Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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11.12.09

Batgirl y el ataque de los virus informáticos

Bien, a estas alturas de la película ya todos sabemos que Batgirl was a librarian! y todo eso, y está más que claro que a los bibliotecarios nos van los superhéroes, o incluso nos va creernos superhéroes (a la vista de las campañas que se han visto y se ven)...




... como este superbibliotecario onubense.

Pero volvamos a los clásicos. Batgirl, años del moño y de gafapastas para todos. Se ha hecho público el primer episodio de Batman en el que aparece Batgirl (en TV, I mean), episodio que, dice Youtube, nunca fue emitido. Primicia, pues.

El vídeo es delicioso:



Hay un grupo de lectores estrafalarios que inmediatamente he identificado como ¡Los Virus Informáticos! Helos:

¿Qué estarán tramando? No se les entiende (bueno, YO no les entiendo).

Estos dos sospechan algo. Se trata en apariencia del rico y elegante hombre de negocios que visita la biblioteca, prendado de la bibliotecaria moñosa y gafapastera, con su joven zagal, o becario...

Esta es la jefa. Ha notado algo. No se le escapa un metadato.

¡Y atentos al ataque de los virus informáticos! ¡Atentando contra la lectura! ¡A ver si van a ser e-books! ¡O piratas de la información!

Aparecen entonces estos dos ¿de dónde salen? La biblioteca ya había cerrado sus puertas... serán... ¡sí! el joven millonario y su becario enmascarado.

Mientras tanto, la chica se cambia despacito, despacito. Nada que ver con Superman cambiándose a velocidad supersónica en la cabina telefónica. No, ella cuelga la chaqueta en una percha e inicia un lento strip-tease con trampa.

Se suelta el pelo y acude a salvar al becario y su señor del ataque de los virus informáticos, que se lo ponen todo perdido en la refiega.

Y entonces dejan al becario que acabe con los virus, y se ponen a flirtear, literalmente. Flirtear, qué palabra ¿verdad?

Pero al final la chica se lleva las llaves de la moto y se las pira.

¡Qué historia!


24.4.06

La historia de la increíble bibliotecaria menguante (desenlace)


No moriría, no, queridos niños y niñas. No mientras las fuerzas del bien puedan oponerse a las fuerzas del mal. La biblioteca de nuestra joven amiga se había transformado en un escenario donde se libraba una terrible batalla simbólica, donde se batían las fuerzas enfrentadas del universo: el bien y el mal, la luz y las tinieblas, el yin y el yang. Nuestra joven amiga, la increíble bibliotecaria menguante (ahora convertida en Bat-Girl) junto con las menguadas Super Woman y la Chica Fantástica, se enfrentaba a la Malvada Villana Rubia Teñida, al Referencista Jurídico, y al Ejército de Bibliotecarias Enanas. El escenario: las salas de trabajo del Fondo Antiguo, repletas de bibliófagos. El motivo: la muerte de la Chica del Chándal, y, quizá, la mengua de nuestra joven amiga.

Habíamos dejado la semana pasada a nuestra heroína en manos del Referencista Jurídico con las gafas hechas añicos. Ella se desmayó. La cosa es que de detrás de un compactus con palimpsestos apareció la Bestia del Lago (véase más arriba), que besó a nuestra joven desmayada bibliotecaria en los labios (como en los cuentos de Grimm, habría pensado ella, tan leída); pero, al contrario que en los cuentos de hadas, la rana no se convirtió en príncipe, sino que la menguada desmayada recobró sus originales proporciones, mas no por eso recobró el aliento.

Acudió, rauda y veloz, en auxilio de sus infortunadas compañeras de menguo, a las que pudo restaurar en sus originales y bellas proporciones humanas tras insuflarles aliento de rana (marca ACME) concentrado en un respirómetro con el que contaban los del Fondo Antiguo para los casos de asma sobrevenido ante el polvo librario. De este modo liberó de su pequeñez a Super Woman, que una vez restituída en sus carnes volvió a ser... la chica del catálogo diccionario (quién lo hubiera pensado):


Acto seguido aplicó a Wonder Girl otro frasco de fluido concentrado de batracio anfibio con un casco lecto-respiratorio (marca ACME también, claro) con el que consiguó que ésta se restaurara asimismo en su corpóreo metro y medio; y se convirtió, de nuevo quién lo habría pensado antes... en la cuenta cuentos de la sección infantil.

Nunca se habría pensado en tan buen equipo de super-heroínas bibliotecarias: la tejueladora nuevamente des-menguada, la ordenadora de fichas del catálogo diccionario, y la cuenta-cuentos infantil, ayer menguadas y amenazadas, hoy restituidas en su plenitud merced al aliento del batracio (que las convirtió para siempre, todo hay que decirlo, en bibliotecarias anfibias, pero esa es otra historia y debe ser contada en otra ocasión...-dijo ella, tan culta, acordándose de Michael Ende).

La cosa es que aquí las vemos posando para la posteridad a las tres bibliotecarias, tan contentas y tan monas ellas, como cuando en las películas americanas de miedo al final amanece, deja de llover y hace un día precioso y la orilla del lago que tanto miedo daba al final parece que hasta apetece darse un chapuzón. Así:



Pero ¿y qué pasó con la chica del chándal? ¿Y las enanas bibliotecarias en batallón de ataque? ¿Y la villana malvada rubia teñida? ¿Y el referencista jurídico? ¿Y el mostruo de la laguna? ¿Puede esto quedar así, como si tal cosa? ¿O es que también, como en las películas americanas de miedo, al final y a lo mejor en los títulos de crédito nos van a dar otro respingo de susto?

No, amiguitos, no, que aquí todo tiene remedio y número propio en la CDU.

La chica del chándal no era un cadáver aún caliente cuando la encontró nuestra joven amiga recostada en el Digesto de Justiniano a primera hora de la mañana: es que se había quedado dormida la tarde anterior trabajando sobre sus erratas en el "quorum" y nadie la vio al salir y apagar las luces, y la chica estaba tan falta de sueño que allí se quedó toda la noche. Por eso la encontró por la mañana ANTES de abrir la biblioteca (si recordáis el primer episodio). Se recuperó tanto al dormir en el Fondo Antiguo que hasta mejoró su aspecto, dejó la tesis y se hizo top-model. Aquí la tenemos:



¿Y la villana malvada rubia teñida? Encontró la horma de su zapato: había llegado tan temprano para hacer méritos ante la directora, porque quería salir de Proceso Técnico para pasar a trabajar a Fondo Antiguo, su pasión desde niña. La colocaron en el Fondo Encadenado y nunca más volvió a teñirse de rubia ni a pintarse la raya en el ojo. En realidad nunca más volvió a salir. Se convirtió en bibliotecaria encadenada.


Pero ¿y el referencista jurídico? ¿No había atrapado a sus jóvenes colegas en frascos de vidrio reducidas? La cosa es que el referencista había estado sometido a una fuerte medicación últimamente, nadie lo sabía con seguridad, lo cual le había agriado el carácter. Pero, pasados unos meses, cual crisálida respingona y tras una baja incentivada voluntaria de 3 semanas despues de cobrar la paga de Navidad -y tras su paso por Corporación Dermoestética, adivinaron las harpías de sus compañeras- el referencista jurídico volvió al trabajo convertido en... ¡la referencista jurídica! Hela:


Todo esto pasó hace mucho tiempo y como la memoria es selectiva nadie quiere acordarse con exactitud de los hechos. Nuestra joven amiga no terminó de saber si fue sueño o pesadilla su reducción corporea, la chica del chándal no volvió a pisar una biblioteca ni a tocar un libro, sus compañeras bibliotecarias no tenían cada una más que una visión fragmentaria de los acontecimientos, de modo que al final tuvo que ser la bestia del lago la que protagonizara una película en la que -con ciertas licencias poéticas- se contaba el suceso. Aquí la carátula del DVD:


...y aquí lo vamos a dejar. Creo que quedaron claros los riesgos de cenar Telepizza. No olviden vitaminarse y supermineralizarseeeeeeeeeeeeeeee.




20.4.06

La historia de la increíble bibliotecaria menguante (continuación)


Nuestra joven amiga no podía dar crédito a sus ojos: el taconeo que había escuchado acercarse a la sala donde yacía aún caliente el cadáver de la chica del chándal no era ya tal taconeo sino un toc toc toc, toco toco toco, tron tron tron, que anunciaba la presencia de un real ejército de tacones, como pudo comprobar despues de subirse a un escabel desde donde vió acercarse un ejército de bibliotecarias menguantes:


Era todo muy confuso, pero nuestra joven amiga, la increíble bibliotecaria menguante, empezó a atar cabos desde dentro de una caja de balduque en la que se refugió y consiguió pasar desapercibida por las enigmáticas bibliotecarias enanas; su situación le hizo recordar, ella tan culta era aficionada al cine clásico, una escena de "The incredible shrinking man" en que éste se refugiaba del ataque de un gato en una casita de muñecas.


Pero también recordó, con horror, otra escena en la que el increíble hombre menguante se veía atacado por una horrible araña peluda, y se acordó de las moscas que hace un rato habían sido sus aliadas y podrían convertirla en su desayuno...


Pero ¡no! si las moscas yacían espatarradas entre las páginas de un gordo mamotreto, por obra de la villana malvada rubia teñida. Nuestra joven amiga no tenía qué temer en este sentido, pues su biblioteca había obtenido recientemente el codiciado ISO 6900069-1 sobre desinsectación y desratización de instituciones públicas. ¡Uff!

Se sentó de nuevo sobre el rollo de balduque y siguió atando cabos:
  • ella menguaba y menguaba, sin ton ni son
  • la villana malvada parecía esperarla esa mañana
  • la chica del chándal había muerto a manos de algún (o alguna) gafotas
  • la villana malvada ¿llevaba gafas? No lo recordaba
  • pero había atacado a sus moscas (bueno, se había defendido del ataque de las moscas)
  • un ejército de bibliotecarias menguantes había surgido en la biblioteca, de repente
Si había algo importante en todo esto era sin duda la muerte de la chica del chándal, porque los demás acontecimientos al fín y al cabo encajaban dentro de un orden surrealista y poético pero orden al final: cuando ya no le quedaba más balduque donde seguir atando cabos, se salió de la caja, bajó de la estantería saltando entre los Aranzadis y brincó (¡ooops! se sorprendió de su inusitada agilidad) hasta la mesa del referencista jurídico, junto a una grapadora y allí, estremecida, vió reflejada su imagen en la pantalla del ordenador:

"¡Cielo santo! ¡Por todos los Snoopies! ¡Me cago en Mevil Dewey!" Estremecida, ya digo, comprobó que, amén de menguar, se había transformado en Bat-Girl. "Joer, ¿qué cené yo anoche?" se preguntó.

Pero no era tan sencilla la cosa como ¡pun! llamas al Telepizza y tienes un mal sueño: allí estaba ella, era verdad, se pellizcó los ojos por debajo del antifaz y comprobó que no era un sueño. Caminó sobre la mesa del bibliotecario referencista jurídico pero ¡oh cielos! allí estaba él, con sus gafas estrafalarias, agarrando en una mano ¡a Wonder Girl menguada! y en la otra ¡a Super Girl menguada, metida en un frasco!



De nuevo teníamos un malvado villano frente a frente: si la rubia teñida no había vuelto a salir a la palestra (pero no la olvidemos aún) era ahora el referencista jurídico de las estrafalarias gafas el que parecía llevar por el mango la sartén del asunto malvado. No se lo pensó dos veces: nuestra joven amiga, ahora convertida en Bat-Girl, merced a su desmedida fuerza propia de superheroína y a su avezada sagacidad de la que ya se ha hablado aquí, arrojó con certera puntería la grapadora contra las gafas del referencista jurídico, que se hicieron añicos. Se acordó del gigante Polifemo, ella tan leída y tan culta; pero vió a continuación cómo, sin petañear, el malvado gafotas se deshizo de los añicos con un martillito que guardaba en el cajón desde sus tiempos de opositor a judicaturas.


Pasaron por la cabecita de nuestra joven amiga imágenes confusas, como vistas en un Cinexín, de sus compañeras de trabajo (¿qué había sido de todas ellas?), de su abuela bibliotecaria (que le recomendó esta profesión) y, por alguna razón, de su profesora de Botánica. Sabía que los moribundos y los ahogados tenían estas visiones: ¿iba ella a morir?





lo sabremos la próxima semana.

12.4.06

La historia de la increíble bibliotecaria menguante



Era de noche y sin embargo llovía. Nuestra joven amiga tomó entre las manos, a tientas, su despertador y lo estrelló contra la pared, como cada mañana. Y como cada mañana también, se levantó de la cama renegando de su condición de madrugadora. ¿He dicho que se levantó? No amigos, lo que hizo fue intentar levantarse, pero no pudo: sus pies no le llegaban al suelo estando ella sentada en la cama. Se quitó las gafas para pellizcarse los ojos y comprobar que no estaba soñando, y entonces averiguó que se había convertido en...


Asumido que hubo su nueva condición, y siendo como era una bibliotecaria culta y leída, se acordó de inmediato de Gregorio Samsa (el protagonista de La metamorfosis de Kafka, que amaneció convertido en una cucaracha) y se dijo "¡Pues ahí me las den todas! Prefiero ser una bibliotecaria menguante que un oficinista cucaracha". Y no le faltaba razón a la muchacha, para qué nos vamos a engañar.

Y se dijo para sí misma: "Total, para lo que está una, todo el día sellando y tejuelando, registrando y recepcionando, detrás de una mesa en la que ni se me ven las piernecillas; si llego antes que las chicas de Proceso Técnico pues ni se entera nadie..."


De modo que nuestra joven amiga se vistió aceleradamente, no desayunó, y salió hacia el trabajo andando a buen paso. Habitualmente viajaba en bicicleta por las calles de su pequeña y tranquila ciudad de provincias, pero lo menguado de su talla circunstancialmente se lo restringía. "¿Circunstancialmente?" pensó ella. "Sí, circunstancialmente", y suspiró.

Cuando llegó a la Biblioteca y se fue a sentar en su puesto de siempre en Proceso Técnico, se encontró ¡horreur! con que se le habían adelantado. Esa cotilla de rubia teñida, esa advenediza de los vestidos primaverales, se había adelantado a nuestra joven amiga y había empezado, como si tal cosa, venga de registrar y precatalogar, venga de sellar y tejuelar, venga de recepcionar y aperturizar.


Pero no la había visto ni por el rabillo del ojo con la raya mal pintá que llevaba la rubia teñida, de modo que nuestra joven amiga pudo pararse a pensar un momento, a ver qué hacía. Se acordó, nunca viene mal, que había leído por ahí, en una bitácora desmelenada, que Bat-Girl era bibliotecaria en su vida privada, y que entre sus habilidades de superheroína se encontraba la sagacidad (propia, por otra parte, de las bibliotecarias comme il faut). Y se dijo: "Piensa algo, mujer". Claro, ya no se trataba sólo de espantar a la rubia teñida, sino que había algo más en el ambiente. ¿Por qué la rubia teñida había madrugado tanto ESA MAÑANA? Siempre llegaba pasadas las diez, quejándose de lo difícil que estaba aparcar. ¿Y por qué se había sentado PRECISAMENTE AHÍ? Si siempre se dedicaba, al llegar, a dar vueltecitas exhibiéndose como una luciérnaga. Había gato pardo encerrado...

Nuestra joven amiga, la increíble bibliotecaria menguante, urdió un plan. Para espantar a la horrible rubia teñida - que empezaba a perfilarse como la malvada villana de esta historia, el lector avezado lo habrá detectado ya- pensó en las moscas. Sí, las moscas (se acordó de Sartre, ella tan leída). Tomó del Laboratorio de Preservación y Conservación un frasco que, había visto el pasado viernes, contenía un cultivo de insectos bibliófagos con los que se quería experimentar un nuevo producto para salvar el fondo antiguo de la Biblioteca. Se acercó con sigilo a Proceso Técnico, y desde detrás de una columna de repertorios bibliográficos destapó el frasco de las moscas y las encaminó -el olor a pachulí del perfume de la rubia teñida habría sido suficiente- hacia la cabeza de la villana malvada de la raya mal pintada.


Pero ¡alas! ¿qué hizo la villana malvada del florido vestido? No bien las moscas se aproximaron a su mesa, repleta de libros por recepcionar, la muy guarra agarró un gordo mamotreto y con rara habilidad e inusitada fuerza -propia de las villanas malvadas- estampó el libro abierto contra el inocente ejército de bibliófagas, que concluyó así su breve existencia bibliotecaria, convertidas en manchas sobre el texto.


De modo que nuestra joven amiga se encontró compuesta y sin moscas. La horrible rubia teñida la había visto por el rabillo del ojo con la raya mal pintá. Se acercaba la hora de abrir la biblioteca. Se encendieron las luces. ¿Qué hacer? (se acordó de Lenin, ella tan leída). Tenía que esconderse, esto se trataba de algo serio. Se arrastró por debajo de las mesas -bueno, no se arrastró, porque estaba ya tan menguada la bibliotecaria que cabía de pie por debajo de las mesas- hacia el Fondo Antiguo, donde había recovecos donde podría pararse a pensar en la situación. Se llegó hasta la zona de los Digestos de Justiniano y se econtró ¡re-horreur! con el cadáver, aún caliente, de la chica del chándal.


La chica del chándal era una usuaria encantadora, que siempre llegaba en deshabillé sportif a la Biblioteca -de ahí su nombre- y escribía una tesis sobre ciertas erratas en el Digesto de Justiniano en la transcripción de Dom Ursicino. Se llevaba bien con nuestra joven amiga, la increíble bibliotecaria menguante, que siempre hizo lo posible por extenderle los privilegios del préstamo cuando se lo pidió, para eso era una chica amable. Y allí yacía, sobre sus anotaciones en latín, la mano derecha con la lupa-detectora-de-erratas-marca-ACME, y con la cadena de las gafas aferrada a la mano izquierda...

¡Gafas! ¡Si la chica del chándal no usaba gafas! Esto era un enigma que empezaba a dejar algunas pistas. El cadáver aún caliente, en la Biblioteca sólo la chica del chándal y la malvada villana rubia teñida, la víctima con las gafas arrancadas al asesino -o asesina- en un último gesto de aprehensión, la bibliotecaria venga a menguar, y en esto que se oye un taconeo que se aproxima a l Fondo Antiguo despacio, muy despacio...


(to be continued)

22.2.06

Célebres pero por otra cosa (3)

Sigue la ristra de caracteres bibliotecarios célebres pero por otra cosa: ya sé que hay abundancia de escritores frente a los pocos músicos aquí representados, o que son más hombres que mujeres, o que son más blancos que de otros colores, pero es que aquí no valen cuotas. La Historia de la Biblioteca Absurda no nos ha deparado (todavía) un listado de célebres cocineros bibliotecarios, fontaneros bibliotecarios o guitarristas heavy-metal bibliotecarios... pero tenemos ángeles del infierno bibliotecarios, plagiarios bibliotecarios, esposas de asesinos en serie bibliotecarias, y estoy investigando la existencia de un domador de circo bibliotecario, aunque puede que se trate de un rumor. No sé. Las sugerencias son bienvenidas.

Allá van otras cinco entradas dispersas de la "Legenda Aurea Libraria". Van en orden absurdo, como de costumbre (en realidad son entradas correspondientes a la letra B, pero es que el orden alfabético no deja de ser absurdo):



Jorge Luis Borges (1899-1986).
Georgie Borges pasó buenos ratos de su infancia en la biblioteca privada de su padre "donde le fueron reveledas la poesía, las ilustraciones de los libros y las letras de molde". La cosa es que se aficiona a los libros, y sobre todo a la literatura inglesa, por lo visto. Y en 1937, con 38 añitos, entra a trabajar "como auxiliar segundo en la Biblioteca Miguel Cané, un anexo de la Biblioteca Municipal de Buenos Aires, ubicada en el barrio de Almagro. Después será ascendido a auxiliar primero, con un leve aumento de sueldo. Su estancia allí tiene un sabor agridulce, ya que el retrato robot (?) que se había hecho del trabajo y de los bibliotecarios se esfuma el primer día. Nada más llegar, clasifica en una sola jornada más de ochenta libros (??). Eso se supo en la Miguel Cané y al día siguiente se le acercó un colega para decirle que su actitud constituía una falta de compañerismo, pues allí había cincuenta bibliotecarios (???) y no había trabajo para todos, por lo que el proceso de clasificación debía ser lento. A lo sumo, cuarenta al día". Habla Borges: "Estuve en la biblioteca durante nueve años. Fueron nueve años de firme infelicidad. En el trabajo, los otros hombres no se interesaban en otra cosa que en las carreras de caballos, en el fútbol, en los cuentos obscenos." Despreciado por sus colegas debido a sus intereses literarios, Borges se refugiaba en el sótano o en la azotea del local del Municipio para leer y escribir. Como resultado de ello, aquel mundo deprimente fue transformado primero en un artículo, La biblioteca total, enviado a Sur en 1939, y luego en el cuento: La Biblioteca de Babel, publicado en: El jardín de senderos que se bifurcan, en 1941. En 1946, para fortuna de Borges, uno de sus compañeros de trabajo lo delató por ser un anglófilo liberal y un obtuso antinazi; al poco tiempo, un decreto peronista lo promocionó al puesto de inspector de aves y conejos en el mercado público de la calle Córdova. Naturalmente, Borges no aceptó el cargo aduciendo no tener la suficiente erudición para desempeñarlo. "En 1955, recién iniciado el nuevo gobierno, tras la dimisión del inefable Perón el 31 de agosto de ese año, Borges es nombrado para su sorpresa Director de la Biblioteca Nacional". Contaba 56 años. "El primer día, abrumado por la magnitud del cargo, su madre lo acompaño al trabajo". Contaba 56 años (él, no la madre). "Tan grato era ese rincón bonaerense que Borges pensó trasladar su lugar de residencia al interior de la Biblioteca. Su madre se lo desaconsejó, por la dificultad de calentar en invierno un local con los techos tan altos" Citas tomadas de [Ángel Esteban. Borges y las bibliotecas. Mi Biblioteca nº 1, abril 2005]. Los subrayados son míos.



Batgirl (19??- ).
Bat-Girl o Batgirl hace su primera aparición pública en el número 139 de Batman (abril de 1963) con el aspecto de una jovencita de unos 15 años, rubia y con minifalda (medidas: 5'2'' de alto, 110 lb. de peso), acudiendo a salvar a su tía Batwoman que corría peligro junto a su novio (de la tía) Batman, y a su... bueno, a Robin. Su nombre real es Barbara Gordon. Hija del Comisario de Policía de Gotham City, de camino a un baile de máscaras tuvo oportunidad de abortar un intento de secuestro de Bruce Wayne (a la sazón la personalidad pública de Batman). Poco a poco fue introduciéndose en las historietas de Batman como un personaje de tímido aprendiz de superhéroe: un ratón de biblioteca (empleada de la Biblioteca Pública de Gotham City) de aspecto cariñoso, con sus gafas y sus dos moños (como la Dama de Elche, vamos), que con el paso de los años (estuvo activa entre 1966 y 1986) pasa a ser conocida como Babs, cambia de gafas, abandona el uso de los moños por una melenita más mona y claro, empiezan a salirle novios, el más popular de ellos un pequeño superhéroe conocido como Nightwing (Ala Nocturna) y que en realidad no es otro que... el mismísimo Robin, en ese momento hijo adoptivo de Batman. Este culebrón de superhéroes no tiene fin, porque aparece de por medio Superman y diferentes tipos de villanos que se disputan la paternidad biológica de Babs, que según unos pasaría a ser hermana de padre de Robin (con lo que su amor sería imposible, o al menos desgraciado) y según otros hija ilegítima de Batman y Batwoman (aunque sobre la virilidad de Batman siempre ha habido sus más y sus menos, siempre de la mano del jovencito Robin, que podría ser su yerno... ¡buff!). La cosa es que entre las habilidades destacadas de Batgirl se cuenta: artes marciales y otras técnicas de lucha, pero sobre todo destaca "as a a skilled detective, a superb hacker and an incredible genius". Vamos, una profesional de la información.



Hector Berlioz (1803-1869).
Compositor francés que ejercerá una influencia determinante en la evolución de la música sinfónica y lírica, este estudiante de medicina que fue a Paris a la Universidad y colgó la bata por la batuta en 1824 compuso su primera obra importante en 1825, la Misa Solemne. Más tarde llegaron obras como "La revolución griega" y "La muerte de Sardanápalo", pero es en 1830 cuando conoce el éxito parisino en la presentación de su "Sinfonía Fantástica", que es un poema de amor juvenil romántico y exaltado en cinco movimientos orquestales tempestuosos y ruidosísimos. Pero desde que llegó en 1821 a París fue un asíduo usuario de la Biblioteca del Conservatorio, donde se dedicaba a estudiar y copiar las partituras de sus mayores antes incluso de estar matriculado como alumno. A pesar de sus escaramuzas con el viejo Cherubini (director del Conservatorio) consigue que le contraten como bibliotecario adjunto en 1838, y consigue la plaza de bibliotecario titular en 1850; ese año dona a la Biblioteca los manuscritos emborronados de todas sus obras. Berlioz era al mismo tiempo compositor, director de orquesta, bibliotecario, caballero de la Legión de Honor y crítico musical. Se sabe que trató también de teorizar algo sobre las bibliotecas, aunque no se conserva ni el borrador de su mítico "Traité sur le bruit dans les bibliothéques", mencionado por varios tratadistas como un intento de conciliación entre sus dos ocupaciones profesionales principales.



Laura Bush (1946- ).
Laura Welch Bush, The First Librarian. Laura Bush se matriculó en University of Texas en Austin y obtuvo la Maestría en Bibliotecología en 1973. Posteriormente trabajó en la sucursal de Kashmere Gardens de la biblioteca pública de Houston, hasta que se volvió a mudar a Austin en 1974. Trabajó como bibliotecaria en la escuela primaria de Dawson hasta 1977. La Sra. Bushdedicó años como voluntaria a favor de numerosas causas. Fue miembro de los Amigos de la Biblioteca Pública de Midland. Prestó servicios como voluntaria de la Asociación de Padres y Profesores y sirvió de enlace con la biblioteca en la Escuela Primaria de Preston Hollow, a la cual asistían sus hijas. Como Primera Dama de Texas, la Sra. Bush continuó abogando por las mismas causas: la lectura, las bibliotecas y la educación. La Sra. Bush colaboró en la organización del Festival del Libro de Texas en 1996, un esfuerzo que se ha convertido en un evento anual para recaudar fondos para las bibliotecas públicas de Texas. En 1988 lanzó una iniciativa para el desarrollo durante la edad inicial para ayudar a los padres y a las personas que cuidan a niños a preparar a los infantes y a los niños pequeños para el aprendizaje de la lectura al entrar a la escuela. Como Primera Dama de la nación, Laura Bush está entusiásticamente consciente de la oportunidad que tiene de compartir su amor por la lectura con los estadounidenses, especialmente los niños jóvenes. Está usando su nuevo cargo para promover una iniciativa Listo para Leer, Listo para Aprender, la cual complementa las metas para la educación nacional del Presidente Bush. [Obviamente, se trata de la información oficial que nos da la página de la Casa Blanca... ¡perdón! no esa la página de la Casa Blanca, sino que es esta otra].

Hay un chiste bibliotecario norteamericano que dice: "Detrás de un gran hombre hay una gran mujer, y detrás de un serial killer hay una serials librarian".




Robert Burton (1577-1640).
Clérigo, médico y escritor inglés, nacido en Leicestershire y educado en Oxford desde 1599, trabajó como bibliotecario del Christ Church College de Oxford desde 1626 hasta su muerte en 1640. Reconocido bibliófilo y hombre de letras, este "Montaigne inglés" sobresale en el Siglo XVII por una obra cumbre de la excentricidad sin límites y la erudición sin tasa: la "Anatomía de la Melancolía". Tras una brillante introducción («Un nuevo Demócrito al lector»), Burton, reputado conocedor de toda la trama melancólica, la antigua o la neogalénica, habla explícitamente aquí, de las causas de la tristeza: la naturaleza, los astros, la vejez, la herencia, la dieta, las evacuaciones, el sueño y la vigilia, todas las pasiones y turbaciones de la mente -imaginación, ira, juego, erudición-, la mala educación («los niños se descorazonan e intimidan de tal modo que nunca después tienen valor... ni se complacen con nada»). En la tercera sección la obra recorre todos los síntomas de la melancolía, en el cuerpo o en la mente, para concluir con una breve valoración de los pronósticos de ese mal que había avanzado de modo notable en su época hasta convertirse casi en una melodía reiterativa. Por supuesto que Burton, además de todo el entramado clásico y medieval de esta discusión inveterada, se hace eco de los tratados específicos más recientes, de Laurens, Bright, o del propio Ferrand (su Melancolía erótica); de las contribuciones médicas (o naturalistas) españolas, como las de Cristóbal de Vega o Luis Mercado (tan reconocidos en la Europa barroca), y extranjeras: Paracelso, Fuchs, Platter, Gesner, Porta, Aldrovandi o muchos otros más. Pero la presencia paralela de «modernos» como Ficino, Vives, Erasmo, Las Casas, Budé, Cardano, Escalígero, Lipsio (el neoestoico, tan citado por él), Montaigne, Bacon, José de Acosta o Matteo Ricci, se suma a la incesante evocación de todo el pensamiento antiguo, con Hipócrates y Aristóteles al frente y, de modo destacado, con casi toda la literatura latina: Plauto, Cicerón, Virgilio, Livio, Horacio o Séneca, quien significativamente abre el libro burtoniano. Lo cual nos indica además que su recorrido gigantesco por el mundo de la tristeza es, en realidad, una disección de todo el mundo de los hombres, de sus pasiones, miedos, proyectos o extravíos, e, incluso, un recorrido por lejanas geografías: la América entonces inventariada; la China descrita por los jesuitas. Burton, además, se reconoce como un bufón o un actor enmascarado, como alguien «que se presenta insolentemente en este teatro del mundo» y que se dirige sin rodeos al lector -«tú mismo eres el tema de mi discurso»-; o que imagina al detalle, por añadidura, una inquietante utopía, una Terra australis incognita en la que conviene finalmente detenerse.


...o sea, que continuará.



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