Se han dicho muchas tonterías sobre la imagen social del bibliotecario. Más sobre la bibliotecaria. Y sobre todo se han dicho en inglés. Yo voy a decir una cuantas tonterías más, en español, pero sobre todo voy a intentar colgar fotos que reflejan nuestro lado más extraño.
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19.7.07

A Hipper Crowd of Sushers


Que viene a significar algo así como "Una panda guay que chista", siendo "to sush" mandar callar haciendo así con el dedo en la boca, osea chistar, "crowd" multitud o grupo grande de personas, y "hipper", que está en la onda, que mola, que es guay. Viene el título de un reciente artículo del New York Times (¡ojo! en las páginas Fashion & Style) sobre un grupo de bibliotecarios que les ha llamado la atención, por eso mismo, por su fashion y su style:

Librarians? Aren’t they supposed to be bespectacled women with a love of classic books and a perpetual annoyance with talkative patrons — the ultimate humorless shushers? Not any more. With so much of the job involving technology and with a focus now on finding and sharing information beyond just what is available in books, a new type of librarian is emerging — the kind that, according to the Web site Librarian Avengers, is “looking to put the ‘hep cat’ in cataloguing.”

Traduzco comme il faut: ¿Pero cómo que bibliotecarios, esos seres gafosos y malhumorados siempre mandando callar? ¡Venga ya! No me digas que por el sólo hecho de que ahora tocan teclas van a ser distintos, hombre, por mucho que ahora digan que le ponen al gato el cascabel 2.0...

Nos cuenta el NY Times la experiencia de entrar en un local "de moda" (trendy), el Daddy's de Brooklyn, y encontrar un grupo de gente muy "cool" que, atención, piden sus copas en un idioma secreto: el Dewey.
With their thrift-store inspired clothes and abundant tattoos, they looked as if they could be filmmakers, Web designers, coffee shop purveyors or artists. When talk turned to a dance party the group had recently given at a nearby restaurant, their profession became clearer.[LIBRARIANS] “Did you try the special drinks? (...) the drink was numbered and the guests had to guess the name. “613.96 C[ojo al número, pincha, pincha]

Traduzco
como me place: ahora llevan camisetas con mensaje profundo y van de bares, como todo el mundo por otra parte, pero allí piden las copas en un lenguaje propio llamado CDU en el que, por ejemplo, un Cuba Libre se llama 338(729.1)

Now, there is a public librarian who writes dispatches for McSweeney’s Internet Tendency, a favored magazine of the young literati. “Unshelved,” a comic about librarians — yes, there is a comic about librarians — features a hipster librarian character. And, in real life, there are an increasing number of librarians who are notable not just for their pink-streaked hair but also for their passion for pop culture, activism and technology. “We’re not the typical librarians anymore”

Traduzco: que dice que hay tebeos sobre bibliotecarios, que hay bibliotecarios que influyen en la gente, y que ya no somos lo mismo gracias a la cultura pop, el activismo y la tecnología.
Why are people getting into this profession when libraries seem as retro as the granny glasses so many of the members of the Desk Set wear? “Because it’s cool” (...) How did such a nerdy profession become cool — aside from the fact that a certain amount of nerdiness is now cool? Many young librarians and library professors said that the work is no longer just about books but also about organizing and connecting people with information, including music and movies.

Traduzco: ser bibliotecario MOLA MAZO.

Ms. Campbell added that she became a librarian because it “combined a geeky intellectualism” with information technology skills and social activism.
También en el New York Sun pudimos leer la historia de los bibliotecarios más cool que organizaron una fiesta con cócteles clasificados según el Dewey Decimal System:
"Prepare to be shushed!" read the announcement for the event, at which the reference desk revelers downed cocktails with Dewey Decimal numbers instead of names. (...) "Guybrarians" were also in evidence. A private tutor, Orion Taraban, confided that librarians were "reserved" but "secretly passionate." An archivist at the YIVO Institute for Jewish Research, Jesse Cohen, said it was a good sign that the librarians were difficult to distinguish from the neighborhood denizens packing the bar.

Eso para que luego digan que los bibliotecarios nunca salimos en las noticias. O como dice esta otra señora del Huffington Post: Librarians Rarely Make the News. La autora nos revela algo interesantísimo: resulta que el reportaje del NY Times al que hacemos referencia todo el tiempo, no pasó desapercibido para nadie:
The article, featured in the Sunday fashion and style section remains, two days later, the most emailed article on the New York Times website, and the seventh most-blogged. Here's the big story: Librarians aren't all old. And some of them are downright cool and fun to be around.
Nos muestra la cara crítica de este reportaje: las críticas que ha leído en los posts de diversas bitácoras, y ofrece esta conclusión personal:
As a profession, I don't think librarians care if the public thinks we're cool: We just want the people we work for to know what exactly it is that we do. For all its emphasis on hipster librarians as another example of nerdy chic, the article's title perpetuates that most outdated image of librarians -- the Shusher -- implying that while these new young professionals might be trendy and -- dare I say it -- sexy, they are still fussy librarians who want to keep it quiet.

Traduzco on my way: a la postre artículos como este sólo llaman la atención a los bibliotecarios, que somos los que lo leemos y comentamos sin caer en que estamos perpetuando el estereotipo de la bibliotecaria rancia y a lo mejor la idea de que para mejorar debería ser más, digamos, sexy.

Pero hay otra cara de la noticia, digo, voy a dar otra noticia por la cara: Los bibliotecarios hacen algo más que mandar callar. Recomiendo la atenta lectura del artículo, porque hace referencia a una película llamada Hollywood Librarian, en la que tiene algo que ver la bibliotecaria Ann Seidl, autora de la página web del mismo nombre.

WASHINGTON — Men in tuxes and women in gowns smartly walk the red carpet at the Washington Convention Center, to the "woo-hoo!" of adoring fans. A cameraman records the procession; photographers angle for close-ups. One carpet-walker, a woman in blue sequins, strikes a come-hither pose, and a security guard taps a spectator on the shoulder. "Are they famous?" he asks. "No," she replies. "They're librarians."

Aquí va un trailer de la película, en YouTube:





Y toda esta monserga me ha venido a la cabeza, dolorida, porque llevamos oyendo desde las 9 de la mañana a un gaitero tocando la gaita en la Biblioteca. En serio. Si dejar pasar a un gaitero a tocar la gaita en la Biblioteca no es el paradigma del cambio de paradigma bibliotecario, del nuevo rol social de las bibliotecas, de la Biblioteca 2.0 y de la eslasticidad y multifuncionalidad de los espacios bibliotecarios... que baje San Lorenzo y lo vea.

¡Hala, a disfrutar!

2.3.07

Señalética bibliotecaria


"Señalética es la parte de la ciencia de la comunicación visual encargada de estudiar las relaciones funcionales entre los signos de orientación en el espacio y los comportamientos de los individuos" (...) "A diferencia de la señalización, el sistema de mensajes señaléticos no se impone, no pretende persuadir, convencer, inducir o influir en las decisiones de acción de los individuos, sino que, por el contrario, sirve a éstos para orientarse, es decir, para que cada uno se guíe por sí mismo en función de sus intereses y necesidades particulares y, en ciertos casos, no dañe a terceros".

"In a successfully planned library interior, all the design elements work together in harmony to provide a functional, convenient and attractive building. If any of the feature of the library is ignored in planning an integrated design, the overall success of the library will suffer. Unfortunately, one area that is sometimes ignored or left out of the budget in small library projects is a sign system. The result is the tacking-on of homemade or uncoordinated signs that detract from other successfully designed elements of a new or renovated library interior".


Traigo a colación estas dos citas después de haber leído un largo post de mi colega "The Well Dressed Librarian: of course is cashmere" en el que hace observaciones agudas unas y llanas otras sobre la señales que ponemos en las bibliotecas. Comoquiera que esto forma parte de La Imagen Social del Bibliotecario, y que ya escribí antes sobre el tema en un monográfico sobre las maneras de mandar callar, y que me gusta traducir del inglés AMDG, pues os voy a poner aquí algunas de las cosas que este hombre dice, no sin gracia. Las ilustro con ejemplos tomados de la vida misma, osea del Flickr. Véase:

¿Es necesario poner encima de la fotocopiadora un cartel que diga "fotocopiadora", más un rótulo en braille que diga "fotocopiadora"? Miremos por nuestras bibliotecas y nos encontraremos multitud de objetos señalados por su nombre a pesar de su evidencia. Veamos una fotos de este error:

¿No estaba claro que se trata de unas escaleras?

No es lo mismo que hacen en este grandísimo mostrador de préstamo de la grandísima biblioteca pública de Seattle, que está rotulado así:

En otra biblioteca, no diré dónde pero sí que no es Seattle, encontró un fotógrafo meticón esta imagen de señalización ociosa, por lo evidente:

"Elije un color, no un arco iris, para tus rótulos. Ni el rojo mete más prisa a los usuarios ni el verde te hace parecer más ecológico."


Este lo dejo en inglés, que es mejor: Use their terminology - not yours. "ASK HERE" means more than "REFERENCE".

"No sature de carteles una misma zona. No se leen más por estar juntos. No convierta una puerta o una pared en un tablón de anuncios. Y sobre todo, bajo ningún concepto pegue cartelitos caseros con cinta adhesiva".


"No importa cuántos carteles pongas prohibiendo o restringiendo el uso de los móviles en la biblioteca. Seguirán usándolos o, en el mejor de los casos, preguntándote dónde está la zona de habladores" (como la zona de fumadores, vaya).


"Los signos o señales deben adaptarse a los estándares internacionales y al mismo tiempo buscar la identificación con sus usuarios reales". Para entender esta máxima, propongo como acertijo adivinar cuáles de estas imágenes abstractas que muestro a continuación están tomadas en la India:




"Hay infinitas maneras de simbolizar el silencio". Esto no es un verso de un poema zen, sino una verdad bibliotecaria de la que, insisto, ya se habló en otra parte. Ahora muestro algunas señales, signos, símbolos, como se llamen:



"Diseñe un sistema organizado de símbolos". Muestro tres ejemplos de catálogos de signos y ya me callo y me marcho:

Lo dicho: me marcho, pero no sin una cita de Les Luthiers. Mi papá me contó: "Hijo mío, en esta vida hay dos palabras que te abrirán puertas. Son TIRE y EMPUJE."

16.2.06

Maneras de mandar callar


Acaba el periodo de exámenes y con él la Campaña de Silencio que tratamos de llevar a cabo en la Biblioteca. En serio: el silencio aquí va por campañas, como las rebajas en El Corte Inglés, o las batallas en la Guerra de los Treinta Años. Hemos hecho algunas encuestas al final, preguntando, entre otras cosas, si les parece que los bibliotecarios debemos "hacer mantener un ambiente de silencio y respeto a las normas" (sic): 1 de 50 dice que no, que la gente se "autocontrola". Supongo que eso quiere decir que hacen tanto ruido como un automóvil ;-)

El pasado diciembre hubo en Iwetel un pequeño debate sobre la necesidad o no del silencio en las bibliotecas, y de los instrumentos para imponerlo. Rescato algunas frases sin citar al autor ¿vale?:

"Se permite hablar para estudiar, pero en un tono de voz que no moleste a los demás. No se permite hablar de pelis, zapatos, coches, fútbol, la nena o el nene de mi urbanización que está cañón... Cuando el murmullo prentede alcanzar un nivel de "pandemonium", utilizamos un método de llamada gradual de atención: primero, el spray (CHISSSSSSS), luego los avisos como en el futbol (qué gracia, también lo usan otros colegas) que consisten en amonestación verbal (nos acercamos a la mesa, nos ponemos cerquita del infractor reincidente, y le decimos bajito "si sigues así, te vas a tener que ir, al bar como muy cerca"), luego la tarjeta amarilla (nos volvemos a acercar, con cara de pocos amigos, y bajito otra vez "a la próxima te piras"), y tarjeta roja (muchas veces no lo decimos en bajito, sino que ya la crispación nos invade y halaaaaaaa). Mi compañera, en vez del spray, utiliza la "mirada asesina personalizada por encima del mostrador", y ya sabe el menda lo que hay. En casi todas las ocasiones, basta con el primer paso (spray o mirada)".

Me encanta. En serio. Lo de la mirada asesina me recuerda a mis queridas "Maruja's Corner" (más que un consorcio, un lobby bibliotecario).

En la otra mano, hoy he leído en el Chicago Sun-Times esto otro (los subrayados son míos):

No talking! That means you!

Mrs. Beers is long dead. But she haunts me still. She was the librarian at my high school, and a more sour-faced woman cannot be imagined. Mrs. Beers hated me, hated my rather, um, casual approach toward library rules, particularly those involving talking. To this day, if I raise my voice above a whisper in a library, I can almost feel her creeping up behind me to dig those fingernails into my shoulder.

Since then I have had a mixed experience with librarians. I've met good ones, librarians who got so excited about what I was working on that they continued to send materials related to my research, unbidden (I believe I fell in love, in a chaste, academic kind of way, with a librarian at the John F. Kennedy Library in Boston. She was so ... damn ... helpful).

And librarians of the other sort. Librarians to whom I had to explain inter-library loan as though it were an unfamiliar concept, and then bully them to let me use it. Librarians who could look down at my darling boys, eagerly pushing their books across the counter, with dull gazes of bovine indifference. Who seem to view their primary purpose as to keep you from getting your filthy hands on their books.

That second kind of librarian, sadly, seems in the majority. Thus it is unsettling to learn, via the Daily Southtown, that the Crestwood Library Board has issued themselves police badges, complete with official-looking leather holders, for purposes they will not reveal but we can imagine: to further browbeat, hector, harangue and intimidate those of us compelled to use their services.

I would think spending my days among books would be glorious. But like the blind eunuchs guarding harems, they are indifferent to the wonders in their care. Badges are the last things they need.

Bueno, pues esos son los dos textos para enfrentar. Me gusta más el de Iwetel, pero es porque está escrito por un bibliotecario y yo soy bibliotecario, y de los que mandan callar, o hablár más bajo, o al menos dejar de gritar. Pero me llama la atención la inquina con que el periodista americano recuerda a la pobre señora de la biblioteca de su instituto, y que encima nos diga que la mayoría de los bibliotecarios son como ella (o como él recuerda que era ella). ¡Señores, señoras, seriedad! Ejemplos de caras más amables los tenemos extraordinariamente ilustrados en este blog, sin falsa modestia; y en cuanto a las bibliotecarias de instituto, mejor les iría si hicieran como nosotros: no tengan bibliotecas de instituto.

Vale.

Hace un tiempo me encargaron diseñar algunos carteles para la campaña de silencio, y aunque no los voy a colgar aquí todavía, me apetece, por volver a nuestros fueros de "La imagen social del bibliotecario", mostraros algunas de las imágenes que encontré en la red sobre el mandar callar: algunas son de enfermeras, casi ninguna es de bibliotecarios ni de bibliotecarias ¡lastima!, pero muchas tienen ese toque glamouroso retro ye-yé que habréis notado tanto me gusta.

Ahí va una ristra:





























¿Os gustaron?

Pues ahí va la última:


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