Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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6.11.07

Marilyn Monroe y Georges Perec

Voy a salirme de mi temática casi-habitual de la imagen social del bibliotecario, a la que estoy obligado por fidelidad a la URL, y me entraré hoy en los vericuetos de la lectura en femenino, más concretamente sobre el acto de la lectura llevado a cabo por una señora en particular, que se llamaba Marilyn Monroe. Y lo haré, la verdad, por dos razones:
  1. Para publicar juntas unas fotos que me he ido encontrando por ahí, alguna de las cuales ya publiqué en otra ocasión pero qué importa. Son fotos de esta señora leyendo.
  2. Como ejercicio de estilo, a ver si pongo en marcha las neuronas, en lugar de usando el braintrain ese tan de moda, usando a Quintiliano y a San Agustín, que fueron profesores de retórica, de jóvenes. Mi modelo no es Georges Perec, al que, aunque fue bibliotecario célebre pero por otra cosa y autor de ejercicios de estilo no pretendo, como es lógico, compararme.
Allá vamos. Pero no me digan que no tiene nada que ver la primera razón con la segunda, que ya lo sé yo. Así que allá vamos:

1. Fábula: se escoge una fábula breve y se amplifica (mediante paráfrasis, prosopopeya, sermocinación o dialogismo), o se condensa (con elipsis o cualquier otro procedimiento). Puede ser también cualquier apólogo o parábola.
Andaban por la selva un elefante pardo y una hormiga roja, y antes de que el elefante pisara a la hormiga ésta tuvo tiempo de sermonearle de este modo: "Hermano elefante, maravilla de la Creación, orgullo de la selva, mira bien por dónde pisas, hombre, que ahora es una humilde hormiguita la que aplastas con tu noble pata pero mañana quién sabe si no será un armadillo ó puercoespín el que ignores en tu noble caminar, y en tal caso puede que con una espina de aquéllas con las que cubre su piel pueda pincharte la tuya debajo de la uña y, retorcido de dolor punzante, te revuelques por el suelo, tan distante ahora de tus orejas ¡oh tú el más grande! y muerdas el polvo de la selva y arrases con tu corpulencia ¡oh tú el más gordo! orquídeas y rododendros de los que adornan nuestro hábitat. Mira, pues, por dónde pisas". Y la aplastó. Moraleja: Para hablar con un gigante, apártate primero.

2. Narración: contar un hecho o dicho, quier fingido, quier real, mencionando quién, qué, cuándo, dónde, cómo, por qué; acaso también para qué. Una vez que se cuida que el alumno no ha omitido nada, hacerle ampliar y resumir su texto. Es el principio de la educación del orador según Quintiliano.
Marilyn Monroe nació con el nombre de Norma Jeane Mortenson en el Hospital del Condado de Los Angeles, Estados Unidos, el primer día de junio de 1926; fue bautizada como Norma Jeane Baker; se cambió el nombre por el de Marilyn Monroe en Nueva York, Estados Unidos, el 23 de febrero de 1956. Antes de eso usó como actriz y modelo el nombre de Norma Jean, sin la "e" final. Todos estos cambios de nombre en una vida tan breve (murió el 5 de agosto de 1962 en su casa de Brentwood, Los Angeles, Estados Unidos) se debieron a distintos motivos: dicen que la abuela de Marilyn, al bautizarla, le quitó el Mortenson (nombre del marido de Gladys Pearl Monroe, la madre de Marilyn) por sospechar que el padre biológico era en realidad otro, un tal Charles Stanley Gifford. ¿Por qué Jeane, entonces, y no Gifford? Acaso ¿para qué? No se sabe. La cosa es que con el nuevo nombre de Norma Jeane Dougherty la chica trabajó como inspectora de paracaídas y pintora de aviones hasta que con 20 años y ya trabajando de modelo adoptó el nombre de Marilyn (por Marilyn Miller, estrella de Brodway de los años 20 y 30, y que en realidad se llamaba Mary Ellen Reynolds, como el papel albal) Monroe (apellido de su madre, y anagrama de Moreno, valga la paradoja), con el que la conoce hasta hoy. En resumen: que si usted se llama María Elena tiene perfecto derecho a ser conocida como Marilina.


3. Chría o anécdota: breve relación concreta y edificante de algún hecho o dicho de una persona. Para ello se alaba al autor del hecho o dicho, se refiere éste con brevedad, se prueba con la razón, se apunta lo que es contrario a la razón, se añade una semejanza o comparación, un ejemplo y un testimonio u opinión de otro y se termina con un epílogo o conclusión. Se puede amplificar por medio de paráfrasis o frases memorables acordes (refranes o sentencias apropiadas para el hecho).
Una vez un periodista preguntó a Simone Signoret, actriz francesa y esposa del actor y cantante francés Yves Montand, qué había de los rumores de affaire entre su marido y Marilyn Monroe, a lo que la Signoret por lo visto contestó: "If Marilyn is in love with my husband it proves she has good taste, for I am in love with him too" (con acento francés y sin sacarse el cigarrillo de la comisura de los labios). La verdad es que se podrían establecer semejanzas o comparaciones entre estas dos rubias del celuloide, pero sería ocioso, por no decir que no hay razón para hacerlo. Pero si podemos concluir algo de esta anécdota es que la Signoret andaba bien segura de sí misma por la vida. A ver.


4. Proverbio: ampliar una declaración condensada y abstracta, una moraleja, un proverbio, de forma muy parecida a la de la chreia, utilizando paráfrasis, comparaciones, contrastes, ejemplos, citas de otros autores o de otras frases, incluyendo epílogo o conclusión.
Dicen en Asturias que "tiran más dos tetas que dos pares de carretas", y para probar si esto es cierto en Asturias tanto como en Hollywood debemos leer una cita de Marilyn Monroe, que dicen que dijo un día "Blond hair and breasts, that's how I got started. I couldn't act. All I had was blond hair and a body men liked. The reason I got ahead is that I was lucky and met the right men". De modo que podríamos decir, como dicen también en Asturias, que se encontró con las personas adecuadas en el momento oportuno.

5. Refutación: ataque a la credibilidad de una narración (el ejercicio 2), por ejemplo una leyenda o mito. Primero se resume brevemente y luego se contemplan seis cosas: su obscuridad, improbabilidad, imposibilidad, contrariedad, indecorosidad e inutilidad. A estos argumentos les precede un exordio que vitupera al autor de la narración y un epílogo que lo reprende. Se recurre a la contradicción y al adynaton.
Hay autores que alegremente afirman cosas que no han visto y sobre las que no se han documentado, y es el caso de Fred Lawrence Guiles, biógrafo de Marilyn Monroe, de cuyas viles páginas se extrae la absurda leyenda de la dudosa paternidad de Martin Edward Mortenson (1897-1981), americano nacido en California pero de padres noruegos. Según Giles el execrable, habría sido la abuela de Marilyn la que cambiara el nombre paterno en el momento del bautismo, hecho que no ha quedado documentado en las actas parroquiales de Los Angeles, y que se basa en meras suposiciones de ambiguo proceder. No habiendo pruebas de ADN en esa época debe creerse a la madre, ante la dificultad que entraña esta investigación. Que más que difícil se antoja imposible dado el alcance de la ciencia médica, por no hablar de lo impropio de censurar las costumbres morales de los difuntos sólo por rumores californianos, que aunque sean americanos también son de Dios y deben guardarse las formas hasta con ellos. Lo contrario, entre otras cosas, no resultaría de ninguna utilidad para nuestros fines. En todo caso debemos concluir que, ante lo poco adecuado de los métodos, las pruebas ofrecidas y la oscura finalidad de las investigaciones biográficas de el tal Guiles, no nos quedan ganas de leer más libros suyos, y debemos recomendar que no sean leídos por niños ni adultos, a ver si aprende.


6. Confirmación: se arguye para demostrar la credibilidad de una narración (hecho o dicho) con pruebas. Un exordio alaba al autor de tal, un epílogo lo pone de ejemplo. Para ello se ven seis cosas: lo manifiesto, lo probable, lo posible, lo conforme, lo decoroso, lo útil… Para ello se recurre a las figuras de logos.
Si hay episodios conocidos de la infancia de Marilyn y de sus antecedentes familiares es gracias a la labor investigadora de su mejor biógrafo, Fred Lawrence Guiles, quien con ahínco y denuedo dedicó años de labor meticulosa a desentrañar las oscuridades en las que habían incurrido las vidas basadas en rumores y fuentes poco dudosas, a las que Guiles siempre ignoró. Entre otras cosas nuestro autor demostró fehacientemente que la afición de la artista a los cambios de nombre se debía, de modo manifiesto, al hecho de que se atribuyera su paternidad a quien ella sabía no era su padre; a su convivencia con abuelos y familias de acogida durante su infancia, como queda registrado y probado en los Anales de Los Angeles; y a su vocación artística, que le hizo fijarse en figuras brillantes durante su periodo de formación. No duda nuestro autor que se trata de temas escabrosos, pero no elude en su investigación mancharse los dedos con el polvo de los legajos parroquiales y notariales con la finalidad de dejar claro para la Historia la pequeña historia de los seres reales, esquivando con decoro las posibles implicaciones lúbricas en sus textos, siempre correctos. Guiles se convierte con su obra en un ejemplo de biógrafos y escribidores de vidas paralelas.



7. Lugar común: amplificación de bienes o vicios evidentes. Se relaciona con el encomio y el vituperio. Consta de un exordio en que se dice el castigo o recompensa que merece el hombre malvado o virtuoso, se sigue lo contrario del delito o virtud que se persigue, la explicación del crimen o del mérito por amplificación, la comparación con otros crímenes o virtudes, se manifiesta la intención del hombre malvado o virtuoso y se hace una digresión sobre la vida anterior. Se aparta la compasión y se termina con un epílogo compuesto con los fines de lo legítimo, lo conforme, la equidad, lo útil, lo factible, lo glorioso u honorable y el suceso.

¿Quién está libre de la rueda de la fortuna? ¿Es que hay bajo el cielo hombres o mujeres cuyo hado no esté escrito en las Actas del Tiempo? ¿Debemos condenar a quien, en el curso de su existencia, hace del camino de su vida un atajo hacia la comodidad o, por el contrario, es de alabar quien, entre estrecheces y aprietos, mantiene siempre bien alta la nariz de modo que no proyecte su sombra sobre el bozo del labio? Si una artista de las tablas o del celuloide, achuchada por deudas económicas, recurre a la publicación de fotos de su cuerpo en breves ropas, o ninguna en absoluto ¿quién levantará la mano para tirar la piedra? ¿No es más lícito pagar la hipoteca a fin de mes que mantener en privado las carnes tolendas? ¿Debe la artista pagar rentas morales eternamente por haber sido puntual en sus pagos financieros? Cuando en agosto de 1962 un periodista preguntó a Marilyn Monroe por las razones por las que posó desnuda para un calendario, su respuesta fue "Why? — It paid the rent"; en 1964 otro periodista insistió en su pregunta, y la respuesta que obtuvo entonces fue "The body is meant to be seen, not all covered up" Y dicen, aunque no consta la fuente, que en otro momento añadió: "I want to be an artist not an erotic freak. I don't want to be sold to the public as a celluloid aphrodisiac". De estas frases se deduce que las intenciones de la artista fueron económicas, aunque con un componente ético no exento de valoraciones estéticas: no es malvada la acción en sí, sino las motivaciones de los otros al interpretarla. No se trata aquí de compadecer a quien indudablemente gozó de un nivel de vida superior a la media, incluso entre los artistas de Hollywood, por el hecho de su corta vida o su triste infancia: apartemos la compasión de nuestro camino, pero estudiemos con serenidad el debate. Que es legítimo el acto en sí es de todos conocido, al menos en nuestra cultura occidental de ambigüedades morales y permisividades carnales, mas ¿conforme a derecho? Sí, sin duda, dentro de los límites en los que se encuentra el hecho. Mas sobre la equidad del mismo habría que debatir, ya que ¿no es cierto que no existe igualdad de oportunidades en estos temas, y que no se ofrecen las mismas a todas las actrices? Otra cosa es que sea útil o inútil discutir éste u otros extremos; factible sin duda pero ¿útil? Nos quedaremos sin saberlo. La gloria corresponderá en todo caso más a la actriz que mostró su cuerpo, dentro de la honorabilidad de la época, que al fotógrafo que la hizo posar "in puribus".


...Continuará, la semana próxima o quizá más tarde, con los siguientes ejercicios de estilo:
  • 8. Encomio
  • 9. Vituperio
  • 10. Comparación
  • 11. Etopeya
  • 12. Descripción
  • 13. Tesis
  • y 14. Defensa/ataque
Entretanto...¡hala, a disfrutar!




3.5.06

Librarian chic!


librarian chic (ly.BRAYR.ee.un sheek) n. A fashion style that uses elements of, or is inspired by, the styles stereotypically attributed to librarians.

Debo a Véase además una entrada, hace más de dos años, sobre la introducción del término "librarian chic" en la literatura profesional y dice que dice Tony Lozano que "Describe a aquellas personas, mujeres preferentemente, que se visten como si fueran bibliotecarias chapadas a la antigua como un nuevo estilo de moda".

Y hay un precioso artículo en THE TIMES del 22 de noviembre de 2004, sección "Fashion & Style" -lo cual lo dice todo- que acota: "Librarian chic, in its most popular use, is a slur — meaning a bit frumpy, a bit dusty, a bit not-exactly-of-this-moment. Oh, but how we disagree. We think it’s great: a little odd, a little pretty, a little kooky." Lo de "a little odd" me toca lo más hondo como Odd Librarian. Pero traduzco, que dije que las tonterías yo las diría en español: "Librarian chic es, en su uso más popular, una calumnia: significaría un poco anticuado, como sin gracia, casi polvoriento, algo que no correspondería a esta época; pero no podemos estar de acuerdo con esta definición, sino que más bien creemos que librarian chic es algo mucho mejor, es peculiar pero con encanto, y un poco estrambótico"

En el año 2003 ya había tratado el tema Deakialli en el post "¿Son todos los bibliotecarios así?"
Y la revista BUST (de nombre bastante sospechoso) incluyó en su número de Primavera 2004 un artículo sobre el "librarian chic" con imágenes que no he conseguido pero imagino. El título del reportaje era: "BABY GOT BOOK: librarians - could they be the new "it" girls?"



Bien. Vistos los títulos de crédito, vamos a introducir algo nuevo. El diario madrileño "El Mundo" trae los sábados un suplemento "femenino" que nunca me pierdo y que se llama "Yo Dona". El del pasado 22 de abril (¡víspera del día del libro y de los derechos de autor, hay que mondongarse!), número 51, traía un reportaje gráfico (de moda) llamado "PASANDO PÁGINA". Las referencias al look bibliotecario son sólo implícitas, pero yo leo entre líneas...
El texto en cabecera decía: "Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro y personalizada por zapatos, bolsos, joyas, relojes y, por supuesto, gafas de pasta. Imagen de la perfecta lady en plena jornada laboral."

Y las fotos, junto a la que abre este post, son las siguientes:







Ya véis lo que ven los publicistas. Freud lo habría tenido bastante claro: este look de entre fines de los 50 y principios de los 60, de rubia teñida con la raya bien pintada, perlitas, taconazos, leve escote no revela más que una infancia infeliz y reprimida. Supongo que el publicitario en cuestión sentía un morbo especial por la secretaria de su colegio, la enfermera de su centro de salud, o la bibliotecaria infantil. Si en lugar de anuncios hiciera películas sería Alfred Hitchcock, que también adoraba este look. No es casual el parecido con Kim Novak, que comenzó su carrera como... oficinista glamourosa. O con Tippi Hedren, otra actriz-fetiche de Hitchcock. Rubias, serias, cejas oscuras, look librarian chic...

Por pudor a las damas he ocultado del reportaje gráfico los precios de los vestiditos, tops, blaziers, bolsos, collares, gafas de concha, etc. Sólo recuerdo uno: un bolso de 1.080 €. No está mal ¿verdad? Lo he dicho cienes de veces y no me cansaré de repetirlo: si tuviéramos un colegio profesional no pasarían estas cosas.

Pero la cosa es que el chic bibliotecario existe, incluso con sueldos reales. Cuando mi nunca suficientemente admirada Srta. Pepis trajo a la biblioteca a una de sus adolescentes -entonces- hijas, ésta -la hija en cuestión- reprobó a su madre el look de dependienta de El Corte Inglés que traía a un centro en el que se codeaba con compañeras tan glamourosas como las componentes del Consorcio Bibliotecario "Maruja's Corner" (del que no puedo ofrecer imágenes; se trata de una Sociedad Secreta, lo siento). Pero si nos pagaran la productividad en función del glamour bibliotecario ya veríamos, ya.

Y como para lo que estoy aquí es para ofrecer imágenes que aporten algo a LA IMAGEN SOCIAL DEL BIBLIOTECARIO allá van otras más, halladas por ahí, algunas ya las conocéis:




Esta de la Marilyn con gafas es el complemento de la que puse el otro día, colocando libros. No es seguro que Marilyn fuera bibliotecaria en una vida anterior (de hecho no figura en la plantilla de bibliotecarios célebres pero por otra cosa) pero con esto del karma nunca se sabe, la verdad. Deberían inventar un buscador (tipo Google) de vidas anteriores (y digo tipo Google porque la caché de Google es un poco el limbo y un poco el purgatorio de las páginas extintas y pasadas a otra vida; pero me voy de mi tema). Vuelvo.



Y esta es de otra jamona minifaldera escotada: en este caso está quitándole el polvo a los libros, lo cual también es tarea bibliotecaria. Moño, gafas de concha con cadenita, rebequita por si refresca... todos los tópicos presentes.


De esta comprendo el texto pero hay algo que se me escapa. ¿Es un juego de palabras cochino que no entiendo? My english is perfect. Lo escribió un bibliotecario, lo cual en principio no sé si es bueno o es malo. Siguiente...


Esta se llama "literary vamp" y la he plagiado de "literary vamp" que es una colega mía que escribe sobre bibliotecas y hace crítica literaria: "I claim no intellectual brilliancy, and am writing reviews for my own benefit rather than out of mistaken glory." Como yo. Solo que yo no enseño la liga.



A estas dos ya las vimos con el tema de los carritos, creo, pero es que tienen un no sé qué de pase de modelos "vintage", y aunque no llevan gafas de concha la una porta moño y la otra la consabida rebequita. Y las poses: las poses son de lo más librarian chic. Ni mandan callar ni abroncan al lector disipado: simplemente sonríen a la Humanidad desde el carrito de la biblioteca.



Esta tan años 40 con unos improbables shorts, altísimos tacones, y escote "palabra de honor" es como un decálogo del no-look bibliotecario, la verdad. Es que la tía ni siquiera mira el libro, ni está tras un mostrador de biblioteca (¡claro! tenía que mostrar la cacha), ni el taburete es un taburete bibliotecario, ni gafas, ni rebequita, ni moño, ni nada de nada. Que no sé qué pinta aquí la chica.



Y la última, de esas sacadas de una serie de imágenes porno, donde la primera es con look bibliotecario (o de enfermera, maestra, oficinista... de nuevo llamemos a Freud) y en la última se le ven hasta las amígdalas a la chica. Os disculpo de visionar la serie completa: en todo caso la mejor es siempre la primera. Y cómo negar que es mucho menos glamourosa que otras anteriores: ¿por qué esos tacones años 50 con medias de costura? ¿por que ese traje de raya diplomática? ¿por que esas gafas de azafata del 1, 2, 3...? ¿por qué esas estanterías forradas de libros encuadernados en guaflex, que parecen un coleccionable de RBA, y ni están tejuelados? ¿por qué ese escritorio de anticuario? No cuela, maja, tú no eres bibliotecaria. Te falta lo que decíamos al principio: Una silueta limpia y sencilla, esculpida con prendas de aire retro...

27.3.06

¿Hay un artista a tu lado?


Si hay algo que nos ha enseñado la serie "Famosos pero por otra cosa", interrumpida aquí pero quizá no acabada aún, es que cualquiera de nuestros compañeros podría ser, llegar a ser en el futuro, o haber sido en el pasado, una gloria de las letras, de la pequeña pantalla o del crimen organizado. ¿Quién te dice a tí que tu compañera de Proceso no es al mismo tiempo una afamada poetisa sicalíptica? ¿O que el chico del mostrador del fondo no tiene madera de magnicida? ¿O que tu director fundó una religión demoníaca? ¿O que esa becaria que tuvísteis el curso pasado no se acabará casando con ese usuario que vestía siempre de negro? Las vidas privadas de los bibliotecarios merecerían disparar más alto que lo que yo puedo: merecerían un culebrón venezolano, como mínimo. Será la Historia la que diga en qué hornacinas o epitalamos se coloquen los bibliotecarios del presente: pero no seré yo quien os vea subir al epitalamio, chicas. Yo lo que quiero es contaros que he leído en el periódico un listado de grandes próceres de la literatura universal que fueron en sus vidas privadas (¿o más bien públicas?) sencillos oficinistas:
  • Kafka era agente de seguros
  • Pessoa llevaba libros de contabilidad
  • Roa Bastos fue administrativo de banca
  • Verlaine, funcionario municipal
  • Italo Svevo trabajó en la oficina de una fábrica de pinturas
  • Robert Walser, oficinista
  • Kavafis, funcionario ministerial
  • Wallace Stevens, del ramo de los seguros
  • Mario Benedetti, taquimecanógrafo
  • Juan Rulfo, en inmigración
Y los fieles lectores de la serie "Famosos pero por otra cosa" saben ya que en el ramo de las bibliotecas florecieron filósofos (Kant, Leibniz, Hume, Lao-Tse), poetas (Hölderlin, Gloria Fuertes, Reinaldo Arenas, Goethe, Longfellow), novelistas o cuentistas (Borges, los hermanos Grimm, Stephen King, Marcel Proust), políticos (Mao Tse-Tung, Golda Meir), sus mujeres (Laura Bush, Nadezda Krupskaia), sus hijas (Hilda Guevara), terroristas magnicidas (Mateo Morral, Harvey Lee Oswald), actores del mamporro (Bud Spencer), Papas (Nicolás V, Pío XI) y Antipapas (Anastasio el Bibliotecario), superhéroes de barrio (Batgirl) y gendarmes paranoicos (Edgar Hoover), santas (Matilde de Hackeborn) y boxeadores (Mike Tyson).

La estadística es una ciencia muy seria (según la estadística si vd. tiene dos coches y yo ninguno, entre los dos tenemos dos coches), y con la estadística en la mano no me cabe duda de que entre nuestras filas habita alguna lumbrera, si no poética al menos de la política, porque de Papa o Papisa como que no os veo, y para cometer magnicidio primero hay que tener a tiro a alguien grande, y no los veo yo por aquí...

O será que donde vamos a encontrar nuestra imagen social será en las pantallas del cine y de la tele: la cosa es que muchos de los laureados bibliotecarios que he mencionado más arriba no es que fueran personajes asíduos de la tele (bueno, salvo Gloria Fuertes y Mike Tyson, la verdad) pero porque le tele entonces no era lo que es: el hecho de que la gran mayoría de los españoles relacionen el término "Biblioteconomía" con la amiga Inma del "Gran Hermano" lo dice todo. En los Estados Unidos, fuente de admiración sin límites para mí, son capaces de emitir una serie de televisión que se desarrolla no sé si en una biblioteca o en una librería (a los efectos me da lo mismo) y protagoniza Pamela Anderson, estrella de la silicona pectoral en permanente exposición pública.





Las fotos me recuerdan algunas otras imágenes en las que se fija el imaginario colectivo cuando piensa en chicas y bibliotecas (lo cual es parte de la imagen social del bibliotecario): se trata del lugar común de la bibliotecaria alzada de puntillas o sobre unas escaleras y luciendo los tobillos. Hay algunas fotos:


La escena es de la película "No man of her own", de 1932, la chica es Carol Lombard y el chico que le mira los tobillos es el inmarcesible Clark Gable. Al final se casan.



Esta otra es de Cindy Sherman, actriz y fotógrafa, en una imagen de 1978 hecha por ella misma para la serie "Film Stills", en la que se fotografió en diversas "situaciones de mujer". Escogió una de bibliotecaria. No se le ven los tobillos, pero la pose es la misma.


Y esta otra que enseña los tobillos hasta la altura de la cacha no es otra que la rubia de todos los tiempos, la jamona Marilyn Monroe. No tengo ni idea de si se trata de una imagen de una película (no me consta que salga ninguna biblioteca en ninguna de las suyas). Claro que los libros de la foto no están tejuelados... luego no es una biblioteca, sino una vulgar librería. Fijaos en el libro que tiene en la mano: son grabados de Goya. No es que esto signifique nada, pero son grabados de Goya.



¿Y esta, enseñando hasta las bragas? Es un dibujo de Geek se la serie "Talk to me". No tengo muy claro de dónde la saqué, pero guarda una relación con las anteriores.


Otro dibujo con culo al aire, tacones en botas altas (como las que llevaba Franco para pescar truchas), gafas y diadema. ¿Es la imagen social del bibliotecario? ¿Se me está yendo un poco de la mano? He dicho culo. Y empecé hablando de escritores oficinistas, y no sé cómo he llegado hasta estas imágenes de bibliotecarias enseñando más o menos un fragmento de sus piernas al colocar libros... ¡ah si! era por la foto esa de la Pamela Anderson. Bueno, pues sigo:


Esto es un sujetalibros de metacrilato con una figurita de bibliotecaria minifaldera sibida a la escalera para colocar los libros, y a la que obviamente se le ven los tobillos. Está modelada a partir de un personaje de Milo Manara, el autor de comics como "El click", de alto contenido tórrido. No lo venden en Esquitino.


Aquí otra de lo mismo. La venden en una tienda online por 55 $.


Esta otra es de un tal Ichigomochi (es japonés, lo habíais notado ya, generación criada viendo Heidi y Marco).



Y esta yo diría que la la enseñé el otro día. Forma parte de una serie que no digo dónde está pero que es de esas en las que acaba quitándose hasta la laca de las uñas. La foto buena es esta. Pero tampoco se trata de una biblioteca: como en el caso de Marilyn, no hay tejuelos.



¡Chicas! Ya sabéis: pantalón hasta el tobillo, como la de la foto.

P.S. Ya véis por dónde han ido los derroteros de hoy en La Imagen Social del Bibliotecario. Podía haber reflexionado un poco más sobre las imágenes de bibliotecarias en la tele o en el cine, que es lo que parece que prometía, en lugar de mostrar tanta foto cutánea. Otra vez será. Tengo, por ejemplo, una de Rossy de Palma haciendo de bibliotecaria en "El porqué de las cosas", y voy a buscar algunas más para dar pie a alguna reflexión más, digamos, académica.

¡Hala! ¡A disfrutar!

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