Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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4.5.07

Borgiana Amat


Hace unos meses leí uno de los libros de Nuria Amat que compré hace años en un saldo, y llevo desde entonces con él en la mesilla esperando a ver si me decido yo a escribir algo similar, a ver si me forro de una vez por todas. Ya os contaré. Pero la cosa que me lleva, o me trae hoy hasta ella es que voy a copiar unos párrafos que he encontrado dentro y que, aunque nos nos hablen realmente de la imagen social del bibliotecario, tienen algo que ver porque hablan de algunos de mis queridos bibliotecarios célebres pero por otra cosa, de merecida fama mundial. Ella misma es una bibliotecaria, célebre pero por otra cosa, (por el tema de los plagios, fue condenada a retirar un manual de documentación) que merecería entrada aparte en mi desordenado directorio de bibliotecarios eximios, ya veremos si da tanto de sí la cosa.

Hablando de plagios traigo a colación uno famoso, de doña ARQ, que aún pillada plagiando in fraganti acusó de haberle cambiado los papeles... ¡al documentalista! que encima era su cuñado, por lo visto. Se nos pasó el denunciarla, si tuviéramos colegio profesional estas cosas no pasarían, ya os digo. Colegio de documentalistas, no de cuñados, aclaro, terminológico que soy.


Volviendo a nuestra autora, Nuria Amat dijo una vez en una entrevista: "ser escritor significa ser un ladrón o ladrona de instantes ajenos y perversos." Y otra vez: "La universidad española de hoy está muerta, punto. Es un sistema burocrático absurdo." Y tambien: "Para entrar en este ámbito literario que a mí me interesa hay que haber leído mucho e incluso yo diría haber copiado en el sentido de que tienes que tener influencias, la única manera de tener esta voz propia, esta mirada particular en el mundo literario sale después de haberse empapado de estos autores." Otrosí: "La universidad es una máquina que distorsiona el pensamiento creativo. (...) Es el reino de la mediocridad."


La cosa es que nuestra autora, que, aclaro, estoy encantado de conocer aunque hace 15 años yo ya leía sus obras de Biblioteconomía y Documentación y hace 12 o así coincidí con ella en un curso de verano de El Escorial, todo glamour bibliotecario por cierto, decía que nuestra autora no deja tintero con cabeza cuando se trata de hablar mal de los bibliotecarios, sus colegas o ex-colegas, y por eso la traigo, por la mala imagen social del bibliotecario, que tambien merece su lugar en el mundo.

Se trata de este libro: Viajar es muy difícil: Manual de ruta para lectores periféricos. Madrid: Anaya & Mario Muchnik, 1994.

Y este capítulo: Deseo de ser funcionario

...los compañeros de Kavafis se limitaban a cumplir con sus trabajos rutinarios, y dejaban al escritor dormitar en paz con sus libros y sus tristes musarañas. Más gravosa es la situación de aquellos escritores que deben compartir parte de sus vidas con funcionarios de bibliotecas. Esta clase de funcionarios se arroga el poder de ser dueño y soberano de los libros, aunque evidentemente no se moleste en leerlos, ya que limita todo su tiempo de lectura a la descripción de portadas. Y ese poder del bibliotecario-funcionario le impedirá aceptar jamás que el desdichado pelagatos que tiene como vecino en su tarea de registro y catalogación de libros pueda ser capaz alguna vez de escribirlos. Esta actitud típica de los bibliotecarios con sus colegas escritores hizo sufrir mucho a Jorge Luis Borges durante los diez años que trabajó en la biblioteca Miguel Cané, de Buenos Aires. Según cuenta su secretario, Rodolfo Alfaro: "Fueron años que recordaba con profunda amargura. Irónicamente, por esa misma época era un escritor famoso, excepto, claro, en la misma biblioteca. En una ocasión un compañero de tareas señaló en una enciclopedia el nombre de un tal Jorge Luis Borges. Al parecer ese señor no salía de su asombro al comprobar la coincidencia de nombres y fechas con el bibliotecario ciego y perezoso que tenía enfrente."

¿No les recuerda anécdotas contadas en el célebre post de este blog llamado "Hay un artista a tu lado"? Todos podemos estar rodeados de artistas, de grandes escritores olvidados, o de estrellas mediáticas, nunca se sabe. Por otra parte, como ya se contó aquí (puro plagio de otro sitio), Borges contó que sus colegas de la biblioteca Miguel Cané de Buenos Aires no sólo no le molestaban sino que le dejaron la llave de la azotea para que subiera un rato a tomar el aire, y él allí se quedó a escribir tan plácido.


Otro capítulo del libro de Nuria Amat: ¿Qué hago yo en Praga?
El lector se quedaría atónito si conociera los datos estadísticos sobre la cantidad de escritores que un día u otro de sus vidas pretendieron obtener un puesto de guardián de libros y desistieron al conocer el mínimo salario que este trabajo reportaba. De entre ellos también es cierto que hubo muchos que cambiaron de parecer precisamente por considerar dicha tarea lujosa y reconfortable en extremo. (...)

Sólo los escritores que disfrutan de un patrimonio o una renta, o aquellos otros que padecen el síndrome de la Torre de Babel, no sienten ni por asomo el deseo de ser bibliotecarios. Esta última enfermedad suele producirla el convivir con una infinitud de libros; quienes la pedecen sufren de inapetencia absoluta de escritura, dada la inutilidad de añadir otro volumen a la portentosa galería. Se apodera del escritor una especie de pánico hacia la letra escrita. A causa de ese mal sin cura ni remedio se frustraron grandes y poderosos talentos hoy desconocidos.


Atando cabos, una cosa lleva a la otra. Un escritor que tambien frecuento últimamente, Alberto Manguel, toca tangencialmente alguno de los puntos de los que hemos mencionado. Es un escritor que muchos conocemos por su "Una historia de la lectura" (ojo a que es "una" y no "la" historia de la lectura) y que yo conozco antes que vosotros porque compré la obra en su original inglés, hace años, de saldo, en un mercadillo de libros al aire libre en Amsterdam. Al libro sólo le falta un capítulo "Reading is sexy" que debería escribirle yo, documentalista al que tal vez podría acusar luego de plagiario, si eso. Alberto Manguel fue secretario de Jorge Luis Borges una temporada (leía libros en voz alta al bibliotecario ciego y perezoso) y aquí se ha hablado de otro secretario de Borges. Alberto Manguel ha publicado recientemente en España el libro "La biblioteca de noche", en el que entre multitud de anécdotas y reflexiones bibliotecarias, nos informa de algún otro bibliotecario célebre pero por otra cosa (una hermana de Vladimir Nabokov, por ejemplo, o Leibniz el de la peluca) y nos informa además de que él mismo ha formado parte de esa inextrutable estadística de la que nos habla Nuria Amat, la de los escritores que en algún momento de sus vidas han deseado ser bibliotecarios. Lo que, cuadrando el círculo, vendría a significar que Manguel o bien no tiene un grueso patrimonio ni una gruesa renta, o bien no padece el síndrome de la Torre de Babel. Quod erat demostrandum.

¡Hala, a disfrutar!

22.2.06

Célebres pero por otra cosa (3)

Sigue la ristra de caracteres bibliotecarios célebres pero por otra cosa: ya sé que hay abundancia de escritores frente a los pocos músicos aquí representados, o que son más hombres que mujeres, o que son más blancos que de otros colores, pero es que aquí no valen cuotas. La Historia de la Biblioteca Absurda no nos ha deparado (todavía) un listado de célebres cocineros bibliotecarios, fontaneros bibliotecarios o guitarristas heavy-metal bibliotecarios... pero tenemos ángeles del infierno bibliotecarios, plagiarios bibliotecarios, esposas de asesinos en serie bibliotecarias, y estoy investigando la existencia de un domador de circo bibliotecario, aunque puede que se trate de un rumor. No sé. Las sugerencias son bienvenidas.

Allá van otras cinco entradas dispersas de la "Legenda Aurea Libraria". Van en orden absurdo, como de costumbre (en realidad son entradas correspondientes a la letra B, pero es que el orden alfabético no deja de ser absurdo):



Jorge Luis Borges (1899-1986).
Georgie Borges pasó buenos ratos de su infancia en la biblioteca privada de su padre "donde le fueron reveledas la poesía, las ilustraciones de los libros y las letras de molde". La cosa es que se aficiona a los libros, y sobre todo a la literatura inglesa, por lo visto. Y en 1937, con 38 añitos, entra a trabajar "como auxiliar segundo en la Biblioteca Miguel Cané, un anexo de la Biblioteca Municipal de Buenos Aires, ubicada en el barrio de Almagro. Después será ascendido a auxiliar primero, con un leve aumento de sueldo. Su estancia allí tiene un sabor agridulce, ya que el retrato robot (?) que se había hecho del trabajo y de los bibliotecarios se esfuma el primer día. Nada más llegar, clasifica en una sola jornada más de ochenta libros (??). Eso se supo en la Miguel Cané y al día siguiente se le acercó un colega para decirle que su actitud constituía una falta de compañerismo, pues allí había cincuenta bibliotecarios (???) y no había trabajo para todos, por lo que el proceso de clasificación debía ser lento. A lo sumo, cuarenta al día". Habla Borges: "Estuve en la biblioteca durante nueve años. Fueron nueve años de firme infelicidad. En el trabajo, los otros hombres no se interesaban en otra cosa que en las carreras de caballos, en el fútbol, en los cuentos obscenos." Despreciado por sus colegas debido a sus intereses literarios, Borges se refugiaba en el sótano o en la azotea del local del Municipio para leer y escribir. Como resultado de ello, aquel mundo deprimente fue transformado primero en un artículo, La biblioteca total, enviado a Sur en 1939, y luego en el cuento: La Biblioteca de Babel, publicado en: El jardín de senderos que se bifurcan, en 1941. En 1946, para fortuna de Borges, uno de sus compañeros de trabajo lo delató por ser un anglófilo liberal y un obtuso antinazi; al poco tiempo, un decreto peronista lo promocionó al puesto de inspector de aves y conejos en el mercado público de la calle Córdova. Naturalmente, Borges no aceptó el cargo aduciendo no tener la suficiente erudición para desempeñarlo. "En 1955, recién iniciado el nuevo gobierno, tras la dimisión del inefable Perón el 31 de agosto de ese año, Borges es nombrado para su sorpresa Director de la Biblioteca Nacional". Contaba 56 años. "El primer día, abrumado por la magnitud del cargo, su madre lo acompaño al trabajo". Contaba 56 años (él, no la madre). "Tan grato era ese rincón bonaerense que Borges pensó trasladar su lugar de residencia al interior de la Biblioteca. Su madre se lo desaconsejó, por la dificultad de calentar en invierno un local con los techos tan altos" Citas tomadas de [Ángel Esteban. Borges y las bibliotecas. Mi Biblioteca nº 1, abril 2005]. Los subrayados son míos.



Batgirl (19??- ).
Bat-Girl o Batgirl hace su primera aparición pública en el número 139 de Batman (abril de 1963) con el aspecto de una jovencita de unos 15 años, rubia y con minifalda (medidas: 5'2'' de alto, 110 lb. de peso), acudiendo a salvar a su tía Batwoman que corría peligro junto a su novio (de la tía) Batman, y a su... bueno, a Robin. Su nombre real es Barbara Gordon. Hija del Comisario de Policía de Gotham City, de camino a un baile de máscaras tuvo oportunidad de abortar un intento de secuestro de Bruce Wayne (a la sazón la personalidad pública de Batman). Poco a poco fue introduciéndose en las historietas de Batman como un personaje de tímido aprendiz de superhéroe: un ratón de biblioteca (empleada de la Biblioteca Pública de Gotham City) de aspecto cariñoso, con sus gafas y sus dos moños (como la Dama de Elche, vamos), que con el paso de los años (estuvo activa entre 1966 y 1986) pasa a ser conocida como Babs, cambia de gafas, abandona el uso de los moños por una melenita más mona y claro, empiezan a salirle novios, el más popular de ellos un pequeño superhéroe conocido como Nightwing (Ala Nocturna) y que en realidad no es otro que... el mismísimo Robin, en ese momento hijo adoptivo de Batman. Este culebrón de superhéroes no tiene fin, porque aparece de por medio Superman y diferentes tipos de villanos que se disputan la paternidad biológica de Babs, que según unos pasaría a ser hermana de padre de Robin (con lo que su amor sería imposible, o al menos desgraciado) y según otros hija ilegítima de Batman y Batwoman (aunque sobre la virilidad de Batman siempre ha habido sus más y sus menos, siempre de la mano del jovencito Robin, que podría ser su yerno... ¡buff!). La cosa es que entre las habilidades destacadas de Batgirl se cuenta: artes marciales y otras técnicas de lucha, pero sobre todo destaca "as a a skilled detective, a superb hacker and an incredible genius". Vamos, una profesional de la información.



Hector Berlioz (1803-1869).
Compositor francés que ejercerá una influencia determinante en la evolución de la música sinfónica y lírica, este estudiante de medicina que fue a Paris a la Universidad y colgó la bata por la batuta en 1824 compuso su primera obra importante en 1825, la Misa Solemne. Más tarde llegaron obras como "La revolución griega" y "La muerte de Sardanápalo", pero es en 1830 cuando conoce el éxito parisino en la presentación de su "Sinfonía Fantástica", que es un poema de amor juvenil romántico y exaltado en cinco movimientos orquestales tempestuosos y ruidosísimos. Pero desde que llegó en 1821 a París fue un asíduo usuario de la Biblioteca del Conservatorio, donde se dedicaba a estudiar y copiar las partituras de sus mayores antes incluso de estar matriculado como alumno. A pesar de sus escaramuzas con el viejo Cherubini (director del Conservatorio) consigue que le contraten como bibliotecario adjunto en 1838, y consigue la plaza de bibliotecario titular en 1850; ese año dona a la Biblioteca los manuscritos emborronados de todas sus obras. Berlioz era al mismo tiempo compositor, director de orquesta, bibliotecario, caballero de la Legión de Honor y crítico musical. Se sabe que trató también de teorizar algo sobre las bibliotecas, aunque no se conserva ni el borrador de su mítico "Traité sur le bruit dans les bibliothéques", mencionado por varios tratadistas como un intento de conciliación entre sus dos ocupaciones profesionales principales.



Laura Bush (1946- ).
Laura Welch Bush, The First Librarian. Laura Bush se matriculó en University of Texas en Austin y obtuvo la Maestría en Bibliotecología en 1973. Posteriormente trabajó en la sucursal de Kashmere Gardens de la biblioteca pública de Houston, hasta que se volvió a mudar a Austin en 1974. Trabajó como bibliotecaria en la escuela primaria de Dawson hasta 1977. La Sra. Bushdedicó años como voluntaria a favor de numerosas causas. Fue miembro de los Amigos de la Biblioteca Pública de Midland. Prestó servicios como voluntaria de la Asociación de Padres y Profesores y sirvió de enlace con la biblioteca en la Escuela Primaria de Preston Hollow, a la cual asistían sus hijas. Como Primera Dama de Texas, la Sra. Bush continuó abogando por las mismas causas: la lectura, las bibliotecas y la educación. La Sra. Bush colaboró en la organización del Festival del Libro de Texas en 1996, un esfuerzo que se ha convertido en un evento anual para recaudar fondos para las bibliotecas públicas de Texas. En 1988 lanzó una iniciativa para el desarrollo durante la edad inicial para ayudar a los padres y a las personas que cuidan a niños a preparar a los infantes y a los niños pequeños para el aprendizaje de la lectura al entrar a la escuela. Como Primera Dama de la nación, Laura Bush está entusiásticamente consciente de la oportunidad que tiene de compartir su amor por la lectura con los estadounidenses, especialmente los niños jóvenes. Está usando su nuevo cargo para promover una iniciativa Listo para Leer, Listo para Aprender, la cual complementa las metas para la educación nacional del Presidente Bush. [Obviamente, se trata de la información oficial que nos da la página de la Casa Blanca... ¡perdón! no esa la página de la Casa Blanca, sino que es esta otra].

Hay un chiste bibliotecario norteamericano que dice: "Detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y detrás de un serial killer hay una serials librarian".




Robert Burton (1577-1640).
Clérigo, médico y escritor inglés, nacido en Leicestershire y educado en Oxford desde 1599, trabajó como bibliotecario del Christ Church College de Oxford desde 1626 hasta su muerte en 1640. Reconocido bibliófilo y hombre de letras, este "Montaigne inglés" sobresale en el Siglo XVII por una obra cumbre de la excentricidad sin límites y la erudición sin tasa: la "Anatomía de la Melancolía". Tras una brillante introducción («Un nuevo Demócrito al lector»), Burton, reputado conocedor de toda la trama melancólica, la antigua o la neogalénica, habla explícitamente aquí, de las causas de la tristeza: la naturaleza, los astros, la vejez, la herencia, la dieta, las evacuaciones, el sueño y la vigilia, todas las pasiones y turbaciones de la mente -imaginación, ira, juego, erudición-, la mala educación («los niños se descorazonan e intimidan de tal modo que nunca después tienen valor... ni se complacen con nada»). En la tercera sección la obra recorre todos los síntomas de la melancolía, en el cuerpo o en la mente, para concluir con una breve valoración de los pronósticos de ese mal que había avanzado de modo notable en su época hasta convertirse casi en una melodía reiterativa. Por supuesto que Burton, además de todo el entramado clásico y medieval de esta discusión inveterada, se hace eco de los tratados específicos más recientes, de Laurens, Bright, o del propio Ferrand (su Melancolía erótica); de las contribuciones médicas (o naturalistas) españolas, como las de Cristóbal de Vega o Luis Mercado (tan reconocidos en la Europa barroca), y extranjeras: Paracelso, Fuchs, Platter, Gesner, Porta, Aldrovandi o muchos otros más. Pero la presencia paralela de «modernos» como Ficino, Vives, Erasmo, Las Casas, Budé, Cardano, Escalígero, Lipsio (el neoestoico, tan citado por él), Montaigne, Bacon, José de Acosta o Matteo Ricci, se suma a la incesante evocación de todo el pensamiento antiguo, con Hipócrates y Aristóteles al frente y, de modo destacado, con casi toda la literatura latina: Plauto, Cicerón, Virgilio, Livio, Horacio o Séneca, quien significativamente abre el libro burtoniano. Lo cual nos indica además que su recorrido gigantesco por el mundo de la tristeza es, en realidad, una disección de todo el mundo de los hombres, de sus pasiones, miedos, proyectos o extravíos, e, incluso, un recorrido por lejanas geografías: la América entonces inventariada; la China descrita por los jesuitas. Burton, además, se reconoce como un bufón o un actor enmascarado, como alguien «que se presenta insolentemente en este teatro del mundo» y que se dirige sin rodeos al lector -«tú mismo eres el tema de mi discurso»-; o que imagina al detalle, por añadidura, una inquietante utopía, una Terra australis incognita en la que conviene finalmente detenerse.


...o sea, que continuará.



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