Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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24.5.09

Espías como nosotros






En "El espía que surgió del frío" se produce el siguiente diálogo entre un espía y una bibliotecaria:
Bibliotecaria: ¿Sabe usted archivar?
Richard Burton: Si
B.: ¿Tiene letra legible?
R.B.: Nunca en fin de semana...

El espía es Alec Leamus (papel interpretado por Richard Burton), un bibliotecario alcohólico y mal pagado que hace el papel de agente doble entre la biblioteconomía (Information Science) y el espionaje (Information Services), que conoce a la atractiva bibliotecaria comunista Nan Perry (papel interpretado por Claire Bloom) con la que mantiene un tórrido affaire sentimental en el que se mezclan el alcohol, la duda psicológica, los sentimientos de culpa, la política de la guerra fría y la Clasificación Decimal de Dewey.

Vean aquí el precioso tráiler de época sobre esta peli, donde no sale la biblioteca pero sí los bibliotecarios en cálido arrumaque:






Todo este asunto me ha tenido pensando pensando, como en el anuncio de "Centella", y la cosa es que revisando papeles de aquí y de allá, servicio de información que soy en mí mismo, he empezado a columbrar las conexiones entre espías y bibliotecarios, algunas de las cuales quiero exponer esta mañana, aún a riesgo de sacar del armario a alguien.

¿Y quién sabe más de armarios que un archivero? Mi suegro tiene una cuñada archivera, de la que dice maliciosamente que es un archivador. Pero un archivero, no hagamos caso a mi suegro, es un pedazo de profesional de la información, y por tanto cercano al agente de información, asunto que nos ocupa esta plomiza mañana. Yo de archiveros no sé gran cosa, y quizá debo iniciar hoy una serie "Archiveros célebres pero por otra cosa", que podría inaugurar por la puerta grande la Reina de los Espías, Stella Rimington, que fue archivera, luego bibliotecaria y luego espía. Cazi ná.





















Les presento por la presente al original y su modelo. Stella Rimington (a la derecha) es en la actualidad novelista, escribe novelas de espías. Desde que se jubiló en 1996 de su anterior trabajo como Superindendente del MI5, el Servicio de Inteligencia del Reino Unido. Esta señora londinense a la que esperaba una aburrida vida de inglesa media, que trabajó de maestra en un colegio de niñas, que se fué de au pair a Francia antes de entrar a estudiar en la Universidad, consiguió un trabajo de archivera en el Condado de Worcester en 1959, donde conoció a su marido, usuario del archivo y con el que una vez casados se mudó a vivir a Londres, donde entró a trabajar en la Biblioteca de la India Office, que es lo que se llama "un departamento difunto" cuyo archivo y biblioteca se puede consultar gracias a la British Library. Pues bien, de la Oficina de la India pasaron a irse a vivir a Nueva Delhi, el La India, donde el hombre había sido designado para llevar la oficina de asuntos económicos. Como tantas veces pasa, la mujer se aburría, total que le ofrecieron el puesto de ayudante o de secretaria de uno de los comisionados de la embajada... que resultó ser un espía, nada menos que el representante del MI5 en India, así que el hombre la reclutó de espía. Doña Stella trabajó en espionaje, contraespionaje, antisubversión, antiterrorismo, tuvo dos hijas, se divorció del marido, estuvo destinada en Moscú (no sabemos si con las niñas) y acabó siendo nombrada Directora General del MI5, de hecho la primera mujer que lo dirigía y su primer director en salir del archivador, digo del armario: osea, el primero cuyo nombre y foto son públicos.

¡Y tan públicos! Stella Rimington inspiró el personaje de "M", la jefa de James Bond en Casino Royale y otras pelis. Dice en el periódico: "Me sentí muy halagada porque sé con certeza que inspiré el personaje de M interpretado por Judi Dench en el cine. En la película incluso aparecía con el mismo corte de pelo y el traje idéntico al que lucí en mi comparecencia televisiva como directora general del MI-5". Y ahora escribe novelas protagonizadas por la agente Liz Carlyle, "agente de inteligencia en la treintena, que apenas logra conciliar su vida laboral y privada, sufre como cualquier londinense los habituales parones del metro cuando acude a su oficina del Millbank, a orillas del Támesis, y parece desconocer los secretos del martini agitado, no revuelto."

Pero no se vayan a creer que aquí queda la cosa. Ya dediqué otra ocasión a contarles la historia de otro de los grandes espías bibliotecarios, John Edgar Hoover, fundador del FBI americano, a la que saqué jugo suficiente por lo que no reincido. Pero me he encontrado todo un libro "The librarian spies" que estoy deseando leer a ver si me revela el modo de enrolarme en plan Roldán.

Amárrense a los machos: "In 1950, Senator Joseph McCarthy declared that the State Department was a haven for communists and traitors. Among famous targets, like Alger Hiss, the senator also named librarian Mary Jane Keeney and her husband Philip, who had been called before the House UnAmerican Activities Committee to account for friendships with suspected communists, memberships in communist fronts, and authorship of articles that had been published in leftist periodicals." Osea, encima de tener amigos sospechosos de ser comunistas, escribían artículos en revistas de izquierdas ¡A la hoguera! ¡Y yo con ellos! Menos mal que en lugar de fusilar a la bibliotecaria filocomunista, la dejaron en paz, y la mujer abrió un cine donde echaban pelis en idiomas extranjeros, hecho por el que, que se sepa, no sufrió condena.

Y además más cosas: antes he mencionado a Roldán. ¿No le encuentran vds. un bonito parecido con el Superintendente Vicente, de la T.I.A.?
























Mortadelo y Filemón son los primeros profesionales de la información de mi imaginario poético: "Mortadelo y Filemón, agentes de información" un par de agentes secretos (Information Services) de la organización, conocida como la T.I.A. (Técnicos en Investigación Aeroterráquea), que vela por la seguridad de los ciudadanos manteniendo a raya a todo tipo delincuentes y maleantes. A pesar de que las lenguas bípedas han querido ver en el personaje de Ofelia, la secretaria eternamente deseosa de Mortadelo, a una bibliotecaria, yo opino que se parece más bien a Monipeni (la secretaria eternamente deseosa de James Bond).

Con lo que se cierra aquí el círculo, que comenzamos con el espía superatractivo Richard Burton, y acabamos con el no menos deseable profesional de la información Mortadelo, pasando por James Bond y algunos de sus secuaces. Vds. dirán si la cosa estuvo bien llevada.

¡Hala, a disfrutar!


19.7.07

A Hipper Crowd of Sushers


Que viene a significar algo así como "Una panda guay que chista", siendo "to sush" mandar callar haciendo así con el dedo en la boca, osea chistar, "crowd" multitud o grupo grande de personas, y "hipper", que está en la onda, que mola, que es guay. Viene el título de un reciente artículo del New York Times (¡ojo! en las páginas Fashion & Style) sobre un grupo de bibliotecarios que les ha llamado la atención, por eso mismo, por su fashion y su style:

Librarians? Aren’t they supposed to be bespectacled women with a love of classic books and a perpetual annoyance with talkative patrons — the ultimate humorless shushers? Not any more. With so much of the job involving technology and with a focus now on finding and sharing information beyond just what is available in books, a new type of librarian is emerging — the kind that, according to the Web site Librarian Avengers, is “looking to put the ‘hep cat’ in cataloguing.”

Traduzco comme il faut: ¿Pero cómo que bibliotecarios, esos seres gafosos y malhumorados siempre mandando callar? ¡Venga ya! No me digas que por el sólo hecho de que ahora tocan teclas van a ser distintos, hombre, por mucho que ahora digan que le ponen al gato el cascabel 2.0...

Nos cuenta el NY Times la experiencia de entrar en un local "de moda" (trendy), el Daddy's de Brooklyn, y encontrar un grupo de gente muy "cool" que, atención, piden sus copas en un idioma secreto: el Dewey.
With their thrift-store inspired clothes and abundant tattoos, they looked as if they could be filmmakers, Web designers, coffee shop purveyors or artists. When talk turned to a dance party the group had recently given at a nearby restaurant, their profession became clearer.[LIBRARIANS] “Did you try the special drinks? (...) the drink was numbered and the guests had to guess the name. “613.96 C” [ojo al número, pincha, pincha]

Traduzco
como me place: ahora llevan camisetas con mensaje profundo y van de bares, como todo el mundo por otra parte, pero allí piden las copas en un lenguaje propio llamado CDU en el que, por ejemplo, un Cuba Libre se llama 338(729.1)

Now, there is a public librarian who writes dispatches for McSweeney’s Internet Tendency, a favored magazine of the young literati. “Unshelved,” a comic about librarians — yes, there is a comic about librarians — features a hipster librarian character. And, in real life, there are an increasing number of librarians who are notable not just for their pink-streaked hair but also for their passion for pop culture, activism and technology. “We’re not the typical librarians anymore”

Traduzco: que dice que hay tebeos sobre bibliotecarios, que hay bibliotecarios que influyen en la gente, y que ya no somos lo mismo gracias a la cultura pop, el activismo y la tecnología.
Why are people getting into this profession when libraries seem as retro as the granny glasses so many of the members of the Desk Set wear? “Because it’s cool” (...) How did such a nerdy profession become cool — aside from the fact that a certain amount of nerdiness is now cool? Many young librarians and library professors said that the work is no longer just about books but also about organizing and connecting people with information, including music and movies.

Traduzco: ser bibliotecario MOLA MAZO.

Ms. Campbell added that she became a librarian because it “combined a geeky intellectualism” with information technology skills and social activism.
También en el New York Sun pudimos leer la historia de los bibliotecarios más cool que organizaron una fiesta con cócteles clasificados según el Dewey Decimal System:
"Prepare to be shushed!" read the announcement for the event, at which the reference desk revelers downed cocktails with Dewey Decimal numbers instead of names. (...) "Guybrarians" were also in evidence. A private tutor, Orion Taraban, confided that librarians were "reserved" but "secretly passionate." An archivist at the YIVO Institute for Jewish Research, Jesse Cohen, said it was a good sign that the librarians were difficult to distinguish from the neighborhood denizens packing the bar.

Eso para que luego digan que los bibliotecarios nunca salimos en las noticias. O como dice esta otra señora del Huffington Post: Librarians Rarely Make the News. La autora nos revela algo interesantísimo: resulta que el reportaje del NY Times al que hacemos referencia todo el tiempo, no pasó desapercibido para nadie:
The article, featured in the Sunday fashion and style section remains, two days later, the most emailed article on the New York Times website, and the seventh most-blogged. Here's the big story: Librarians aren't all old. And some of them are downright cool and fun to be around.
Nos muestra la cara crítica de este reportaje: las críticas que ha leído en los posts de diversas bitácoras, y ofrece esta conclusión personal:
As a profession, I don't think librarians care if the public thinks we're cool: We just want the people we work for to know what exactly it is that we do. For all its emphasis on hipster librarians as another example of nerdy chic, the article's title perpetuates that most outdated image of librarians -- the Shusher -- implying that while these new young professionals might be trendy and -- dare I say it -- sexy, they are still fussy librarians who want to keep it quiet.

Traduzco on my way: a la postre artículos como este sólo llaman la atención a los bibliotecarios, que somos los que lo leemos y comentamos sin caer en que estamos perpetuando el estereotipo de la bibliotecaria rancia y a lo mejor la idea de que para mejorar debería ser más, digamos, sexy.

Pero hay otra cara de la noticia, digo, voy a dar otra noticia por la cara: Los bibliotecarios hacen algo más que mandar callar. Recomiendo la atenta lectura del artículo, porque hace referencia a una película llamada Hollywood Librarian, en la que tiene algo que ver la bibliotecaria Ann Seidl, autora de la página web del mismo nombre.

WASHINGTON — Men in tuxes and women in gowns smartly walk the red carpet at the Washington Convention Center, to the "woo-hoo!" of adoring fans. A cameraman records the procession; photographers angle for close-ups. One carpet-walker, a woman in blue sequins, strikes a come-hither pose, and a security guard taps a spectator on the shoulder. "Are they famous?" he asks. "No," she replies. "They're librarians."

Aquí va un trailer de la película, en YouTube:





Y toda esta monserga me ha venido a la cabeza, dolorida, porque llevamos oyendo desde las 9 de la mañana a un gaitero tocando la gaita en la Biblioteca. En serio. Si dejar pasar a un gaitero a tocar la gaita en la Biblioteca no es el paradigma del cambio de paradigma bibliotecario, del nuevo rol social de las bibliotecas, de la Biblioteca 2.0 y de la eslasticidad y multifuncionalidad de los espacios bibliotecarios... que baje San Lorenzo y lo vea.

¡Hala, a disfrutar!

15.2.07

Célebres pero por otra cosa (12)

No podía quedar como quedó la saga de los Bibliotecarios Célebres Pero Por Otra Cosa, y la cosa es que guardaba yo un par de personajes más, a los que se han sumando otros que he ido encontrando por ahí y que vds. dirán si ortodoxamente encajan en este desordenado directorio de profesionales de la información. Si alguno de vds. no ha oído hablar de alguno de ellos, como pasó con Sir Robert Burton, no pasa nada, es sólo que son vds. un poco incultos pero no pasa nada. Yo cuento lo que sé:


Madlyn Rhue (1935-2003)
Actriz estadounidense que aparecía frecuentemente en la serie televisiva "Se ha escrito un crimen" donde interpretaba el papel de la bibliotecaria del pueblo de Cabot Cove. En la década de 1950 y 1960 realizó intervenciones como "actriz de reparto" en series memorables como Hawai Cinco-Cero, Los Ángeles de Charlie, Bonanza, Los Intocables, Misión Imposible, Starsky y Hutch, La Hora de Alfred Hitchcock, Perry Mason y Star Trek (donde hizo el papel de la historiadora Marla McGivers, enamorada de Khan en el episodio "Space Seed"). Enferma de esclerosis múltiple desde 1977, durante varios años prefirió mantenerlo en secreto, aunque sus piernas se mostraban cada vez más débiles. En 1982 hizo un episodio de Fama, en el que aparecía sentada. En 1985, la actriz dejó de caminar y debió desplazarse en silla de ruedas. Ángela Lansbury, protagonista y directora de "Se ha escito un crimen", la contrató en 1984 para que trabajara el tiempo suficiente como para tener cobertura médica en el Seguro de Actores de Televisión, y en tres de cada cuatro episodios aparecía la bibliotecaria de la silla de ruedas. No tengo ni el nombre de la bibliotecaria ni imágenes, lo siento; pongo la foto trekkie.


Rachel Weisz (1971- ).
Afamada actriz de Hollywood con trentaytantas películas ya en su haber (¿o se decía "en su palmarés"?) pero que conocemos más por su aparición en La momia (1999) de Stephen Sommers, donde hace el papel de Evelyn Carnarvon, la bibliotecaria atolondrada que se mezcla en la expedición porque ha heredado de su padre la fascinación por el Egipto antiguo y anda en busca de ciertos libros. Pero Evelyn Carnarvon es un personaje real (he su foto y crónica de sociedad), hija de Lord Carnarvon, uno de los descubridores de la tumba de Tutankamón, y de las pocas sobrevivientes a su maldición. Lo que no he podido saber es si fue de veras bibliotecaria o esto forma parte de la ficción del cine. En una entrevista a la actriz decía: "You were a babe in "The Mummy" movies. No. Was she a babe? I thought she was a librarian. Oh, was she a babe librarian? Yeah, it was like a Hollywood librarian. When I went to the audition for that, I went with my hair sprayed back with glasses, and Steve Sommers, the director, was like, "Could you maybe take your hair down?" [I said,] "I thought she was a librarian." "It’s a Hollywood librarian."


Margaret Herrick (1902-1976).
¿Quién presta su nombre a la Biblioteca de la Academy of Motion Picture and Sciences (la Academia de los Oscars)? El domingo próximo se realizará la ceremonia número 76 de entrega de los premios Oscar, adjudicados por la Academia de Artes y Ciencias de Hollywood, fundada en 1927. Estos trofeos se otorgan desde 1929 y son reconocidos con ese nombre desde 1931, no bien Margaret Herrick, bibliotecaria de la Academia, divulgó que la estatuilla le recordaba a un pariente suyo, el ganadero texano Oscar Pierce. La pieza es de bronce, con revestimiento de oro, pesa algo más de 3 kilos y el boceto de su figura fue diseñado por Cedric Gibbons, colaborador de Thomas Alva Edison y luego director artístico del sello Metro Goldwyn Mayer. Hay que decir que Margaret Herrick en realidad fue "library volunteer" hasta 1936, fecha en que se formalizó su cargo, y que de bibliotecaria pasó a ser directora de la Academia durante 27 años, hasta su retiro en 1971, momento en que le dedicaron estas palabras: "When Margaret Herrick became the Academy librarian, the 'stacks' consisted of a pile of trade papers. She built it, slowly, insistently, book by book, file by file, always hoping that eventually it would be, in a sense, the cornerstone of the Academy. One thing I don't believe she dared hope for was that it would one day be named after her. It's wonderful to know that a few months ago, though in a wheelchair, she was able to visit the new building and glow at the handsome and spacious Margaret Herrick Library which contains the finest collection of historical and technical information on motion pictures in the world, a tribute not only to Mrs. Herrick but to the medium of film itself." Vaya hombre, segunda silla de ruedas bibliotecaria. Lagarto, lagarto.



Gisela Mauermayer (1913-1995).
Atleta germana, lanzadora de disco, que ganó la medalla de oro en lanzamiento de disco en las Olimpiadas de Berlín en 1936, donde fue ensalzada por el gobierno nazi de Hitler como modelo de femineidad aria. Destacó además como lanzadora de peso y en el pentatlón, en los Campeonatos de Europa de 1938. Al acabar la Segunda Guerra Mundial tuvo problemas por su pasado nazi, de modo que cambió de vida: estudió Biología y al poco tiempo se convirtió en directora de la Biblioteca del Museo de Zoología de Munich, cargo que ocupó de 1954 a 1975. Parece mentira, pero he aquí la prueba, donde se dice que fue la primera bibliotecaria de verdad que tuvo el Museo.


Jacques Joseph Champollion (1778-1867).
Hermano mayor de Jean François Champollion, padre de la Egiptología por ser el descifrador de la Piedra Rosetta. Nacido en Figeac (Francia, bonita ciudad, la recomiendo) estudió en Grenoble, donde se hizo bibliotecario y profesor de griego. Más tarde trabajó en el área de manuscritos de la Biblioteca Nacional de Francia, y en 1849 se convirtió en bibliotecario jefe del Castillo de Fontainebleau, desde donde se dedicó a editar la obra de su famoso hermano, muerto prematuramente, y a investigar sobre el patois, que resulta que es un dioma. Tuvo un hijo bibliotecario, que trabajó como asistente suyo en la Biblioteca Nacional y que acabaría escribiendo un ensayo bio-bibliográfico sobre los hermanos Champollion.



Y ahora, para terminar, un mapa conceptual:
Lo he hecho con una red neuronal básica (la mía) y establece relaciones cognitivas y taxonómicas entre los sujetos analizados supra (hay dos señoras relacionadas con sillas de ruedas, dos con Egipto, dos con Hollywood, dos con piedras -la lanzadora de peso y el hermano del descifrador de la Rosetta). Para que luego digan que no semos científicos. Hele.

21.12.06

Library Play



En estas fechas tan señaladas... (este es uno de mis tópicos favoritos, junto con "este marco incomparable" y "esta huella imborrable"). Decía yo que en estas fechas tan señaladas, entre tanta abundancia abundan las celebraciones de fiestas navideñas escolares. Los infantes acuden a sus colegios disfrazados de pastorcitos o vírgenes, de renos o abetos; los padres asisten embelesados a representaciones que graban en sus videocámaras (o tomavistas, que los llama mi madre); los escolares chillan sus villancicos en el salón de actos del cole y se demelenan a comer panchitos a la salida... Mi pregunta es por qué se limita tan positivo acto a la infancia, y no se continúa durante toda la educación celebrando festivales navideños. Particularmente creo que si en la Universidad ya hemos copiado de los americanos las fiestas de fin de curso con baile en el polideportivo, la imposición de becas con asistencia de los orgullosos padres, la vidilla de campus con el ligoteo incorporado y el glamour de las universidades americanas de las películas, y hasta el baloncesto universitario, por qué no, decía yo, celebramos festivales navideños.

Y propongo hacerlo en la Biblioteca, como actividad no sé si de extensión cultural o de extensión bibliotecaria. Algunos ejemplos tenemos. Pasen y vean:

Este es un ejemplo, por ejemplo, de integración multimedia: BIBLIOTECA-TEATRO, tanto monta monta tanto. Si lo piensas, aquí hacemos mucho teatro. A veces finjo que le enseño a un alumno a usar un recurso que él finge aprender... cuando sales del teatro, a la vida real, se acaba la función y olvidas la comedia. Lo mismo le pasa al alumno al que enseño a usar el OPAC, que cuando sale por la puerta se olvida de todo.


Este es un bibliotecario desesperado clamando en el desierto de la incomprensión de sus usuarios... pero lo suyo es puro teatro. Les está contando un cuento. Los lectores del mañana recordarán sus gestos, recordarán la biblioteca, pero no recordarán la historia que se les cuenta. Al menos los míos nunca recuerdan la historia que les cuento (la de "callarse", o la de "guárdate ese bocadillo de chorizo", o la de "los baños, al fondo a la derecha"). Yo también hago teatro: hago el papel, otras veces, del Horacio de Hamlet ("Hay más cosas bajo el cielo de las que caben en tu filosofía").

Luego están estos colegas, que para una representación navideña desempolvaron los disfraces de sus cajones de 75x125 y se ataviaron conforme sus funciones bibliotecarias:
  • tres de ellos van de piratas (son los encargados de bajarse de internet "recursos" que luego graban a escondidas de las entidades de gestión de derechos de autor)
  • la señora gorda (con perdón) del centro va de hada madrina con varita mágica: es la encargada de la gestión presupuestaria, de sacar dinero de donde no hay.
  • la de la camiseta naranja va de calabaza de Halloween: se encarga de los cursos de alfabetización (de la de siempre) para alumnos con calabazas, osea suspensos.
  • al fondo a la derecha hay una señora con una túnica solemne, anticuada, incómoda, fea y fuera de lugar: redacta encabezamientos de materia.
  • las otras dos, una blanca y otra negra, con una camiseta con un 2, son el Comité para la Implementación del Lib 2.0
Estos son los abuelos de los de más arriba, grupo de bibliotecarios de Wisconsin que en los años 20 celebraron una función teatral en su biblioteca para animar el cotarro. Llama la atención, contrastando las dos fotos (arriba y abajo) la importante reducción de personal, lo elegantes que eran las señoras antiguas, lo simpáticos que eran los señores antiguos, la diferencia de proporción hombres-mujeres entre las bibliotecas en 80 años de distancia, pero sobre todo llaman la atención esos dos señores leyendo el periódico en pijama y zapatillas. Eran el Comité para la Implementación del Lib 2.0


Esto no es una obra de teatro, sino una película, Desk Set, posiblemente la mejor película de bibliotecarias de la historia del cine, con mi adorada Katharine Hepburn en un papel ab-so-lu-te-men-te realista y reconocible en algunas colegas. Es genial. ¿Y no podíamos representar Desk Set en versión teatral por navidades en las Escuelas y Facultades de Biblioteconomía y Documentación?

O podríamos representar "Marian the Librarian", número del musical de Broadway "The Music Man", del que tenéis un vídeo más arriba (arriba del todo, quiero decir). No sé si hay una adaptación de la letra al español. Yo, lo que es yo, si me preguntan, tengo clarísima mi candidata para el papel de Marian.

Lo habéis adivinado: pondría a Marian en el papel de Marian.

¿Verdad que sí?

O si no, pues podríamos representar una obra de teatro intimista, tipo Ibsen o Chejov, así con bibliotecarias vestidas a la antigua y con cara de antigua (como dice la Srta. Pepis ¡hay que ver qué cara de antigua tenían las antiguas!), como estas dos de la foto, que pasan media representación dialogando sobre temas entre banales y educados, pero donde se masca la tragedia...

... y las dos terminan a bofetadas, como en el mejor teatro griego.

Y, en última instancia, podemos llamar a la famosa infame bibliotecaria teñida de rubio, a que les lea a los niños unas historias navideñas:

... mientras el resto del staff nos refocilamos en una fiesta por todo lo alto en medio de la sala de lectura...

... y empezamos a planear las vacaciones del próximo verano:

¡Hala! ¡A disfrutar!

P.D. Esta bitácora cumple un año. Ya está bien ¿no?


23.5.06

Lo que los libros dicen de nosotros

Hay encomiables esfuerzos realizados por colegas antes que yo para contarnos la imagen de los bibliotecarios en el cine, en los comics, en las novelas, etc. Yo he sido capaz de leer alguna de estas cosas, a pesar de que suelen venir en inglés. Entonces he pensado en hacer algo como más ligerito y menos enjundioso, a partir de imágenes de cubiertas de libros que digan algo de los bibliotecarios, bien porque son libros de biblioteconomía (¿porqué los manuales de ByD españoles no llevan NUNCA fotos en la cubierta?) bien porque tengan un bibliotecario, documentalista o archivero entre sus personajes dignos de mención.

Vamos a verlos:


Comenzamos con las novelas, como éste "The archivist: a novel" que creo yo que reúne algunos de los paradigmas del género: libros apilados, con apariencia de sobadillos, como debe de ser en una biblioteca, y la confirmación editorial de que se trata de una novela, no se vayan a pensar. La cosa es que un archivero profesional habría usado como ilustración ¿una pila de expedientes administrativos? ¿un cartapacio notarial? ¿una tartera de CD-ROMs? pero los publicitarios esteblecen la relación: archivero - bibliotecario - libros viejos. Y así se venden las novelas mejor que si le preguntaran al archivero.



Y esta otra novela "Here lies the librarian" rompe con el esquema de mostrar el ambiente interior de la biblioteca o la imagen del bibliotecario, para sugerir sutilmente la presencia "hic iacet" de éste bajo la tumba que reza: SHH! propio del imaginario bibliotecario (Maneras de mandar callar). Recomiendo leer el argumento: trata de unas estudiantes de biblioteconomía que desentierran un cadaver o algo así, cada vez entiendo peor estas lenguas bárbaras.


"How I fell in love with a librarian and lived to tell about it". Podría éste ser una novela con tintes autobiográficos o un falso libro de memorias con chismorreos sexual-bibliotecarios. No sé si en España triunfaría un libro llamado "Me enamoré de mi bibliotecaria". Pero todo indica que es un libro cuyo público objetico son los bibliotecarios: dice Amazon que lo compran los mismos que compraron este tipo de cosas.


Aunque éste creo que está teniendo éxito en España: "La biblioteca de la piscina". No sé si hay bibliotecarios en la trama, sólo sé que va de gays. Pero no es incompatible. Dice el Library Journal en su crítica: "The occasionally graphic descriptions of sex will likely upset some readers". ¿Entristecer? De verdad que ya no entiendo este idioma. ¡Gay significa alegre!


Ésta ya la saqué el otro día, porque me encanta la nueva imagen del libro encadenado. "Le Grand amour du bibliothécaire". Argumento: Fulberto, bibliotecario del pueblo de Tiralaservilleta, odia los libros, nidos de polvo sobre sus bellas estanterías. Se pone a expurgar y al final se queda con un sólo libro, y porque está encadenado; pero entonces viene y se hace el carnet de la biblioteca una bella zagala llamada Rosamari, de la que Fulberto se enamora de inmediato. Fulberto se pone a comprar libros para su bella usuaria... y ya no cuento más, pero hay intervención de malvados villanos, la chica se casa con el chico y al final todo el pueblo se saca el carnet de la biblioteca (bueno, ya la he destripado, joer).


Este es un novelón, un thriller de esos que gustan ahora. "The librarian". Misterios políticos, enredos electorales, crímenes, líos de faldas, pederastias, etc. ¿Qué pinta aquí el bibliotecario? No sé. Leed la novela si os amosca. O ved la película. Bueno, adelanto el arranque de la historia: "Un bibliotecario universitario, para ganarse una perras extra, se ofrece a catalogar la biblioteca privada de un ricacho ultraderechista norteamericano, que resulta estar implicado en una conspiración de carácter político..." y ya no digo más, como diría Mayra Gómez Kemp.



Luego están otras novelas de misterios: lo de las bibliotecas levanta en el imaginario colectivo más referencias al misterio que las peluquerías de señoras o las gestorías administrativas, no me lo explico pero así es:

"¡Socorro, que me he quedado encerrada en la Biblioteca!" es el título de una de ellas. La protagonista es una niña que también se llama Rosamari; Rosamari entra a hacer pis en el servicio de una biblioteca pública rural y como es la hora del cierre pues echan el cierre, la chica se queda encerrada (con su hermanita) y pasan allí la noche. Eso es todo.


"Miss Zukas and the Library Murders" de Jo Dereske. (Ojo al nombre de la autora: léelo en voz alta). Pues la autora es bibliotecaria. Joder, es que lo veía venir.


"Tomás y la señora de la Biblioteca", de Pat Mora. Book Description [tomado de Amazon]: Basado en la historia real del educador Mejicano-Americano Tomás Rivera, un hijo de trabajadores inmigrantes que llegó a convertirse, dentro del sistema de la Universidad de California, en el Canciller del primera minoría, esta inspiradora historia sugiere lo que las librerías-y la educación-pueden hacer posible. "Las bellas ilustraciones esgrafiadas de Colón, en su rítmico estilo texturizado y brillantemente colorido, capturan el calor y los sueños que el chico encuentra en el mundo de los libros." -Booklist. Me encantan los traductores automáticos; han llegado a un nivel de sofisticación tal, dignos de la inteligencia artificial, que todavía no saben que library es biblioteca, no librería. Es asombroso lo que la tecnología puede llegar a hacer por nosotros: darnos más trabajo.

"Lo que hay que oir -dijo la Bibliotecaria". Es una novela de miedo, y se sabe por la tipografía de la cubierta y el tono oscuro. Argumento: En un poblaco de la América Profunda se produce un crimen, y la bibliotecaria, que tiene su biblioteca en el mismo edificio del cuartelillo de la policía local, se pone a investigar con su moño y su literna. En Amazon un lector anónimo dejó dicho: "I loved this little mystery! I am a Texan and a librarian, so I bought it for myself at the Texas Book Festival in Austin. I think we have found a new author for our library, we are ordering a couple of copies-my own copy is a keeper! I can usually guess the "murderer" before the end-but this one had me fooled." Bibliotecaria, y tejana... ¡a ver si va a ser la mujer de Bush!


Y eso era respecto a los libros de ficción. ¿Qué pasa con los de no-ficción? Ya digo que hay hasta manuales de biblioteconomía con imágenes de bibliotecarios que me hacen pensar. Aunque sean libros impensables como éste: "Ensayos de Biblioteconomía Cristiana". Es una recopilación de artículos en los que se habla, por ejemplo, de la perspectiva bíblica del multiculturalismo en las bibliotecas públicas, "La llamada del Señor para trabajar en bibliotecas", o cómo hacer para respetar el domingo y abrir la biblioteca al mismo tiempo. Hagan como nosotros: no abran los domingos.

o que nos hablen de una literatura bibliotecaria alternativa que no sé si aquí existe: "Biblioteconomía Alternativa". Creo que es una recopilación de artículos de los que ponen en dedo en la llaga: ¿Hay censura en las bibliotecas? ¿Debemos ejercer la censura? ¿Se puede encontrar realmente todo tipo de información? Y entonces pinchan en la llaga: ¿literatura nazi? ¿KKK? ¿fundamentalismos? O creemos o no creemos en las bibliotecas como instrumentos del libre desarrollo de las personas y las sociedades.




o tan enigmáticos como este otro que ya mostré. Os adjunto un enlace a la búsqueda que he hecho en Amazon sobre libros de este estilo,¡y hay varios!: "El sexo y el bibliotecario indeciso", "Actitud del bibliotecario infantil y juvenil ante el sexo", "Gestión de Hemerotecas Pornográficas" o "Todo lo que quieres que los niños NO sepan sobre el sexo".


uno mexicano (por cierto, felicidades por la BIBLIOTECOTA, es de las mejores palabras que he oído en este ámbito profesional):


Uno de los que me da pereza leer, pero que debería desiderar:


... o sobre los bibliobuses, que fenómeno que recogió la BBC en un documental:


Dentro de la sección "ficción" me queda una subsección de género fantástico, destinado al público infantil-juvenil, supongo, aunque uno nunca sabe:



Luego vienen estos, destinados a un público un poco más joven, y como queriendo hacer proselitismo bibliotecofílico:








Y ya para terminar, los libros de divulgación sobre las bibliotecas. Sí, ya sé que es un género (casi) inexistente por estos pagos. Sobre todo de este tipo, destinado a los niños en apariencia. También los hay destinados a bibliotecarios que tienen niños entre sus clientes:

"A bookworm who hatched": un crítico infantil (niño él mismo) escribió la siguiente crítica en Amazon: "I think this book is a good book". Más claro, agua. My taylor is rich.





Este de "Love a librarian" me ha llevado a conocer otras obras como "Guía del amor entre las estanterías", o "La Clasificación Dewey del amor". Impagables.



Rhyme: The Librarian
The librarian helps the visitors find
Several good books to strengthen their mind.
Magazines and records stored on a rack,
You can take some things home
But you must bring them back.


¡Vamos, que ni Rubén Darío!
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