Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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11.12.09

Batgirl y el ataque de los virus informáticos

Bien, a estas alturas de la película ya todos sabemos que Batgirl was a librarian! y todo eso, y está más que claro que a los bibliotecarios nos van los superhéroes, o incluso nos va creernos superhéroes (a la vista de las campañas que se han visto y se ven)...




... como este superbibliotecario onubense.

Pero volvamos a los clásicos. Batgirl, años del moño y de gafapastas para todos. Se ha hecho público el primer episodio de Batman en el que aparece Batgirl (en TV, I mean), episodio que, dice Youtube, nunca fue emitido. Primicia, pues.

El vídeo es delicioso:



Hay un grupo de lectores estrafalarios que inmediatamente he identificado como ¡Los Virus Informáticos! Helos:

¿Qué estarán tramando? No se les entiende (bueno, YO no les entiendo).

Estos dos sospechan algo. Se trata en apariencia del rico y elegante hombre de negocios que visita la biblioteca, prendado de la bibliotecaria moñosa y gafapastera, con su joven zagal, o becario...

Esta es la jefa. Ha notado algo. No se le escapa un metadato.

¡Y atentos al ataque de los virus informáticos! ¡Atentando contra la lectura! ¡A ver si van a ser e-books! ¡O piratas de la información!

Aparecen entonces estos dos ¿de dónde salen? La biblioteca ya había cerrado sus puertas... serán... ¡sí! el joven millonario y su becario enmascarado.

Mientras tanto, la chica se cambia despacito, despacito. Nada que ver con Superman cambiándose a velocidad supersónica en la cabina telefónica. No, ella cuelga la chaqueta en una percha e inicia un lento strip-tease con trampa.

Se suelta el pelo y acude a salvar al becario y su señor del ataque de los virus informáticos, que se lo ponen todo perdido en la refiega.

Y entonces dejan al becario que acabe con los virus, y se ponen a flirtear, literalmente. Flirtear, qué palabra ¿verdad?

Pero al final la chica se lleva las llaves de la moto y se las pira.

¡Qué historia!


21.11.09

Una bibliotecaria relativa

La señora del perrito no es otra que Johanna Fantova, bibliotecaria célebre pero por otra cosa: fue la última novia, relativamente hablando, de Albert Einstein.

Una guapa bibliotecaria de Praga fue el último amor de Albert Einstein. Con Johanna Fantova, 22 años menor que él, el físico y Premio Nobel salía a navegar en el Lago Carnegie de Princeton, Estado norteamericano de Nueva Jersey. Le escribía poemas y le dibujaba pequeñas caricaturas. E incluso le permitió cortarle su melena blanca.
Y es cierto que se ha escrito poco sobre el pluriempleo bibliotecaria-peluquera, aunque nuestro personaje de hoy también encaja en la categoría de bibliotecaria-diarista o de bibliotecaria-guardiana. Me explico: buscando buscando en los cajones de los despachos de la Biblioteca universitaria de Princeton apareció un viejo cuaderno manuscrito de 62 páginas “Gespräche mit Einstein” (Conversations with Einstein), diario en el que la Fantova relata como Einstein mantuvo intacto hasta el fin de sus días ese sentido del humor que le hizo formular teorías tan simpáticas como para que aún sigamos pensando que hablaba en serio.

La Fantova, bibliotecaria temática especializada en física (se podría decir: bibliotecaria que destacaba por su físico ¿no?) convivió con su físico relativo durante años, y describió su relación en este diario, catalogado actualmente como monografía. Además, Einstein para garantizar económicamente el futuro de Johanna le dejó a su compañera de tantos años su teoría general y uniforme del campo. Y cuenta en su diario cómo Einstein veía como una cosa simpática el que le escribieran locos de todo el planeta ofreciéndole diferentes teorías de la relatividad y cosas por el estilo.

Albert Einstein, enormísimo cronopio.

Cuyo interés bibliotecario había comenzado en una visita a Ranganathan en la India. Se confundió de telefonillo (estaba escrito en sánscrito) y entró en casa de Tagore, que le ofreció un té. Einstein nunca supo de su error, según fuentes sánscritas.

¿Ustedes lo habrían notado?


5.7.07

Sobre si se liga o no se liga en las bibliotecas


Insistimos aquí sobre un asunto nunca del todo aclarado, por falta de pruebas fehacientes, pero que va saliendo a la palestra de cuando en cuando, en la tele, en los periódicos... sobre todo en verano, que parece que escasean las noticias, pero también a propósito de que es en verano cuando los periodistas van a las bibliotecas a ver gente estudiar (por aquéllo de los exámenes).

En enero del 2006 nos preguntábamos ¿Se liga en las bibliotecas? Hoy podemos afirmar que seguimos sin saberlo, aunque pruebas, haberlas, haylas. Y voy a darlas de forma confusa y desordenada, que es lo que más me gusta.

Por ejemplo, el otro día leíamos en el 20 minutos, que es uno de esos periódicos de mentirijillas que reparten gratis por la calle, la siguiente noticia:

290 máquina de condones en bibliotecas
Las bibliotecas son espacios donde los jóvenes van a menudo a estudiar cuándo no están en casa. También se han convertido en sitios de encuentro de este colectivo, donde se liga. Y también serán los puntos donde se instalarán más máquinas expendedoras de preservativos este 2007 y el próximo 2008.


Si la noticia es buena, los comentarios en el propio periódico (que no debe de aceptar más que trolls según se puede ver) son buenísmos:

GUARROS, queréis llevarnos a los jóvenes a la lujuria para que NOS OLVIDEMOS DE LOS PROBLEMAS. Es la vieja táctica de los políticos. Creen que con SEXO nos vamos a olvidar de los muertos del Líbano, de los pactos con la ETA, de la explotación capitalista, de la falta de libertades, etc. PUES LO LLEVÁIS CLARO, VICIOSOS. Voy a destrozar a patadas cada máquina que vea.

Lo que habría que hacer es cerrar las bibliotecas, esos centros de lujuria y desenfreno, o es que entre ... se leen un libro.

Bueno si las makinas las colocan en las bibliotecas se pueden caducar las gomas, en esos lugares donde se encuentran ratillas de biblioteca q no son capaces de apartar los ojos de unos apuntes o de un libro... tipo 9,99 selectividad....

Alguno se nota que no ha ido a una biblioteca en años. En cuanto se enteren lo que se liga en un biblioteca y con quién se liga no salían ni para comer.

no me jodas estas reprochando que si son las 12 de la noche que ssi buscas la farmacai de guardia??? no mejor te vas a la bibilioteca ?????estas zumbao????? no mejor que los pongan en las guarderias que los niños cada vez empiezan antes, joder que peña , los comprais de 1 en 1 o que no es mas facil comprar 12 o 24 ?????? dios a saber cada cuanto rellenan la makina ???? que gente que los vendad tambien con las coca colas que pongan un boton mas y listo

Pero lo que no sabemos en las bibliotecas es que si vendemos condones en los baños... ¿cómo decirlo? Vendemos chocolatinas en la máquina de vending de la entrada, y nos manchan de chocolate los libros. Pues eso. Y puede dar lugar a problemas como los que contaba el otro día un colega documenta-listo en su Re-pública:

¿Qué harías si, estando como una cuba, y mas calentorra/o que el té de la srta. Fletcher, te da por meterte con tu acompañante al servicio del bar a hacer la “caidita de roma” y el encargao del mismo te pilla in-fraganti?. Pues está claro, llamas tu misma/o a la policia y pides la hoja de reclamaciones por que no te dejan follar a gusto en el establecimiento. [Sigue una transcripción parsial de la hoja de reclamasiones] "Sin tener identeficadamente el servisios a los usuarios del estebesimiento del local delimitados sin son masculinos o feminos el encarcargado Jose Manuer Rodurdez […] supuso que manteniamoz relasiones, sin haberlo visto, y despuer de pagar nuestra deudas de copas quicimos que despues nos pusieran otras consummision y queriendo abonar las demas consumisiones que se negaron a ponernos …."

Otro problema que se puede uno encontrar es que a la superioridad competente le asuste el ligoteo más que un ataque preventivo de El Eje del Mal y anden a la caza del ligante como especie que debe ser combatida. En el año 2005 pudimos leer en el periódico la noticia de que una bibliotecaria de Harvard había denunciado a la Universidad, que bloqueaba sus posibilidades de promoción profesional porque decían que la chica era "demasiado sexy".
A Harvard University librarian claims in a lawsuit that she has been rejected repeatedly for promotion because she is black and is perceived as just a “pretty girl” whose attire was too “sexy.” (...) she “was seen merely as a pretty girl who wore sexy outfits, low cut blouses, and tight pants.”

Lo cual (lo visto en la noticia de Harvard, de la bibliotecaria demasiado sexy) es un aparente problema que, sin abogados ni zarandajas, han resuelto estupendamente los chicos de Frikitecaris en un comentario de hace pocos días:
Nadie discute que la bibliotecaria sea parte del mobiliario de la biblioteca, diferenciada de aquél por su escote y/o por su faldita. No obstante, esa aparente discreción no concuerda con la realidad: la bibliotecaria es el centro de todas las miradas. Así, no es de extrañar que todos quieran ligar con ese témpano de hielo bajo el que se esconde un torrente de fuego. Todos los hombres quisieran tener a alguien así a su lado, aunque es harto difícil dada la escasa sumisión de ella.
Comentario que nos lleva a pensar ¿nos estamos perdiendo algo? ¿No debe ser mejor explotada esta vena ligotecaria sexytorrencial e insumisa de los bibliotecarios y las bibliotecarias? ¿Puede o debe el atractivo personal -librarian chic- influir en el fluido desenvolvimiento de las funciones de éste que, humorística y muy acertadamente ha sido calificado como "el segundo oficio más antiguo del mundo"? ¿No podría el knowledge management descubir nuevos talentos para la interacción con los usuarios? ¿Eh? Pues sí, resulta que ya se le ha ocurrido a alguna red de bibliotecas, según nos informa (con grande cachondeo) mi colega y vecino de península, O Bibliotecario Anarquista:
[Aquí va la noticia]
Vienna’s City Hall has set up a “sex hotline” to raise money for the remodeling and expansion of this capital’s main public library. According to a news release, “Anne Bennent, a famous Austrian stage and film star, reads passages from Vienna library’s collection of 1,200 works of erotic fiction from the 18th, 19th and 20th centuries.” Apparently, each caller pays 53 cents per minute to listen to the actress’ sexy voice as she reads selections from the library’s “special” collection.

[Aquí la fantasía de OBA]
Os cortes orçamentais previstos para 2007 que obrigaram várias Bibliotecas da Rede de Leitura Pública a apertar o cinto estão a ser resolvidos com «medidas pontuais e inovadoras destinadas à obtenção de meios financeiros para fazer face à crise». É o caso do novo Serviço de Referência “SEXY HOT” Telefónico que irá ser inaugurado em breve por uma biblioteca pública que não quis revelar o nome. «A ideia é permitir ao utilizador que faz a pergunta de referência típica por telefone, do género, “que livros têm sobre o papel da Igreja em Portugal nos séculos XV e XVI?” não se limite a receber uma resposta monótona a reencaminhar para uma série de referências bibliográficas bastante aborrecidas, mas antes um sussurro erótico e tentador com um leve sotaque estrangeiro (da preferência do leitor) que o/a encaminhe particularmente excitado para a documentação pretendida. Prevê-se que com o custo das chamadas a 50 cêntimos, a referida biblioteca receba mais de 1200 pedidos de informação diária por telefone. Por último, fontes fidedignas ligadas ao Ministério da Cultura garantem que esta medida vai proporcionar à biblioteca em causa um ACRÉSCIMO NA RECEITA na ordem dos 240 000 € anuais e à LEITURA PÚBLICA um aumento na ordem dos 854%.
Y aunque esté mal el descuidar el tema del post, porque ya sé que no estoy hablando del ligoteo sino de la lubricidad sicalíptica usada para atraer usuarios y fondos (dinerarios, no bibliográficos) acabo casi con una foto que circula por ahí y yo encontré en el Flickr, y luego vuelvo a mi tema:

Eso. Termino el tema volviendo a lo de ligar, con un viejo post de Catorze sobre la elevación de hormonas en periodo de estudio y su incidencia en los hábitos de los usuarios de bibliotecas:
¿Creeis que es cierto que mucha gente va a la biblioteca a ligar? Mi opinión, siendo sincero, es que sí (y pondría esa motivación más adelante en la lista). Normalmente en esos días no se mueve ni un libro de la estanterías y, pudiendo estudiar en casa con los apuntes propios, qué puede mover a tantos estudiantes a desplazarse hasta un lugar lleno de gente que en muchos casos no deja de ir de aquí para allá? Pues quizá las ganas de eso mismo, de pavonearse y tirar la caña a ver si pica algúna trucha (o algún trucho, vamos).
Mentí. No he terminado. Me he acordado de otra cosa que leí el otro día en Sólo Otro Blog Infame, sobre la fauna de biblioteca (entre la que se encuentran El Funcionario, El Friki, el Relaciones Públicas o La Zorra):

La zorra es aquella persona que se presenta en la biblioteca con la única intención de ligar o calentar a quien pueda, ni más ni menos. Entra a eso de las 11 de la mañana gracias a que el relaciones públicas le tendrá preparado un sitio en que sentarse y comienza su espectáculo. La zorra no lleva apuntes, ni falta que le hace, eso da igual, lo único importante es presentarse perfectamente maquillada y perfumada, con modelito guay (chanclas y bermudas, para la versión masculina de zorra) y ya está. El día será completo. Lo único fundamental para ser una buena zorra de biblioteca es hablar y reírse mucho, y hacerlo de forma muy escandalosa, dar por culo cuanto más se pueda mejor, llevar tacones del número 8 en la escala Richter y correr mucho cada vez que les vibre el móvil para que todos vean que los lleva puestos.

Claro que con este look, quién va a ligar ¿no?
:-D

13.6.06

Operación bikini


He leído un bonito episodio ligotecario justo cuando estaba redactando mi post veraniego pre-vacacional: "Cómo intenté ligarme a la bibliotecaria pelirroja". Me ha venido al pelo, porque con esta moda de ahora de sacar las bibliotecas a las piscinas y a las playas se liga más, qué duda cabe. Ya sabéis cuál es mi política: no es que no me importe parecer frívolo, sino que soy frívolo sobre todo cuando trato de cosas serias, o tenidas por serias. Y las bibliotecas son, para la pequeña parte de la población española que ha oído alguna vez hablar de ellas, consideradas dentro del saco de las "cosas serias". Pero las bibliotecas -algunas bibliotecas públicas, quiero decir- se vuelven menos serias en verano. Ya lo decía Fernando Fernan-Gómez, "Las bibliotecas son para el verano" ¿no? Y se nota, de un tiempo a esta parte, en que algunas bibliotecas se refrescan y hacen su particular extensión bibliotecaria por el método de las bibliopiscinas o de las biblioplayeras.

Nos han enseñado que la extensión cultural en las bibliotecas son actividades como libro-forum, exposiciones, conciertos, clubes de lectura, talleres de narrativa... (actividades culturales dentro de las instalaciones de la biblioteca, y con sus medios) y que la extensión bibliotecaria es llevar la biblioteca y las actividades que le son propias fuera de las instalaciones de la biblioteca (bibliobus, préstamo colectivo, atención a domicilio, puntos de servicio de préstamo en lugares públicos como mercados, piscinas o playas...)

Osea que hoy vamos a hablar de un tema serio y sesudo, para que luego me llamen frívolo: vamos a hablar de una actividad de extensión bibliotecaria.

Había una vez una biblioteca, que en verano se extendía. Era un efecto del calor: en verano, con el calor, los cuerpos se dilatan, y se extienden. Los cuerpos de los bibliotecarios y de las bibliotecarias se dilatan por el calor, y se extienden: empiezan a aparecer pequeños pedazos de anatomía bibliotecaria que pasaron el invierno a cubierto y que salen a tomar el sol. Es por efecto de la dilatación. También se dilatan las bibliotecas: los libros no nos caben en los estantes, y los lectores no nos caben en las sillas, de modo que lo sacamos todo fuera, colonizamos el espacio exterior y de paso damos un servicio público de esos que luego salen en las noticias de la televisión local en la franja horaria de mediodía.

Incluso en las ciudades del interior y sin costa, como París, se pueden instalar biblioplayeras: en el caso de la foto de arriba, en las orillas del Sena, con orillas de arena artificial y con pinzas en las narices para aguantar el mal olor que -dicen- emana de tan romántico río. Para la foto se quitaron las pinzas, los muy chovinistas.

Esta otra foto es de la misma Francia, pero de un lugar de la costa (azul, supongo) donde se practica la biblioplayera. Y aquí sí que tenemos a la vista a las bibliotecarias: han reconvertido el famoso carrito del helao en especie de bibliobus playero, se han puesto de tirantes, y ¡hala! a esperar al personal. La chica que se ve en segundo plano es lo que se llama "el back office", siendo el carrito del helao "el front office". Y no me preguntéis por qué la foto sale en una revista con un texto en japonés, yo qué se.

Una vez, en Francia, se les fue de la mano eso de las bibliotecas en plan festivo a las orillas de los ríos o de los mares (la mer, la merde...) y la pusieron la biblioteca tan cerca del agua que los usuarios tenían que llegar en barca y cuando la marea estaba alta pues vale, pero cuando bajaba la marea ya véis cómo tenían que hacer para salir de la sala de lectura las señoras.

Y otra foto de Francia, de los muelles del Sena. Cómo se nota que aquí no hacía calorcito: se sospecha la bibliotecaria en la oscuridad de la caseta de la derecha, y parece un cura con sotana y alzacuellos. Pero fijaos en los pequeños elementos que nos revelan la existencia de una rancia tradición bibliotecaria: la palabra biblioteca escrita en 3 idiomas (dont l'espagnol aussi), atienden tanto a hombres como a mujeres, e incluso si los hombres se acercan al mostrador vestidos de pocero (y oliendo a bacinilla pourtant); pero observen cómo el caballero pocero se quita el sombrero. Savoir-faire...


Y en España pues que también hacemos cosas de estas, ahora. Y como calor hace más, pues las cosas se dilatan más (por ejemplo, el verano se dilata hasta septiembre, y si no apruebas en septiembre la carrera se dilata un año entero) y las bibliotecas se extienden más por el término municipal playero o por los alrededores de la piscina pública. Esta foto de arriba por ejemplo es de un bibliotecario (con gorra) impartiendo una charla de formación de usuarios sobre localización de tebeos en las estanterías a un grupo de niños (sin gorra) totalmente desinhibidos. Se protegen del sol por una carpa, luego sale en otras fotos.


Véase un modelo de carpa biblioplayera. Imaginarse la calor que debe de hacer ahí dentro: cante a sudor, a pieles engrasadas de coppertone, a bocadillo de anchoas matutino, encima del humo de los coches (pegaítos a la carpa, obsérves el extremo izquiero de la foto). Lo de la silla infantil en la puerta no lo entiendo ¿otra vez el front-office?

Otra carpa biblioplayera: esta vez de diseño, del Ayuntamiento de Benidorm. Tiene un aire entre pecera de vidrio y tienda bereber del Sáhara. No, si el diseño mola, pero de la definición carrionana de biblioteca ("colección de libros debidamente organizada para su uso") como que echo de menos que tuviera algún librejo y alguna que otra estantería donde colocarlo. Por lo demás, es guay.


Esta, en serio: en Peñaranda de Bracamonte (Salamanca), municipio ejemplarmente bibliotecario por obra de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez, se instala en verano esta bibliopiscina. Creo que han dado en el clavo: de lejos parece un chiringuito de cervezas y aceitunas; te acercas (sin gafas) y descubres que lo que tienen son libros, revistas, tebeos. Te sientas en una mesa, bajo el parasol, y lees. La pregunta es ¿acompañado de una cervecita? La combinación es ideal y la disposición de las instalaciones invita.

Ahora van tres imágenes de más bibliopiscinas o biblioplayeras españolas: no las puedo ir comentando una por una que tengo otras fotos y se me acaba la inventiva. Ahí va la ristra:


Bien. Ahora pasemos a otro tema: posibilidades que nos da lo de la biblioteca en combinación con la piscina, o los libros en combinación con la arena de la playa. Vamos a ver otra serie de imágenes que quiero compartir:



Por ejemplo, este libro. Se llama "La biblioteca de la piscina" y por eso me lo ofrecen los buscadores de imágenes cuando ando detrás de imágenes de bibliotecas en las piscinas. ¿Alguien lo ha leído? ¿Sabé el por qué del título? Yo no.

Luego está esta: se trata de la "State Library of Western Australia Swimming Pool". O sea, no es que tengan un lago decorativo en la puerta de la biblioteca, ni que haya una piscina pública cerca de la biblioteca pública, o que compartan instalaciones. No. Es la Piscina de la Biblioteca Pública de Australia del Oeste. Obsérvese una señora nadando, con gorrito. Se ve poco. La biblioteca será grande, pero la piscina sí que es tocha. En Australia en realidad todo debe de ser, según dicen, desmesurado.

Y esta es para darnos la razón en lo de que las bibliotecas son para el verano, igual que las bicicletas son para el verano. Ergo, las bibliotecas y las bicicletas se usan al mismo tiempo. Aquí tenemos el caso de la Biblioteca Pública de la Larga Playa: la playa es tan larga que la gente se desplaza en bicicleta para llegar a la biblioteca. El señor del sombrero negro y las gafas oscuras es el aparcacoches. En Miami están que lo tiran.

En Chicago en cambio los puestos de lectura de la biblioteca pública en los meses estivales tienen este aspecto tan fino y elegante: tumbona tapizada de rayas marineras, sombrilla de color alegre, visera para el sol. Todo el mundo tiene un aspecto feliz, el avión vuela despacio, el rascacielos junto a la costa no ofende a nadie, hay sitio de sobra, los niños no salpican de arena, el sol calienta pero no quema las piernecillas de la lectora, que asoman fuera de la sombrilla, en sus cautos shorts.

Y estas son las bibliotecarias de Chicago, en verano. De izquierda a derecha son Sally, Molly, Peggie, Susie, Kathy, Julie y Dolly. Son las antecesoras, evidentemente, de las Maruja's Corner. Los científicos del Chicago Center of Advanced Studies of Microglasses diseñaron para ellas unas lentillas especiales, para que se quitaran las gafas en verano, y los del Illinois Institute of Summer Microwear les diseñaron los bikinis, probablemente primicia mundial en el ámbito bibliotecario.

En el mismo Chicago se encotraba la hoy desaparecida "Public Library and Fitness Center in Downtown", que fue derruida para levantar un nudo de autopistas. Era otro caso de biblioteca con piscina dentro, en este caso piscina cubierta. Cuando se cerraba la biblioteca, a las 8, los bibliotecarios se bañaban in puribus. Aquí en la foto Roger que se tira al agua y Manfred que espera en el trampolín.



Y para no salirnos de los Estados Unidos, aquí ofrezco una imagen submarina de la biblioteca sumergida de Nueva Orleans, cuando el diluvio.


En bibliotecas se secano, como en Hellín, Tomelloso, Ajofrín o Candelario se pueden programar en las bibliotecas públicas actividades acuáticas fingidas. Por ejemplo en esta los niños fingen que están pescando peces en el lago inexistente, cuando en realidad es algo así como una ginkana (o como leches se escriba) literaria. Otra idea de secano puede ser poner barreños con agua cerca de las estanterías, anunciar el cierre por megafonía con música hawaiana, o poner el mechero encendido en un sprinkler para que salte el riego anti-incendios.

En cuanto a la playa, lo de prestar libros de la biblioteca cerca o en la misma playa tiene sus riesgos, como que te los pringuen de coppertone o de helado, que te los llenen de arena o te los mojen de agua salada, pero también tiene sus maravillas. He aquí, en la foto de más arriba, una de ellas: en 2004 el niño Charles Clifford Brown, de 11 años, viajaba con sus padres en verano por el sur de Inglaterra, y vieron, cómo no, un bonito atardecer desde las praderas de Stonehenge. La mañana siguiente partieron para Brighton, donde se alojaron en un hotel playero. Charlie se levantó temprano, acudió a la Biblioteca Pública de Brighton (junto al Circo) y sacó prestadas todas las obras que pudo sobre megalitos, celtas, cultos solares, arqueología y levantamiento de pesas; fue a la playa, buscó un lugar adecuado, y reprodujo para asombro de propios y extraños este bonito círculo megalítico-librario, que fue fotografiado por la bibliotecaria antes de reprender a su joven usuario por el maltrato a los libros. Pero luego la bibliotecaria se quedó pensando si no habría hecho mal...

Y para terminar, unas series de fotos que en realidad ya he publicado aquí otras veces, pero qué le vamos a hacer. Se trata, en primer lugar, de bibliotecarios y bibliotecarias en bañador (o similar). Son estas:





Y la última ristra: lectoras leyendo en la playa o en la piscina. Todas las publiqué en lo de Reading is sexy, ya sé. Y ya sé que son todo chicas. Si no te interesa volver a verlas, con no seguir leyendo, ya está. Pero como resulta que he notado, ya lo comenté, que cuando cuelgo fotos de chicas ligeritas de ropa tengo más visitas a mi bitácora, pues vuelvo por las andadas y aumento las estadísticas.















¡Hala, a disfrutar! Yo me voy a la playa.
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