Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
Mostrando entradas con la etiqueta gafas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta gafas. Mostrar todas las entradas

1.2.11

La Imagen Social del Community Manager


Yo me crié en Madrid, señora. Y cuando alcancé uso de razón y soltura para llevar unas monedas en el bolsillo empecé a desempeñar el oficio de acudir al súper de la esquina a comprar 1/4 de jamón york y 1/4 de queso en lonchas para hacer unos bocadillos para la merienda. El nombre del súper de la esquina, en la foto no se ve, señora, era y me dice Google Street View que aún es, AUTOSERVICIO COMUNIDADES.

Es evidente que esto marcó mi destino.
Cuando, muchos años después del jamón york y el queso en lonchas me convertí en bibliotecario, para qué quiere que le diga, señora: me olvidé de mis orígenes recaderos. En muchos años no volví a pensar en "Comunidades" ni mucho menos en las personas que allí me atendían: el señor -un poco tartaja, hay que reconocerlo- que servía la fruta, el joven de pelillos en el bozo que atendía los licores, o la chica que cobraba en la caja registradora. Todos ellos escondidos en los rincones de mi memoria, en los recovecos de mi disco duro, y relanzados ahora desde la caché al estrellato que proporciona salir en LISDB gracias a la acuciante pregunta que se oye hoy en todas las esquinas:

¿Qué es un community manager?

Pues para mí es el gestor de comunidades. Osea el Gestor de "Comunidades". Osea el responsable del súper en mi barrio infantil.
Debo aclarar, señora, llegados a este punto, mi idea de la palabra "gestor". Disculpe que navegue por el tiempo y vuelva a mis primeros años de profesión bibliotecaria cuando me enfrenté por vez primera con el término en cuestión, pronunciado por un alto cargo de la institución que,a la vista de la fotocopiadora que zumbaba a pocos metros de mi mostrador me preguntó:
"¿Quién gestiona este fotocopiadora?"
Pregunta que me hizo pensar. Contesté, tras pensarlo:
"Yo"
Porque yo le ponía papel cuando faltaba, tóner cuando salían pálidas las hojas, y desatascaba el papel cuando pitaba. Gestión de fotocopiadora. Gestor de fotocopiadora, me dije, con no poco orgullo profesional, señora.
Los años me han puesto más medallas: gestor de mostrador de préstamo, gestor de pistola de rayos láser, gestor de matasellos, gestor de grapadora, gestor de bolígrafos, gestor de carritos bibliotecarios, gestor de gestión de usuarios, gestión del teléfono. He sido infonomista, arquitecto de la información, ingeniero de la información, gestor de la información, infoxicador...
(Ay, perdonad la interrupción: es que acabo de leer un mensaje sobre los toros, los archivos, los perros y Wikileaks. Me enjugo las lágrimas y sigo)
 Me he perdido...

Creo que a lo que yo quería llegar, aún sin tener hilo de unión entre mis ideas -esto es así, señora- es al asunto que nos lleva siempre por los márgenes de las acequias bibliotecarias: la imagen social de estos profesionales. Sabiendo qué es un community manager ¿llegaremos a decidir sobre su imagen? Dese cuenta, dese, de qué se le muestra a usted, señora, cuando busca qué es un community manager: monigotes, monigotes y nada más que monigotes.


Y es que está claro que no se ha hablado lo suficiente sobre la imagen social del community manager. Que no es un cuerpo profesional que cuide tan delicado aspecto, ni en los foros ni en los tribunales. Que los bibliotecarios contamos con un prestigio que nos da una imagen (no resumo ¡no! señora, que años tiene usted para haber leído en este blog bastante sobre el asunto) y el polvo del camino. Que un community manager no es famoso por su moño, ni por sus zapatos, ni por parte alguna de su indumentaria. Ni por mandar callar al personal. Ni por las celebridades que ha dado a la Historia. Ni por sus entretenidísimos debates en IWETEL sobre la esencia, la presencia, la ontología, la epistemología y el intrusismo.

Un community manager no es famoso. Y el famoso no quiere ser community manager.

Y cuando el tal community manager quiere ponerse interesante, tan interesante como nosotros, señora ¿qué es lo que hace?
Pues se calza unas gafas tan cool como estas. Lo que produce el siguiente resultado:


QVOD ERAT DEMOSTRANDUM: que un community manager es un señor con gafas, posiblemente bibliotecario del tipo "infonomista" que, enfundado en sus gafas de toda la vida pastorea sus comunidades virtuales, mitad apóstol mitad árbitro, para encauzarlas al redil de su amo.

Anda que, cuando se enteren los del Colegio Profesional, señora, me corren a gorrazos.

Hala, a disfrutar.

3.3.10

Librarian Fashion Week Hunter

Es un hecho incontestable: la moda bibliotecaria triunfa allá donde va. Si no me creen, miren miren:

PRADA Fall Winter 2010/11 Milan Fashion Week:
Miuccia Prada presenta en Milán Fashion Week su nueva colección Fall-Winter 2010/11 que revisa los archivos de los 90 de la firma con un resultado muy femenino y sensual (...) El eyeliner, los recogidos y las gafas de bibliotecaria ayudaron a trasladar directamente a los asistentes e internautas al Manhattan de Mad Men.

Y sin embargo en el mundo de la moda no todos se enteran de la misa la media: el comentarista del pie de foto supra, claramente no frecuenta otra biblioteca que la de su parroquia, y eso con gafas oscuras mirando al suelo y no va desde hace años ¡hombre! ¿O es que el fulano en cuestión no vacilaría antes de reprocharle nada a esta bibliotecaria fiel seguidora de Audrey Hepburn?

Que haberlas, haylas.

Y si lo que querían es un estilismo tipo Mad Men, como decía la comentarista milanesa, ahí va esta selección:

Pero ya que hablamos de la milanesa, me acuerdo ahora de ese grupo de compañeras a las que no he olvidado aunque desde este blog guadiana lleve tiempo sin mencionarlas: Las Maruja's Corner, que celebraron su II International Workshop precisamente en Milán no por casualidad.

Fíjense que la pasarela de Milán no se llama ya pasarela de Milán, sino Milan Fashion Week ¿les suena? Claro, en Madrid pasa lo mismo, aunque en provinciano: la pasarela Cibeles pasó a llamarse Madrid Fashion Week, que otra cosa no será, pero mucho más fashion sí. Y que mutatis mutandis, el Parque Biológico de Madrid - Parque Temático de la Biodiversidad pasó a llamarse Faunia. ¿Adónde quiero llegar?

A las bibliotecas, como siempre. Punto de partida y de llegada. ¿Adónde vamos nosotros, incluso con gafas de pasta, anunciando como glamouroso un nuevo recurso que nos salvará a todos de la ruina científica si lo llamamos "Repositorios Institucionales en Acceso Abierto"? ¿Cómo vender en los mass media, ni en los social media, la crucial importancia que pueden tener los "Centros de Recursos para el Aprendizaje y la Investigación"? ¿Convenceremos a las masas de la apertura de miras que alcanzarán gracias a nuestros "Tutoriales de Alfabetización Informacional"? Y así nos va.

Por eso, desde que soy library coolhunter ya no hago estudios de usuarios; desde que soy community manager ya no soy administrador de sites; desde que soy escaparatista ya no hago más extensión cultural en la biblioteca. He redecorado mi curriculum (como decía el otro) y así me va.

¿Y a vds.?


17.11.06

Solomon's Data Mining


Siempre me ha cabido la duda sobre el significado de términos como "data mining", "mapeo", "eresese", o "harvesting" aunque los vengo situando entre el "tuning" y el "benchmarking". Hoy me he topado, empero, con un nuevo posible significado de "data mining" (o minería de datos) aplicado a los bibliotecarios (y también tiene algo que ver con el mapeo): se trata de una nueva serie televisiva, que os promociono sin llevarme comisión alguna.

El Bibliotecario en las Minas del Rey Salomón

Creo recordar que las imágenes de este bibliotecario televisivo ya habían ilustrado alguna de las anteriores entradas de esta bitácora, pero yo nunca había indagado en el fenómeno sociológico que hay detrás. Cuando la cadena TNT (¡todo un nombre para una cadena de TV!) lo anuncia con el flah-promocional que os invito a conocer pinchando sobre la imagen supra es porque no se ha terminado de agotar el mercado de emociones arqueológico-misteriosas del que ya han comido bastante Indiana Jones, Umberto Eco o Matilde Asensi, por ejemplo.

Veamos algunas imágenes sacadas del anuncio:

El chico, para empezar es guapo ¿no? Yo no soy un experto en el tema, pero me da la sensación de que el hombre es guapo. No como dicen, por cierto, en cierta prensa canalla: "Librarians should be sexier", en This Is London. Ojo para los amigos de Quotes and Jokes al verbo "should", en lugar de un más complaciente "would" o "could", incluso "may".


El tour a la biblioteca no tiene desperdicio: sobre un entorno de estanterías de caoba maciza repletas de libros viejos (¡ojo! sin tejuelos, les he pillao... ¿cómo se llama eso? ¿bugs?) nos muestran distintos "artifacts" del tipo de: el Vellocino de Oro, el Rey Midas, el Arca de la Alianza, la Oca y los Huevos de Oro, la Espada Excalibur, la Serpiente del Paraíso... y hasta un unicornio que retrato a continuación:


No se ha escrito suficiente en los tratados de conservación y preservación de materiales bibliográficos sobre la presencia de estos posibles agentes del deterioro. Sabemos cómo combatir al pececillo de la plata, pero no al Vellocino de Oro. ¿Y cómo se limpian las cagadas de unicornio? Habría que leer el manual de conservación de fondos de la Biblioteca de la Universidad Invisible. Nosotros es que antes usábamos Unicorn como programa de gestión, pero ahora va por la versión 3.1 y pasa a llamarse Tricorn.

En esta foto sale el bibliotecario aventurero protagonista de la aventura con su jefe; bueno, en realidad no es el jefe, sino un ex-bibliotecario, pero en las aventuras hace el papel de jefe. Le enseña en su despacho un atractivo manuscrito (supongo que El Testamento de María Magdalena, o El Tratado de la Risa de Aristóteles, o el Ars Oblibionalis de Umberto da Bologna). La cosa es que al fondo del despacho, del rincón en el ángulo oscuro, vemos un busto del Sordo Genial, que me recuerda un avatar que tuvo Mixo... ¿Premonición, enigma sideral o simple tontería? La cosa es, volviendo a lo nuestro, que el bibliotecario senior le enseña al bibliotecario junior un manuscrito que le incentivará a recorrer los mares procelosos a bordo del intrépido corcel.

Tambien hay que tener en cuenta, para los que vean en nuestro Bibliotecario un redivivo Indiana Jones, que el héroe interpretado por Harrison Ford ejercía de arqueólogo (y profesor universitario), y que arqueólogos y bibliotecarios trabajamos estrechamente y nos confundimos, si no qué creéis que significa la tercera A de la ANABAD (antiguamente Asociación Nacional de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos, ANABA, a la que con los años se sumó la D de Documentalistas, y los Arqueólogos se convirtieron en Museólogos -sin cambiar de inicial).

¿Y a qué actividad se dedica, entre otras cosas, el aventurero bibliotecario? Pues en los campos del saber (the fields of knowledge) que él conoce bien por los repositorios documentales (document repositories) se dedica a la actividad de cosechar (he acts harvesting) de las variadas ramas del arbol del saber (branches of the knowledge tree). He aquí una foto del chico y la chica volviendo del campo, de harvestear un poco:


O sea que hay una chica... ¡claro! Y...¡no es la bibliotecaria! ¡tate! Rompimos con el esteréotipo, entonces. El bibliotecario es el chico, y la chica es... la investigadora, que además según dice su pasaporte (sic) tiene más doctorados que el chico, por lo que éste la envidia ("their intelectual competitiveness is palpable"):


Ya puestos en carnaza, vamos a seguir exponiendo los pasaportes de los demás bibliotecarios protagonistas de la cosa esta: el bibliotecario (el chico, vaya), la directora de la biblioteca y el ex-bibliotecario. Allá van:

Y dice: "At first a bookish nerd", osea "Antes era un empollón sabelotodo", guapo, resuelto, perfeccionista y clarinetista.

"She doesn't do funny".

"Head of the Library", "former Marine", e implicado en la lucha entre el Bien y el Mal. Cazi ná.

Más cosas, y ya casi termino por hoy: dice Infoxicación que el bibliotecario no lleva gafas: helo desmentido:


Y terminamos con alguna imagen tomada del comic oficial:

Por ejemplo, una nueva versión de "La misión del bibliotecario", célebre e incólume conferencia de Ortega y Gasset allá por 1930.


O un recuerdo añoroso de los libros por parte de un "ex-bookish nerd" convertido en "smart hero":


Para terminar con un guiño macarrilla, de listillo universitario:

Y ya lo dejo por hoy. No se olviden de vitaminarse y supermineralizarse, y para las Maruja's Corner, mucho ojo con los metadatos griegos que compráis en el Metadona del barrio, compradlos mejor en el SuperMARC, que nOAIcolor.

3.3.06

Silva de varia lección

Capítulo I
En que se muestra la imagen esotérica de los bibliotecarios, es decir, lo que sólo ven los iniciados en el arte oculto de prestar y devolver libros. La imagen exotérica quedando para el vulgo, los que aún no han abierto sus ojos a la luz y permanecen en la oscuridad. Sólo algunos bibliotecarios saben lo que es esto:



Capítulo II
Que muestra lo que no se muestra y oculta lo que no se oculta. Dice un apotegma patafísico: "Como es arriba sea abajo; como es abajo sea arriba". De donde se colige cierto modo de mostrar a los usuarios de las bibliotecas la imagen de la bibliotecaria: oculta pero no oculta, visible pero invisible, accesible pero inaccesible, leyendo sin leer, mirando sin mirar:



Capítulo III
Donde se dice que si el general Alejandro hubiera encontrado al viejo Diógenes en este sofá en lugar de en un tonel otro gallo habría cantado en la Historia de la Humanidad:



Capítulo IV
En que la lectura se demuestra leyendo:


Capítulo V
Quiénes fueron los belicosísimos biblio-tekarios que hicieron temblar los cimientos del imperio en sus incursiones guerreras hasta las murallas del templo y cómo se los derrotó:



Capítulo VI
De los bibliobuses como fenómeno universal adaptado a la indiosingracia de cada nación y a las protuberancias de cada terreno; de la alimentación del bibliobus; de cómo la mecánica de nada sirve en estas cabalgaduras:



Capítulo VII
Sobre la leyenda de la tribu de los bibliófagos, que vivían más allá de las amazonas y más acá que los biblio-tekarios; que se alimentaban de libros de papel cebolla; que se pirraban por las encuadernaciones de piel de ternera; que mostraron al mundo las variedades del sabor de la tinta china; que aderezaron sus platos con pececillos de la plata; que fueron finalmente vencidos por la edición electrónica:



Capítulo VIII
De las necesidades de las bibliotecarias mirando bien entre las estanterías cuando no mira ningun usuario y está la señora de la limpieza que ha cerrado el baño y tiene la bibliotecaria un apretón que no está la cosa de la cistitis como para aguantarse:



Capítulo IX
En que se cuenta la historia del niño que a fuerza de leer a oscuras porque su mamá no puso las bombillas adecuadas en las lamparas de casa andando el tiempo andandito se hizo bibliotecario gafotas:



Capítulo X
En que culmina esta silva de hoy y se ruega al afamado lector le informe si le gustó y quiere más de lo mismo; y en que para terminar se dice que nos quejamos de vicio y que es cierto, y que una cosa es empujar un carrito lleno de libros y otra bien distinta auparlo en brazos sin ser del mismo Bilbao:



¡Hala! ¡A disfrutar!

3.2.06

Viste adecuadamente



Debo a algún colega el título de este post, pero no pienso pagar por ello. Lo que quiero es en cierto modo saldar una deuda pendiente, porque ya van dos veces que prometo que voy a escribir algo sobre la vestimenta de los bibliotecarios y lo voy dejando, lo voy dejando, y al final nunca entramos en materia. Aunque he mostrado algunas fotos de indumentarias bibliotecarias prototípicas (monográfico sobre las gafas) y por aquí y por allí han salido algunos vestidos preciosos no está todo dicho ni mucho menos. Quiero decir, no es que yo tenga grandes ideas al respecto, sino que guardo algunas fotos en mi disco duro que quiero compartir con vosotros excluyendo, como siempre, todo ánimo moralizador o desmoralizador.

Porque ¿cómo moralizar sobre el vestido que lució Robin Harris el pasado 27 de abril, que podéis ver más arriba? No mereció comentarios ni en "Aquí hay tomate" ni en "El programa de Ana Rosa". Está hecho con viejas fichas catalográficas, de las que también se ha hablado aquí antes. Sé que hay una versión moderna confeccionada con CD's, que le dan un aspecto entre gladiador y Barbarella. Trataré de mostrarla en otro momento.

¿No hay algo de demasiado moral en los vestiditos que muestro a continuación?















¿O de inmoral en estas fotos de bibliotecarios y bibliotecarias posando en ropa interior dentro de la biblioteca?













Vamos, que inmoral inmoral sólo me parece esta última:


¡Hala! Buen finde.
Related Posts with Thumbnails