato hace desaparecer su cuerpo, y sólo con la cabeza visible provoca un debate ontológico y deontológico entre el Rey y la Reina sobre si se puede decapitar una cabeza sin cuerpo, momento que aprovecha Alicia para darse cuenta de que se trataba sólo de un mazo de cartas... y despertar.

Antes habría mantenido esta conversación con Alicia:
"Please, would you tell me," said Alice, a little timidly, ... "why your cat grins like that?"
"It's a Cheshire cat," said the Duchess, "and that's why."
"But I don't want to go among mad people," Alice remarked.
"Oh, you can't help that," said the Cat: "We're all mad here. I'm mad. You're mad."
"How do you know I'm mad?" said Alice.
"You must be," said the Cat, "or you wouldn't have come here."
Alice didn't think that proved it at all: however she went on. "And how do you know that you're mad?"
"To begin with," said the Cat, "a dog's not mad. You grant that?"
"I suppose so," said Alice
"Well, then, " the Cat went on, "you see a dog growls when it's angry, and wags its tail when it's pleased. Now I growl when I'm pleased, and wag my tail when I'm angry. Therefore I'm mad."
"Would you tell me, please, which way I ought to go from here?"
"That depends a good deal on where you want to get to," said the Cat.
"I don't much care where –" said Alice.
"Then it doesn't matter which way you go," said the Cat.
"– so long as I get somewhere," Alice added as an explanation.
"Oh, you're sure to do that," said the Cat, "if you only walk long enough."
Lo cual no demuestra que sea bibliotecario. Pero lo es, quizá de un modo más profundo. Se sabe porque más recientemente Jasper Fforde, aviador y novelista, viene escribiendo una serie de novelas bajo el epígrafe de Thursday Next, uno de cuyos personajes es un gato, bibliotecario de la Gran Biblioteca del Mundolibro bajo el nombre de Unitary Autorithy of Warrington Cat. Quod erat demonstrandum. ¿O no?


Muhammad Jatami (1943- )
Ex-Presidente de Irán y filósofo en la reserva, quizá Jatami, o Jatamí como dicen en la tele, sea el más famoso de los bibliotecarios célebres pero por otra cosa que están vivos; puede que hasta haya sido el bibliotecario que más veces ha salido en la tele (en dura competencia con Gloria Fuertes, quizá) pero sin duda es el bibliotecario al que mayores multitudes han aclamado en las plazas públicas. Como Presidente pudo haber sido su Adolfo Suárez y haber conducido a Irán por una Transición hacia la democracia y la modernidad, pero se quedó en un Enrique Tierno al que todos zancadillearon hasta hacerlo caer y en las elecciones de 2005 elegir como presidente de Irán a Mahmud Ahmadineyad, que ha conseguido colocarse de nuevo en un puesto central del Eje del Mal.

Pero bien, la cosa es que Jatami estudió Filosofía Occidental en la Universidad de Ispahan, Ciencias de la Educación en la de Teherán, más siete años de Ciencias Islámicas, tras los que pasó a dirigir el Centro Islámico de Hamburgo, hasta 1980 en que la Revolución Iraní le nombró diputado, más tarde Ministro de Cultura, y finalmente (entre 1992 y 1997) Director de la Biblioteca Nacional de Irán. Hoy es miembro de la Alianza de Civilizaciones. Hay que decir, además, que está casado con la hija de uno de sus profesores, que tiene tres hijos, y que ha escrito todos estos libros:
  • Fear of the Wave (بیم موج)
  • From the World of the Polis to the Polis of the World (از دنیای شهر تا شهر دنیا)
  • Faith and Thought Trapped by Despotism (آیین و اندیشه در دام خودکامگی)
  • Democracy (مردم سالاری)
  • Dialogue Among Civilizations (گفتگوی تمدنها)
  • A Letter for Tomorrow (نامه ای برای فردا)
  • Islam, The Clergy, and The Islamic Revolution (اسلام، روحانیت و انقلاب اسلامی)
  • Political Development, Economic Development, and Security (توسعه سیاسی، توسعه اقتصادی و امنیت)
  • Women and the Youth (زنان و جوانان)
  • Political Parties and the Councils (احزاب و شوراها)
  • Reviver of the Truth of Religion [title roughly translated from Persian] (احیاگر حقیقت دین)
De los cuales ¿cuáles te llevarías este verano a una isla desierta?

21.5.07

Beda el Friki


El 25 de mayo se celebra el Día del Orgullo Friki, (ya se habló aquí de ello el año pasado) y aunque teóricamente se conmemora el estreno de La Guerra de las Galaxias, a mí me ha dado más bien por pensar que se trata de un inconfesable homenaje a San Beda, el Venerable, santo friki, entre otras cosas, y cuya fiesta celebra la Iglesia precisamente en 25 de mayo.

Suele considerarse a Beda el Venerable (¿no se dirá Veda el Venerable, o Beda el Benerable?) como un santo escritor y erudito; eso en realidad no es nada, porque santos escritores los hay a patadas, y lo de erudito, pues es muy relativo; yo creo que a Beda, o San Beda, se le podría hacer no patrono de los bibliotecarios, sino de los, digamos, information scientists, o information brokers, o communication facilitators, o knowledge architechts, o media seekers, o science pathfinders, o scholarly managers. Beda era, ante todo, un profesional de la información, y lo voy a demostrar.

Según nos cuenta la Wikipedia, Beda (Wearmouth, 673 - Wearmouth, 735) se dedicó sobre todo a acumular libros para la biblioteca de su monasterio, sobre todo tipo de conocimientos, y que además escribió entre 300 y 500 títulos, que pasan por la historia, las matemáticas, la métrica, la música, los comentarios bíblicos, dactilografía, comentarios de los clásicos griegos y latinos, teología, vidas de santos, cronología, gramática, dialéctica, cosmología, lenguaje de signos, retórica, filosofía, meteorología, física y, sobre todo, historia de la Iglesia. Ingresó en el monasterio a los 7 años; fue ordenado diácono a los 19 y sacerdote a los 30; murió con 62 en el mismo monasterio donde está enterrado.

Pero ser un polígrafo como la copa de un pino, como mi amigo Don Marcelino Menéndez Pelayo, o como sir Robert Burton, por otra parte, no lo convierte a uno en un profesional de la información. Entonces ¿por qué arrimo el ascua de Beda a mi sardina de las bibliotecas? Porque quiero demostrar que este hombre fue bibliotecario, célebre pero por otra cosa, que para eso me pagan.
  • Beda inventó la nota a pie de página: en una controversia sobre la cronología cristiana, y argumentando una opinión distinta de la de su obispo, Beda citó la fuente en la que se basaba, y la citó en una nota al pie. Reconoced, bibliotecarios, que adoráis las notas a pie de página.
  • Beda fue escrupuloso citando fuentes bibliográficas: a partir de este incidente con su jefe, Beda se aficionó a recopilar fuentes (primarias, secundarias, y fuentes de fuentes) y a citarlas de modo sistemático y ordenado, y animaba a sus alumnos a usar fuentes fidedignas y citarlas de forma ordenada. Los bibliotecarios abrimos los libros por atrás, para ver qué tal citan las fuentes y qué tipo de índices tienen.
  • Beda se convirtió en el padre de la bibliografía al redactar la primera auto-bio-bibliografía: Notitia de se ipso et de libris suis, que ofrece una breve pero sistemática descripción de todo lo que llevaba escrito hasta el momento (año 731).
  • Se especula con la posibilidad de que actuara además como líder sindical en su monasterio, ya que entre sus apotegmas se encuentra éste, claramente orientado a la defensa de las condiciones de trabajo de sus compañeros: "Viene la noche, y ya nadie puede trabajar" (Homilías)
  • Dice el "Año cristiano" (Biblioteca de Autores Cristianos, 1966, t. II, pp. 456-461) que "su ciencia no era propiamente ciencia de archivo, ciencia de almacén, sino ciencia de fábrica. Abeja laboriosa, sabía libar lo más exquisito, elaborarlo y transformarlo, para provecho propio y ajeno". Esto se llama ahora selección de fuentes, búsqueda documental, análisis de contenido, redacción sintética de abstracts, difusión selectiva de la información.
  • Cuentan que, estando ciego (como Borges, por otra parte) uno de sus discípulos lo condujo ante un montón de piedras y le dijo que tenía ante sí una multutud que esperaba oírle; Beda predicó a las piedras durante todo el día, y al finalizar, las piedras exclamaron "Amén". ¿No es esto un precedente claro de nuestras charlas de formación de usuarios a los alumnos de primero de carrera?
  • El hecho de que abunden las representaciones de Beda con un libro en la mano, y frecuentemente sentado tras un mostrador de información bibliográfica, y junto a una estantería repleta de libros ordenados, sólo nos puede hacer concluir que Beda fue bibliotecario, célebre pero por otra cosa.

Por ejemplo, en este bajorrelieve en madera se le ve en el mostrador de entrada a la Biblioteca (¡vean la entrada, con un arco trilobulado!), leyendo el código de barras de un libro que le han devuelto.

O en este relieve en marfil, metido en el back-office de referencia e información bibliográfica, analizando un recurso de información, sentado en una postura bastante incómoda, mientras un pajarito algo le susurra: la imaginería surrealista, es lo que tiene.


Esta es la pinta que tenía Beda cuando apatrullaba la sala de lectura mandando callar a los estudiantes ruidosos, cuyos nombres apuntaba en una lista, el Index Alumnorum Suspendentes.


Y aquí le podemos ver instruyendo a su nuevo becario sobre el orden de los auxiliares de la CDU, para que aprenda a colocar los libros adecuadamente; obsérvese que lo hace bajo la mirada atenta de dos compañeros, que practican así el benchmarking.


En esta se le ve claramente preocupado, leyendo el periódico de la mañana, porque no consigue resolver el sudoku a pesar de sus vastos conocimientos matemáticos.


Y terminamos con este grabado de una obra atribuida al taller de Gutenberg, la Crónica de Nuremberg, en la que vemos su nombre en latín: Beda venerabilis. ¿Y saben ustedes por qué es venerable este señor? Pues porque, cuenta la leyenda, cuando murío Beda, el monje que tuvo que tallar la lápida con una inscripción escribió:
Hoc sunt in fossa
Beda ... ossa
donde los puntos suspensivos, como todo el mundo sabe, significan "aquí no sé qué poner para que rime"; de modo que se fue a dormir el monje masón, y cuando despertó por la mañana los ángeles habían terminado su trabajo así:

Hoc sunt in fossa
Beda venerabilis ossa
Se especula con la posibilidad de que se trate de los mismos ángeles que le terminaban el trabajo a San Isidro, aunque eso es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...

¡Salud!


4.5.07

Borgiana Amat


Hace unos meses leí uno de los libros de Nuria Amat que compré hace años en un saldo, y llevo desde entonces con él en la mesilla esperando a ver si me decido yo a escribir algo similar, a ver si me forro de una vez por todas. Ya os contaré. Pero la cosa que me lleva, o me trae hoy hasta ella es que voy a copiar unos párrafos que he encontrado dentro y que, aunque nos nos hablen realmente de la imagen social del bibliotecario, tienen algo que ver porque hablan de algunos de mis queridos bibliotecarios célebres pero por otra cosa, de merecida fama mundial. Ella misma es una bibliotecaria, célebre pero por otra cosa, (por el tema de los plagios, fue condenada a retirar un manual de documentación) que merecería entrada aparte en mi desordenado directorio de bibliotecarios eximios, ya veremos si da tanto de sí la cosa.

Hablando de plagios traigo a colación uno famoso, de doña ARQ, que aún pillada plagiando in fraganti acusó de haberle cambiado los papeles... ¡al documentalista! que encima era su cuñado, por lo visto. Se nos pasó el denunciarla, si tuviéramos colegio profesional estas cosas no pasarían, ya os digo. Colegio de documentalistas, no de cuñados, aclaro, terminológico que soy.


Volviendo a nuestra autora, Nuria Amat dijo una vez en una entrevista: "ser escritor significa ser un ladrón o ladrona de instantes ajenos y perversos." Y otra vez: "La universidad española de hoy está muerta, punto. Es un sistema burocrático absurdo." Y tambien: "Para entrar en este ámbito literario que a mí me interesa hay que haber leído mucho e incluso yo diría haber copiado en el sentido de que tienes que tener influencias, la única manera de tener esta voz propia, esta mirada particular en el mundo literario sale después de haberse empapado de estos autores." Otrosí: "La universidad es una máquina que distorsiona el pensamiento creativo. (...) Es el reino de la mediocridad."


La cosa es que nuestra autora, que, aclaro, estoy encantado de conocer aunque hace 15 años yo ya leía sus obras de Biblioteconomía y Documentación y hace 12 o así coincidí con ella en un curso de verano de El Escorial, todo glamour bibliotecario por cierto, decía que nuestra autora no deja tintero con cabeza cuando se trata de hablar mal de los bibliotecarios, sus colegas o ex-colegas, y por eso la traigo, por la mala imagen social del bibliotecario, que tambien merece su lugar en el mundo.

Se trata de este libro: Viajar es muy difícil: Manual de ruta para lectores periféricos. Madrid: Anaya & Mario Muchnik, 1994.

Y este capítulo: Deseo de ser funcionario

...los compañeros de Kavafis se limitaban a cumplir con sus trabajos rutinarios, y dejaban al escritor dormitar en paz con sus libros y sus tristes musarañas. Más gravosa es la situación de aquellos escritores que deben compartir parte de sus vidas con funcionarios de bibliotecas. Esta clase de funcionarios se arroga el poder de ser dueño y soberano de los libros, aunque evidentemente no se moleste en leerlos, ya que limita todo su tiempo de lectura a la descripción de portadas. Y ese poder del bibliotecario-funcionario le impedirá aceptar jamás que el desdichado pelagatos que tiene como vecino en su tarea de registro y catalogación de libros pueda ser capaz alguna vez de escribirlos. Esta actitud típica de los bibliotecarios con sus colegas escritores hizo sufrir mucho a Jorge Luis Borges durante los diez años que trabajó en la biblioteca Miguel Cané, de Buenos Aires. Según cuenta su secretario, Rodolfo Alfaro: "Fueron años que recordaba con profunda amargura. Irónicamente, por esa misma época era un escritor famoso, excepto, claro, en la misma biblioteca. En una ocasión un compañero de tareas señaló en una enciclopedia el nombre de un tal Jorge Luis Borges. Al parecer ese señor no salía de su asombro al comprobar la coincidencia de nombres y fechas con el bibliotecario ciego y perezoso que tenía enfrente."

¿No les recuerda anécdotas contadas en el célebre post de este blog llamado "Hay un artista a tu lado"? Todos podemos estar rodeados de artistas, de grandes escritores olvidados, o de estrellas mediáticas, nunca se sabe. Por otra parte, como ya se contó aquí (puro plagio de otro sitio), Borges contó que sus colegas de la biblioteca Miguel Cané de Buenos Aires no sólo no le molestaban sino que le dejaron la llave de la azotea para que subiera un rato a tomar el aire, y él allí se quedó a escribir tan plácido.


Otro capítulo del libro de Nuria Amat: ¿Qué hago yo en Praga?
El lector se quedaría atónito si conociera los datos estadísticos sobre la cantidad de escritores que un día u otro de sus vidas pretendieron obtener un puesto de guardián de libros y desistieron al conocer el mínimo salario que este trabajo reportaba. De entre ellos también es cierto que hubo muchos que cambiaron de parecer precisamente por considerar dicha tarea lujosa y reconfortable en extremo. (...)

Sólo los escritores que disfrutan de un patrimonio o una renta, o aquellos otros que padecen el síndrome de la Torre de Babel, no sienten ni por asomo el deseo de ser bibliotecarios. Esta última enfermedad suele producirla el convivir con una infinitud de libros; quienes la pedecen sufren de inapetencia absoluta de escritura, dada la inutilidad de añadir otro volumen a la portentosa galería. Se apodera del escritor una especie de pánico hacia la letra escrita. A causa de ese mal sin cura ni remedio se frustraron grandes y poderosos talentos hoy desconocidos.


Atando cabos, una cosa lleva a la otra. Un escritor que tambien frecuento últimamente, Alberto Manguel, toca tangencialmente alguno de los puntos de los que hemos mencionado. Es un escritor que muchos conocemos por su "Una historia de la lectura" (ojo a que es "una" y no "la" historia de la lectura) y que yo conozco antes que vosotros porque compré la obra en su original inglés, hace años, de saldo, en un mercadillo de libros al aire libre en Amsterdam. Al libro sólo le falta un capítulo "Reading is sexy" que debería escribirle yo, documentalista al que tal vez podría acusar luego de plagiario, si eso. Alberto Manguel fue secretario de Jorge Luis Borges una temporada (leía libros en voz alta al bibliotecario ciego y perezoso) y aquí se ha hablado de otro secretario de Borges. Alberto Manguel ha publicado recientemente en España el libro "La biblioteca de noche", en el que entre multitud de anécdotas y reflexiones bibliotecarias, nos informa de algún otro bibliotecario célebre pero por otra cosa (una hermana de Vladimir Nabokov, por ejemplo, o Leibniz el de la peluca) y nos informa además de que él mismo ha formado parte de esa inextrutable estadística de la que nos habla Nuria Amat, la de los escritores que en algún momento de sus vidas han deseado ser bibliotecarios. Lo que, cuadrando el círculo, vendría a significar que Manguel o bien no tiene un grueso patrimonio ni una gruesa renta, o bien no padece el síndrome de la Torre de Babel. Quod erat demostrandum.

¡Hala, a disfrutar!

15.2.07

Célebres pero por otra cosa (12)

No podía quedar como quedó la saga de los Bibliotecarios Célebres Pero Por Otra Cosa, y la cosa es que guardaba yo un par de personajes más, a los que se han sumando otros que he ido encontrando por ahí y que vds. dirán si ortodoxamente encajan en este desordenado directorio de profesionales de la información. Si alguno de vds. no ha oído hablar de alguno de ellos, como pasó con Sir Robert Burton, no pasa nada, es sólo que son vds. un poco incultos pero no pasa nada. Yo cuento lo que sé:


Madlyn Rhue (1935-2003)
Actriz estadounidense que aparecía frecuentemente en la serie televisiva "Se ha escrito un crimen" donde interpretaba el papel de la bibliotecaria del pueblo de Cabot Cove. En la década de 1950 y 1960 realizó intervenciones como "actriz de reparto" en series memorables como Hawai Cinco-Cero, Los Ángeles de Charlie, Bonanza, Los Intocables, Misión Imposible, Starsky y Hutch, La Hora de Alfred Hitchcock, Perry Mason y Star Trek (donde hizo el papel de la historiadora Marla McGivers, enamorada de Khan en el episodio "Space Seed"). Enferma de esclerosis múltiple desde 1977, durante varios años prefirió mantenerlo en secreto, aunque sus piernas se mostraban cada vez más débiles. En 1982 hizo un episodio de Fama, en el que aparecía sentada. En 1985, la actriz dejó de caminar y debió desplazarse en silla de ruedas. Ángela Lansbury, protagonista y directora de "Se ha escito un crimen", la contrató en 1984 para que trabajara el tiempo suficiente como para tener cobertura médica en el Seguro de Actores de Televisión, y en tres de cada cuatro episodios aparecía la bibliotecaria de la silla de ruedas. No tengo ni el nombre de la bibliotecaria ni imágenes, lo siento; pongo la foto trekkie.


Rachel Weisz (1971- ).
Afamada actriz de Hollywood con trentaytantas películas ya en su haber (¿o se decía "en su palmarés"?) pero que conocemos más por su aparición en La momia (1999) de Stephen Sommers, donde hace el papel de Evelyn Carnarvon, la bibliotecaria atolondrada que se mezcla en la expedición porque ha heredado de su padre la fascinación por el Egipto antiguo y anda en busca de ciertos libros. Pero Evelyn Carnarvon es un personaje real (he su foto y crónica de sociedad), hija de Lord Carnarvon, uno de los descubridores de la tumba de Tutankamón, y de las pocas sobrevivientes a su maldición. Lo que no he podido saber es si fue de veras bibliotecaria o esto forma parte de la ficción del cine. En una entrevista a la actriz decía: "You were a babe in "The Mummy" movies. No. Was she a babe? I thought she was a librarian. Oh, was she a babe librarian? Yeah, it was like a Hollywood librarian. When I went to the audition for that, I went with my hair sprayed back with glasses, and Steve Sommers, the director, was like, "Could you maybe take your hair down?" [I said,] "I thought she was a librarian." "It’s a Hollywood librarian."


Margaret Herrick (1902-1976).
¿Quién presta su nombre a la Biblioteca de la Academy of Motion Picture and Sciences (la Academia de los Oscars)? El domingo próximo se realizará la ceremonia número 76 de entrega de los premios Oscar, adjudicados por la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, fundada en 1927. Estos trofeos se otorgan desde 1929 y son reconocidos con ese nombre desde 1931, no bien Margaret Herrick, bibliotecaria de la Academia, divulgó que la estatuilla le recordaba a un pariente suyo, el ganadero texano Oscar Pierce. La pieza es de bronce, con revestimiento de oro, pesa algo más de 3 kilos y el boceto de su figura fue diseñado por Cedric Gibbons, colaborador de Thomas Alva Edison y luego director artístico del sello Metro Goldwyn Mayer. Hay que decir que Margaret Herrick en realidad fue "library volunteer" hasta 1936, fecha en que se formalizó su cargo, y que de bibliotecaria pasó a ser directora de la Academia durante 27 años, hasta su retiro en 1971, momento en que le dedicaron estas palabras: "When Margaret Herrick became the Academy librarian, the 'stacks' consisted of a pile of trade papers. She built it, slowly, insistently, book by book, file by file, always hoping that eventually it would be, in a sense, the cornerstone of the Academy. One thing I don't believe she dared hope for was that it would one day be named after her. It's wonderful to know that a few months ago, though in a wheelchair, she was able to visit the new building and glow at the handsome and spacious Margaret Herrick Library which contains the finest collection of historical and technical information on motion pictures in the world, a tribute not only to Mrs. Herrick but to the medium of film itself." Vaya hombre, segunda silla de ruedas bibliotecaria. Lagarto, lagarto.



Gisela Mauermayer (1913-1995).
Atleta germana, lanzadora de disco, que ganó la medalla de oro en lanzamiento de disco en las Olimpiadas de Berlín en 1936, donde fue ensalzada por el gobierno nazi de Hitler como modelo de femineidad aria. Destacó además como lanzadora de peso y en el pentatlón, en los Campeonatos de Europa de 1938. Al acabar la Segunda Guerra Mundial tuvo problemas por su pasado nazi, de modo que cambió de vida: estudió Biología y al poco tiempo se convirtió en directora de la Biblioteca del Museo de Zoología de Munich, cargo que ocupó de 1954 a 1975. Parece mentira, pero he aquí la prueba, donde se dice que fue la primera bibliotecaria de verdad que tuvo el Museo.


Jacques Joseph Champollion (1778-1867).
Hermano mayor de Jean François Champollion, padre de la Egiptología por ser el descifrador de la Piedra Rosetta. Nacido en Figeac (Francia, bonita ciudad, la recomiendo) estudió en Grenoble, donde se hizo bibliotecario y profesor de griego. Más tarde trabajó en el área de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia, y en 1849 se convirtió en bibliotecario jefe del Castillo de Fontainebleau, desde donde se dedicó a editar la obra de su famoso hermano, muerto prematuramente, y a investigar sobre el patois, que resulta que es un dioma. Tuvo un hijo bibliotecario, que trabajó como asistente suyo en la Biblioteca Nacional y que acabaría escribiendo un ensayo bio-bibliográfico sobre los hermanos Champollion.



Y ahora, para terminar, un mapa conceptual:
Lo he hecho con una red neuronal básica (la mía) y establece relaciones cognitivas y taxonómicas entre los sujetos analizados supra (hay dos señoras relacionadas con sillas de ruedas, dos con Egipto, dos con Hollywood, dos con piedras -la lanzadora de peso y el hermano del descifrador de la Rosetta). Para que luego digan que no semos científicos. Hele.

27.9.06

Célebres pero por otra cosa (11)

Tengo la manía enciclopédica, no la puedo perder, y menos ahora que hemos comprado una Enciclopedia Británica de segunda mano y (voy a ver si) puedo pasar algunos ratos leyéndola, como dice Borges que hacía. Vamos, que prefiero las cosas ordenadas, es lo que digo. Y de todo lo que llevo yo dicho en estos 9 meses de gestación de La Imagen Social del Bibliotecario lo más ordenado digo yo si no habrá sido la serie "Célebres pero por otra cosa", y toda vez que aún me quedan algunas celebridades por comentar, además que he detectado en Google Analytics que hay lectores con una especial querencia por este 027(100)(058), vamos a continuar ofreciendo apócrifas biografías, cuando no falsas, de seres que si despuntaron en algo no fue en las bibliotecas. De modo que allá vamos:



Marcelino Menéndez Pelayo (1856-1912).
El autor de la expresión "España, martillo de herejes", de la frase "Pueblo que no sabe su historia es pueblo condenado a irrevocable muerte", de jocundos versos imitando las odas horacianas, o de obras monumentales como la "Historia de los heterodoxos españoles" fue, entre otras cosas, Director de la Biblioteca Nacional de España entre los años 1898 y 1912. Tras acabar en Madrid su carrera universitaria, dice la Wikipedia que "trabajó entre 1876 y 1877 en bibliotecas de Portugal, Italia, Francia, Bélgica y Holanda"; ¿cómo lo hizo? Pues resulta que a los 20 años ya había presentado la tesis, pero no tenía la edad para opositar a cátedra, de modo que pasó 5 años becado por el Ayuntamiento de Santander recorriendo Europa, leyendo y comprando libros (de modo que lo que se dice de que trabajó de bibliotecario, no sé yo si no será que visitó bibliotecas y en ellas trabajó... leyendo. Modificaré la wiki). A los 22 años sin embargo ya es catedrático, y a los 25 académico de la lengua; a los 28, diputado de la Unión Española (ala derecha del partido conservador). Se decía de él que "conocía el lugar exacto del millón de libros de la Biblioteca Nacional, (...) o que leía a la vez dos páginas de un mismo libro, una con cada ojo, conservando además memoria fiel de la plana y de la línea en que se hallaba tal o cual sentencia" [Vida y obra de MP].

El insigne polígrafo montañés es una de las pocas personas de las que se puede decir que haya sido un insigne polígrafo montañés, lo cual en el peor de los casos no es poco. ¿Y qué es un polígrafo? Pues una persona que escribe mucho, pero no demasiado. Cuando escribe demasiado se le llama grafómano. Cuando escribe muy poquito no se le llama de ninguna manera en particular. A Don Marcelino nadie le llama "el insigne grafómano montañés", y eso debe de querer decir que no escribió demasiado; bastante, sí, pero no demasiado. El mismo insigne polígrafo, en su obra "Los grandes polígrafos españoles" (Santander: Sociedad Menéndez Pelayo, 1944, lo encontré en el Rastro) ofrece su definición: "Llámanse polígrafos en el más vago y general sentido aquéllos autores que han cultivado diversas ramas de la literatura, ya científica, ya amena, y es claro que los escritores de tal género abundan en todas las literaturas".

Escribió "La ciencia española", "Horacio en España", la monumental "Historia de los heterodoxos españoles", la aún más monumental "Historia de las ideas estéticas en España", la monumentalísima edición de las obras completas de Lope de Vega, la no menos monumentalísima "Antología de los poetas líricos castellanos"... total, así hasta los 65 gruesos volúmenes que incorpora su Obra Completa en la edición incompleta del CSIC en 1940. Con tanta monumentalidad a sus espaldas lo menos que podían hacer era levantarle un monumento: al poco de morir, encargaron a Benlliure una monumental estatua sedente de su paisano, para ponerla en el vestíbulo de la Biblioteca Nacional, donde está estorbando hasta ahora que la nueva Directora, la escritora Rosa Regás, ha anunciado que quiere que se traslade la estatua a los jardines de la Biblioteca, anuncio que ha motivado una ola de repulsas cántabras y ultraderechistas (!). Hay que reconocer que esto del traslado de la estatua está dando mucho juego: y la cosa es que no se trata de derribar la estatua, como las de Lenin o de Sadam, sino de sacarla al jardín, donde estará con Alfonso X el Sabio, Nebrija y Ramón LLull, entre otros, que no está nada mal. Pero allá películas, por mí como si la ponen en una rotonda soterrada de la M-30. Lo que hay que hacer es leer los libros de este señor en lugar de discutir sobresu estatua.

¿Quieren leer algo suyo muy simpático? Fragmentos de la Epístola a Horacio, poema de MP que abre la colección de traducciones castellanas de Horacio que editó de joven (con 20 años) bajo el título de "Odas y epodos" y que se reeditó en Madrid: Lípari, 1992. Allá van:

Yo guardo con amor un libro viejo,
De mal papel y tipos revesados,
Vestido de rugoso pergamino;
En sus hojas doquier, por vario modo,
De diez generaciones escolares
A la censoria férula sujetas,
Vese la dura huella señalada.
Cual signos cabalísticos retozan
Cifras allí de incógnitos lectores;
En mal latín sentencias manuscritas,
Escolios y apostillas de pedantes,
Lecciones varias, apotegmas, glosas,
Y pasajes sin cuento subrayados,
Y addenda y expurganda y corrigenda;
Todo mezclado con figuras toscas
De torpe mano, de inventiva ruda,
Que algún ocioso en solitarios días
Trazó con tinta por la margen ancha
Del tantas veces profanado libro.

Y ese libro es el tuyo, ¡oh gran maestro!
Mas no en tersa edición rica y suntuosa;
No salió de las prensas de Plantino,
Ni Aldo Manucio le engendró en Venecia,
Ni Estéfanos, Bodonis o Elzevirios
Le dieron sus hermosos caracteres.
Nació en pobres pañales; allá en Huesca
Famélico impresor meció su cuna;
Ad usum scholarum destinole
El rector de la estúpida oficina,
Y corrió por los bancos de la escuela,
Ajado y roto, polvoroso y sucio,
El tesoro de gracias y donaires
Por quien al Lacio el ateniense envidia.

(...)

Vengan dáctilos, yambos y pirriquios,
Caldeados en tu fragua creadora.
¡Que se entrelacen en vistoso juego
Y dancen cual las ninfas desceñidas
Que con rítmico pie baten la tierra!
La antigüedad con poderoso aliento
Reanime los espíritus cansados,
Y este hervir incesante de la idea,
Esta vaga, mortal melancolía
Que al mundo enfermo y decadente oprime
Sus fuerzas agotando en el vacío,
Por influjo de nieblas maldecidas
Que abortó el Septentrión, ante su lumbre
Disípense otra vez. ¡Torne el radiante
Sol del Renacimiento a iluminarnos;
Cual vencedor de bárbaras tinieblas
Otro siglo lució sobre el Oriente,
Los pueblos despertando a nueva vida,
Vida de luz, de amor y de esperanza!
Helenos y latinos agrupados,
Una sola familia, un pueblo solo,
Por los lazos del arte y de la lengua
Unidos, formarán. Pero otra lumbre
Antes encienda el ánima del vate;
Él vierta añejo vino en odres nuevos,
Y esa forma purísima pagana
Labre con mano y corazón cristianos.

¡Esa la ley será de la armonía!
Así León sus rasgos peregrinos
En el molde encerraba de Venusa;
Así despojos de profanas gentes
Adornaron tal vez nuestros altares,
Y de Cristo en basílica trocose
Más de un templo gentil purificado.
¡Adiós, adiós, monarca de la lira!
En vano el Septentrión hordas salvajes
De nuevo lanzará; sobre las ruinas
Triunfante se ha de alzar el libro viejo,
De mal papel e innúmeras erratas,
Que con amor en mis estantes guardo.

Así que eso mismo digo yo: Vengan dáctilos, yambos y pirriquios.

[Para saber más sobre MP]

Noviembre de 2006: addenda y expurganda y corrigenda:
  1. Addenda: que además de Director de la Biblioteca Nacional de España fue bibliotecario de la Real Academia de la Historia en 1899.
  2. Expurganda: que lo del traslado de la dichosa estatua a los jardines ya no es tal sino traslado no se sabe a qué parte del interior de la BNE, por un informe técnico que dice que no es piedra de exteriores (y digo yo ¿no son todas las piedras, como todas las plantas, de exteriores por naturaleza?)
  3. Corrigenda: que la antedicha estatua no es obra de Benlliure, sino de Coullaut Valera. La de Benlliure creo que es la que hay en su casa natal en Santander.
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