
Los colegas de las Bibliotecas Públicas Municipales de Madrid han lanzado una nueva cosa, no sabría si calificarla de producto o de servicio, pero la cosa es que la han lanzado: se trata de EL LANZAMIENTO, un juego en el que el participante (joven estudiante) debe colocar los libros que ha estado consultando en los carritos habilitados al efecto. Ya sabemos que es una máxima bibliotecaria: libro mal colocado, libro perdido. Pero eso ponemos cartelitos en las baldas diciendo eso de "deja en el carrito los libros que hayas consultado". Pero esto es mucho mejor, porque lo que se propone al jugador no es que los deje en el carrito, sino que los arroje al carrito, y desde una considerable distancia (a veces toda la sala de lectura).
Vamos a verlo:
El ambiente bibliotecario que nos presenta el jueguecito está repleto de referencias clásicas, además del ambiente sosegado y en realidad solitario en que el esforzado lanzalibros desarrolla su deporte. Fijémonos en la postura del lanzamiento, por ejemplo:


El modelo clásico es evidente. Los bibliotecarios siempre hemos preferido una mala obra clásica que un prometedor bestseller oportunista. Antes Tucídides que Pérez Reverte, por decir algo. Y no quiero decir con esto que Tucídides sea malo, que conste.
Cuando marras el disparo, o fallas el tiro, el jovencito lanzador parece que saluda "a la romana", pero en realidad lo que hace es taparse la cara en un acto de vergüenza:

De modo que seguimos el modelo clásico intemporal, el que no caduca, el que admite eternas relecturas. De nuevo se ve la huella del bibliotecario, que prefiere el clásico renovado y actualizado antes que la anticuada "rabiosa actualidad". Por ejemplo, antes The Times que News of the World. ¿Cuántas de nuestras bibliotecas están suscritas a una u otra publicación? Pues eso.
Terminamos con el comentario al ambiente creado para el lanzamiento de libros:

¿Qué nos llama la atención sobre todo? La silla "avispa" de Arno Jacobsen, clasico entre los clásicos del Siglo XX. De nuevo el bibliotecario clasicista, que elige un modelo testado por miles, seguramente cientos de miles de culos, antes que un modelo postmoderno como el que aquí se muestra, que no recomiendo para bibliotecas, ni para los culos de sus usuarios. He dicho.
Vamos a verlo:
El ambiente bibliotecario que nos presenta el jueguecito está repleto de referencias clásicas, además del ambiente sosegado y en realidad solitario en que el esforzado lanzalibros desarrolla su deporte. Fijémonos en la postura del lanzamiento, por ejemplo:

El modelo clásico es evidente. Los bibliotecarios siempre hemos preferido una mala obra clásica que un prometedor bestseller oportunista. Antes Tucídides que Pérez Reverte, por decir algo. Y no quiero decir con esto que Tucídides sea malo, que conste.
Cuando marras el disparo, o fallas el tiro, el jovencito lanzador parece que saluda "a la romana", pero en realidad lo que hace es taparse la cara en un acto de vergüenza:

De modo que seguimos el modelo clásico intemporal, el que no caduca, el que admite eternas relecturas. De nuevo se ve la huella del bibliotecario, que prefiere el clásico renovado y actualizado antes que la anticuada "rabiosa actualidad". Por ejemplo, antes The Times que News of the World. ¿Cuántas de nuestras bibliotecas están suscritas a una u otra publicación? Pues eso.Terminamos con el comentario al ambiente creado para el lanzamiento de libros:

¿Qué nos llama la atención sobre todo? La silla "avispa" de Arno Jacobsen, clasico entre los clásicos del Siglo XX. De nuevo el bibliotecario clasicista, que elige un modelo testado por miles, seguramente cientos de miles de culos, antes que un modelo postmoderno como el que aquí se muestra, que no recomiendo para bibliotecas, ni para los culos de sus usuarios. He dicho.
